Bibliografía

Álvarez, R. (2013). Economía Budista: una aproximación espiritual a los asuntos económicos. Revista digital United Explanations, 13/09/2013. Consultada el 6 de junio de 2018 en: http://www.unitedexplanations.org/2013/09/13/economia-budista-una-aproximacion-espiritual-a-los-asuntos-economicos/

Amorós, M. (2017). Las trampas de la economía social. En Sandoval, R. (coord.), “Pueblos indígenas. Creación de autonomía y revolución”. México: Cátedra Interinstitucional Universidad de Guadalajara-CIESAS-Jorge Alonso, pp. 219-226.

Arcos, A. (2017). Modelos de Comercio y Consumo Justos y transformadores en lo Local y en lo Global. Ponencia presentada en el Coloquio Internacional “EL FUTURO DE LA ALIMENTACIÓN Y RETOS DE LA AGRICULTURA PARA EL SIGLO XXI: Debates sobre quién, cómo y con qué Implicaciones sociales, económicas y ecológicas alimentará el mundo”. Consultado el 26 de abril de 2018 en: https://www.iss.nl/sites/corporate/files/26_Arcos.pdf

Askunze, C. (2013). Más allá del capitalismo: alternativas desde la Economía Solidaria. España: Revista Documentación Social 168. Pp. 97-116. Consultado el 9 de mayo de 2018 en:https://www.economiasolidaria.org/sites/default/files/economia_solidaria_askunze.pdf

Asociación Federal Española para el Fomento de la Economía del Bien Común AFEF/EBC. (2018). Página web consultada el 7 de mayo de 2018 en: www.economiadelbiencomun.org

Atutxa, E. y Zubero, I. (2016). LA CONTRIBUCIÓN DEL COMÚN A LOS MOVIMIENTOS SOCIALES Y SU INTERACCIÓN CON LO PÚBLICO, LO PRIVADO Y LO SOCIAL. Consultado el 9 de noviembre de 2018 en: file:///D:/A%20ECOSOL/ATUXTA%20Y%20ZUBERO%20LO%20COMUN%20Y%20MS.pdf

Blasco, L. (2019). Qué es el “oscuro” capitalismo de la vigilancia de Facebook y Google y por qué lo comparan con la conquista española. BBC News Mundo, 1 marzo 2019. Consultado el 05 de marzo de 2019 en: https://www.bbc.com/mundo/noticias-47372336?fbclid=IwAR2x5G-3xUg-7YiEx35vqpKkAU6VEybK-dDJ2RO0kzxngkB440CNyXnKclU

Boff, L. (2018). Rescatar la democracia mínima, contra el “Estado pos-democrático”. Brasil: Revista Koinonía, 27 de agosto de 2018. Consultado el 28 de agosto de 2018 en: http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=901

Boff, L. (2010). La Madre Tierra como sujeto de Dignidad y de Derechos. Recovered from: https://systemicalternatives.org/2014/02/13/la-madre-tierra-como-sujeto-de-dignidad-y-de-derechos/

Botsman, R. y Rogers, R. (2010). What’s Mine Is Yours: The Rise of Collaborative Consumption. HARPERBUSINESS, 2010.

Bowls, S., Boyd, R., Fehr, E. and Gintis, H. (2005). Moral Sentiments and Material Interests: The Foundations of Cooperation in Economic Life. MA: MIT Press.

Buitrago, F. y Duque, I. (2013). La Economía Naranja. Washington: BID. Consultado el 28 de mayo de 2018 en:  https://publications.iadb.org/bitstream/handle/11319/3659/La%20economia%20naranja%3a%20Una%20oportunidad%20infinita.pdf?sequence=4&isAllowed=y

Bullough, O. (2018). Moneylandia. Cómo los especuladores comenzaron a gobernar el mundo. Nueva Sociedad No 278, noviembre-diciembre de 2018, ISSN: 0251-3552, <www.nuso.org>

Cabrera, A.L. (2016). La responsabilidad social empresarial de grandes multinacionales estadounidenses en México y su adaptación local desde la perspectiva institucional. México: Revista de El Colegio de San Luis, Nueva época, año VI, número 12, julio a diciembre de 2016, El Colegio de San Luis. Consultado el 23 de mayo de 2018 en: http://ojs.colsan.edu.mx/index.php/COLSAN/article/view/626

Caillé, A. (2003). “Sur les Concepts en general et solidaire en particulier”. Paris: L’alteréconomie, Reve de Mauss N° 21, pp. 215 – 236. Recovered from: http://www.cairn.info/revue-du-mauss-2003-1-page-215.htm

Cañal, M. del P. y Lozano, J.L. (2010).  Experiencias Internacionales de Mercado Social: “Compartiendas. Red comercial con moneda social”. Fundación Ahora, A.C. Red EcoSol (Aguascalientes, México). XV Jornadas de Economía Solidaria. Miércoles 9 de Junio 2010. Consultado el 11 de mayo de 2018 en:  https://www.economiasolidaria.org/sites/default/files/Compartiendas.pdf

Cañigueral, A. (2014). Los Retos de La Economía Colaborativa. España: ECONOMÍA EN COLABORACIÓN. Economistas Sin Fronteras, Dossieres EsF Nº 12, enero de 2014.

Capra, F. (1998). La trama de la vida. Una nueva perspectiva de los sistemas vivos. Barcelona, Editorial Anagrama, S.A.

Carmona, D. (2003). Entropía, caos y orden.  En “Fractal Attraction”. Tesis profesional, Capítulo 1. Consultado el 04 de julio de 2018 en: http://catarina.udlap.mx/u_dl_a/tales/documentos/lap/carmona_c_dc/capitulo1.pdf

Carrizosa, J. (2017). Complejidad, Ecología y Política en América Latina (pp. 289.296). En Alimonda, H., Toro, C. y Martín, F. (Coord.), Ecología política latinoamericana, VOL. II. Pensamiento crítico, diferencia latinoamericana y rearticulación epistémica. 1a ed . – Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO; México: Universidad Autónoma Metropolitana; Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Ciccus, 2017.    Libro digital, PDF – (Grupos de trabajo)

Castañeda, N., Guido, S. y Medina, F. (2012). Cooperativas pesqueras exitosas en Sinaloa: Lecciones para aprender y compartir. México: The Walton Family Foundation, Conselva, Costas y Comunidades, A. C., Universidad Autónoma de Sinaloa, Comisión Nacional de Pesca y Acuacultura. Primera edición.

Castiñeira, A. (2019). Las tendencias que determinarán una nueva economía a partir de 2030. Forbes México, febrero 11, 2019, Uriel Naum. Consultado el 05 de marzo de 2019 en: https://www.forbes.com.mx/las-tendencias-que-determinaran-una-nueva-economia-a-partir-de-2030/

Ceccon, B. y Ceccon, E. (2010). La red del Comercio Justo y sus principales actores.  Investigaciones Geográficas, Boletín del Instituto de Geografía, UNAM ISSN 0188-4611, Núm. 71, 2010, pp. 88-101. Consultado el 26 de abril de 2018 en: http://www.redalyc.org/pdf/569/56919172008.pdf

Cendejas, J.M. y González, M.A. (2010). Experiencias de Economía Social en Michoacán ¿Una respuesta al desarrollo que no llegó? Otra Economía – Volumen IV – Nº 7 – 2º Semestre/2010 – ISSN 1851-4715 -www.riless.org/otraeconomia

CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos). (2015). Indígenas, comunidades afrodescendientes y recursos naturales: protección de derechos humanos en el contexto de actividades de extracción, explotación y desarrollo. OEA, Ser.L/V/II. Doc. 47/15 31 diciembre 2015. Consultado el 23 de mayo de 2018 en: http://www.oas.org/es/cidh/informes/pdfs/IndustriasExtractivas2016.pdf

Codina, V. (2018). El exilio de Dios. Cristianisme i Justícia, 23 noviembre 2018. Recuperado el 4 de diciembre de 2018 en: http://blog.cristianismeijusticia.net/2018/11/23/lluis-duch-el-exilio-de-dios

Coraggio, J.L. (2013). Las tres corrientes de pensamiento y acción dentro del campo de la economía social y solidaria. R. B. Estudos Urbanos E Regionais V.15, N.2 / Novembro 2013, 15.

Coraggio, J.L. (2009). El rol de la economía social y solidaria en la estrategia de inclusión social. México: DECISIO, mayo-agosto 2011, núm. 29, pp. 13-31, 23-31. Consultado el 14 de mayo de 2018 en:  http://decisio.crefal.edu.mx

Crespo, B. y Sabín, F. (2014).  Los mercados sociales. La economía solidaria en acción transformadora. España: Revista Documentación social 174, pp. 95-116. Consultado el 11 de mayo de 2018 en: http://www.socioeco.org/bdf_fiche-document-4037_es.html

Díaz, G. (2018). Buds in the capitalist desert. Emerging socio-economic forms that are changing the world. Inédito y en proceso de publicación.

Díaz, G. (2015). “Economías solidarias en América Latina”. Guadalajara, México: ITESO.

Dierckxsens, W. y Formento, W. (2019). La Situación Geopolítica a partir de Abril-2019. Consulta realizada el 25 de abril de 2019 en: http://deicr.org/+articulo-analisis-la-situacion+?fbclid=IwAR3igybDdTHxGH6mO3LZ-2_0kvOFro08Dugg6aNFv_nI_cpG25X5lwuTeKc

Dussel, E. (2005). Transmodernidad e interculturalidad (interpretación desde la filosofía de la liberación). México: Universidad Nacional Autónoma de México.

Echeverría, B. (2014). El valor de uso: ontología y semiótica. Valor de uso y utopía. México:  Edit. Siglo XXI.

Escobar, A. (2016). Autonomía y diseño: La realización de lo comunal. Popayán: Universidad del Cauca. Sello Editorial, 2016.

ETC Group (2009). ¿Quién nos alimentará? Preguntas sobre las crisis alimentaria y climática. Communiqué, Número 102, noviembre 2009. Consultado el 18 de febrero de 2019 en:  http://www.etcgroup.org/es/quien_alimentara.              

FAIRTRADE (2015). Reporte anual 2015. Consultado el 25 de mayo de 2018 en: https://annualreport15-16.fairtrade.net/es/about/.

Fernández, J.L. (2017). ¿Y si la alternativa a los supermercados fuesen los supermercados cooperativos? El Diario, 28/11/2017. Consultado el 10 de abril de 2019 en: https://www.eldiario.es/ultima-llamada/alternativa-supermercados-cooperativos_6_712588736.html

Fondo Monetario Internacional (FMI). (2018). Fiscal Monitor: Capitalizing on good times. Washington, DC.

Friedman, D. (1973). The Machinery of Freedom. New York: Harper and Row.

Gisbert, J. /2014). Los Sistemas LETS: Concepto e Historia. Economistas sin fronteras: Dossieres EsF Nº 12, enero de 2014, pp. 11-14. Consultado el 28 de mayo de 2014 en: https://ecosfron.org/portfolio/dossier-no-12-economia-en-colaboracion/

Fundación Economía Circular. (2017). Consultada el 24 de mayo de 2018 en: http://economiacircular.org/wp/

García, J. (2010). Los mercados sociales: objetivo estratégico de una economía postcapitalista. XV Jornadas de Economía Solidaria, LUNES 7 de Junio 2010. Consultado el 9 de mayo de 2018 en: https://www.economiasolidaria.org/sites/default/files/Los%20mercados%20sociales%20como%20objetivo%20estrategico.pdf

García, J. (2010). La economía solidaria no está en paro. PAPELES de Relaciones Ecosociales y Cambio Global Nº 110, pp. 53-65. Consultado el 9 de mayo de 2018 en: http://base.socioeco.org/docs/la_economia_solidaria_no_esta_en_paro_j_garcia.pdf

Garnett, S., Burgess, N. (…) y Leiper, N. (2018). A spatial overview of the global importance of Indigenous lands for conservation. Nature Sustainability, 16 July, 2018, pp. 369-374. Consultado el 23 de julio de 2018 en: https://www.nature.com/articles/s41893-018-0100-6?utm_source=Nature_community&utm_medium=Community_sites&utm_content=BenJoh-Nature-MultipleJournals-Human_Ecology-Global&utm_campaign=MultipleJournals_USG_SUSTAIN

González Amador, R. (2015). Mexicanos guardan en paraísos fiscales más del doble de la reserva de divisas del país. Periódico La Jornada, Jueves 12 de febrero de 2015, p. 25.

González Casanova, P. (2004). Las Nuevas Ciencias y las Humanidades. De la Academia a la Política. México: Anthropos y IIS (Instituto de Investigaciones Sociales-UNAM).

González, M.A. (2009). Economía social para la vida: desafíos para la educación. México: DECISIO, mayo-agosto 2011, núm. 29, pp. 13-31, 23-31. Consultado el 12 de abril de 2018 en: http://decisio.crefal.edu.mx

González, M.A. (2012). Ética de la economía, sujeto y derechos humanos. México: Polis [En línea], 33 | 2012, Publicado el 23 marzo 2013, consultado el 30 septiembre 2016. Recovered from: http://polis.revues.org/8509

González, R. (2018). De La economía a la socioeconomía. En “Hacia otras economías. Crítica al paradigma dominante”. Raúl González Meyer and Howard Richards (coord..). Consultado el 05 de julio de 2018 en: http://howardrichards.org/peace4us/hacia-otras-economias/

Graeber, D. (2011). En deuda Una historia alternativa de la economía. Barcelona: Ariel.

Guerra, P. (2014). Socioeconomía de la solidaridad. Una teoría para dar cuenta de las experiencias sociales y económicas alternativas (2ª ed.). Bogotá: Ediciones de la Universidad Cooperativa de Colombia.

Gutiérrez, A. (2019). Metáfora y construcción social. Athenea Digital – 19(1): e2049 (marzo 2019), https://doi.org/10.5565/rev/athenea.2049

Gutiérrez, R., Navarro, M.L. y Linsalata, L. (2016). Repensar lo político, pensar lo común. Claves para la discusión, (pp. 377-417). En Inclán, D., Linsalatta, L. y Millán, M. (Coords.), “Modernidades alternativas”. México: Facultad de Ciencias Políticas y Sociales-UNAM y ediciones del lirio.

Han, Byung-Chul. (2016). En el enjambre. Barcelona: Herder, 1ª edición, 6ª reimpresión.

Hanauer, N. (2018). ‘Homo Economicus’ Must Die. Nick Hanauer’s rousing speech on the lies on which neoliberalism is built. Democracy Journal, October 1, 2018. Consultado el 17 de octubre de 2018 en: https://democracyjournal.org/arguments/homo-economicus-must-die/

Harari, Y. N. (2018a). 21 lecciones para el siglo XXI. México: Penguim Random House Grupo Editorial. Primera edición.

Harari, Y. N. (2018b). Homo Deus. Breve historia del mañana. México: Penguim Random House Grupo Editorial. Octava reimpresión.

Harari, Y. N. (2017). De animales a dioses. Breve historia de la humanidad. México: Editorial Debate, Décima tercera reimpresión.

Harvey, D. (2014). Diecisiete contradicciones y el fin del capitalismo. Ecuador: IAEN-Instituto de Altos Estudios Nacionales del Ecuador; Madrid: Traficantes de Sueños.

Harvey, D. (2005). El Nuevo Imperialismo: acumulación por Desposesión. Buenos Aires: CLACSO.

Hawking, S. y Mlodinow, L. (2010). El gran diseño. Barcelona: Crítica.

Hinkelammert, F. y Mora, H. (2005). Hacia una economía para la vida. San José de Costa Rica: DEI.

Hinkelammert, F. (1996). El Mapa del Emperador. San José de Costa Rica: DEI, 1º edición.

Infante-Amate, J., González, M., Toledo, V. (2017). El metabolismo social. Historia, métodos y principales aportaciones. Revista Iberoamericana de Economía Ecológica Vol. 27: 130-152

Institute on Taxation and Economic Policy (2019). Amazon in Its Prime: Doubles Profits, Pays $0 in Federal Income Taxes. Consultado el 20 de febrero de 2019 en: https://itep.org/amazon-in-its-prime-doubles-profits-pays-0-in-federal-income-taxes/

Instituto Nacional para la Economía Social (INAES). (s/f). Experiencias de Buenas prácticas de Economía Social y Solidaria en México. En DIAGNÓSTICO DEL PROGRAMA DE FOMENTO A LA ECONOMÍA SOCIAL. Anexo 2. Ciudad de México: IBERO-PUEBLA, Secretaría de Economía e INAES.

Konsumoresponsable (2018). ¿Cómo funciona el Mercado Social? Página web consultada el 9 de mayo de 2018 en: http://mercadosocial.konsumoresponsable.coop/node/615

Krugman, P. (2018). Los fraudes y problemas que habrá cuando estalle la burbuja de Bitcoin. Periódico New York Times ES, 31 de enero de 2018. Consultado el 13 de julio de 2018 en:  https://www.nytimes.com/es/2018/01/31/burbuja-bitcoin-inversion-criptomoneda/

La Vía Campesina. (s/f). Quiénes somos. Consulta realizada el 29 de marzo de 2019 en: https://viacampesina.org/es/quienes-somos/que-es-la-via-campesina/

Lane, T. (1996). Noam Chomsky: sobre el Anarquismo. Consultado el 04 de julio de 2018 en: http://kamita.com/misc/nc/textos/anar05.htm

Lara, G. y Demmler, M. (2018): Social Currencies and Cryptocurrencies: Characteristics, Risks and Comparative Analysis. CIRIEC-España, Revista de Economía Pública, Social y Cooperativa, 93, 265-291, DOI: 10.7203/CIRIEC-E.93.10978.

Lawrence, F. (2012). Fairtrade shouldn’t all be down to the consumer. Periódico The Guardian, 27 de febrero de 2012. Consultado el 26 de abril de 2018 en: https://www.theguardian.com/global-development/2012/feb/27/aid-fair-trade

Lietaert, M. (2017). Homo Cooperans 2.0. Por una economía colaborativa desde el cooperativismo. Barcelona: Icaria Editorial.

Lipovetsky, G. (2007). La felicidad paradójica. Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo. Barcelona: Anagrama.

Luengo, E. (2012). Mapa conceptual y vocabulario básico en torno a la interdisciplina y la complejidad. En Luengo, E. (Coord.), “Interdisciplina y transdisciplina: aportes desde la investigación y la intervención social universitaria. Guadalajara: COMPLEXUS, CIFS-ITESO, pp. 85-101.

Luis, M. (2015). Innovación social: el porqué de un fenómeno emergente. Universitat Oberta de Catalunya: Revista OIikonomics, Núm. 3, mayo de 2015, pp. 66-72.  Consultada el 28 de mayo de 2018 en: http://oikonomics.uoc.edu/divulgacio/oikonomics/_recursos/documents/03/Oikonomics_Mariona_Luis_esp.pdf

Luna, N. (2015). Uber: de la innovación a la realidad. Forbes México, portada, mayo 28, 2015. Consultado el 7 de mayo de 2018 en: https://www.forbes.com.mx/uber-de-la-innovacion-a-la-realidad/

Maldonado, C. (2019). Sistemas de información y bases de datos: a propósito del censo y del Dane. Colombia: LE MONDE diplomatique, Edición 187, abril.

Maldonado, C. (2019b). Tres razones de la metamorfosis de las ciencias sociales en el siglo XXI. Revista Cinta de Moebio N° 64, marzo, pp. 114-122. Consulta realizada el 25 de abril de 2019 y disponible en: https://cintademoebio.uchile.cl/index.php/CDM/article/view/52991?fbclid=IwAR2xq1VUluptt_aDlO9VqL_toY38hyaPOltF6o0873mpkczIipismrm8Vrg

Maldonado, C. (2016). Hacia una antropología de la vida: elementos para una comprensión de la complejidad de los sistemas vivos. En: Boletín de Antropología. Universidad de Antioquia, Medellín, vol. 31, No. 52, pp. 285-301).

Maldonado, C. (2016b). Complejidad de las ciencias sociales. Y de otras ciencias y disciplinas. Ediciones desde abajo. Bogotá, 2016.

Maldonado, C. (s/f). Biodesarrollo y complejidad. Propuesta de un modelo teórico. En “Un viaje por las alternativas al desarrollo”, pp. 71-95. Consultado el 28 de febrero de 2019 en: file:///D:/COMPLEJIDAD/MALDONADO%20Biodesarrollo_y_complejidad._Propuesta_d%20(1).pdf

Mance, E. (2017). Circuitos económicos solidarios. Curso Solidarius. Inédito.

Mance, E. (2011). Circuitos económicos solidarios. Solidarius. Consultado el 5 de mayo de 2018 en: http://base.socioeco.org/docs/euclides_mance_economia_solidaria.pdf

Mance, E. (2002). Redes de colaboración solidaria. Curitiba: IFIL.

Manzini, E. (2015). Design, when everybody designs. An Introduction to Design for Social Innovation. Cambridge, Massachusetts: The MIT Press.

Marcelo Justo, M. (2016).  Las cinco actividades del crimen organizado que recaudan más dinero en el mundo. BBC Mundo:  http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/03/160316_economia_crimen_organizado_mj

Martinetti, A. (2014). Los mercados solidarios desde la economía social y solidaria. La experiencia de AFIH. III Jornadas Nacionales sobre estudios regionales y mercados de trabajo. Universidad Nacional de Jujuy (Facultad de Cs. Económicas y Unidad de Investigación en Comunicación, Cultura y Sociedad de la Facultad de Humanidades y Cs. Sociales) y Red SIMEL, San Salvador de Jujuy, 2014. Consultado el 13 de julio de 2018 en:  http://www.dhl.hegoa.ehu.es/ficheros/0000/0859/_iii.jornadas.ARG.mercados.trabajo.pdf

Martínez Alier, J. (2018). El “desarrollo sostenible” es un engaño. https://www.servindi.org/actualidad-noticias/22/10/2018/joan-martinez-alier-el-desarrollo-sostenible-es-un-engano… Consultado el 29 de noviembre de 2018

Martínez Alier, J. (2015). La economía no es circular sino entrópica. México: Periódico la Jornada. Consultado el 04 de julio de 2018 en: http://www.jornada.com.mx/2015/06/14/opinion/026a1eco

Maturana, H. (2009). La realidad: ¿objetiva o construida? Fundamentos biológicos de la Realidad (segunda edición). México: Anthropos, Universidad Iberoamericana-ITESO.

Mauss, M. (2009). Ensayo sobre el don. Forma y función del intercambio en sociedades arcaicas. Buenos Aires, Katz Editores.

Medina, S. (2013). Comercio justo: una perspectiva general. Comercio Exterior, Vol. 63, Núm. 1, Enero y Febrero de 2013. Consultado el 26 de abril de 2018 en: file:///F:/A%20CIFOVIS/UAB%20ECOSOL/COMERCIO_JUSTO%20COMPARATIVO%20MODELOS.pdf

Melucci, A. (1999). Acción colectiva, vida cotidiana y democracia. México: Colegio de México.

Mercado social: https://es.wikipedia.org/wiki/Mercado_social

Monsalve, A. (2015). Gestión de la innovación social cooperativa a través de una cultura solidaria innovadora. Cooperativismo y Desarrollo, 24(108), 27-38.

Montaño, L. (2014). Responsabilidad social corporativa, gobernanza e instituciones. Armando el rompecabezas. Revista Internacional de Organizaciones, nº 13, diciembre 2014, 9–38. Consultado el 22 de mayo de 2018 en: file:///C:/Users/Usuario/AppData/Local/Packages/Microsoft.MicrosoftEdge_8wekyb3d8bbwe/TempState/Downloads/160-580-1-PB.pdf

Monzón, J.L. and Chaves, R. (S/F). The social economy in the European Union. Report prepared for the European Economic and Social Committee by the International Centre for Research and Information on the public, social and cooperative Economy (CIRIEC). Recovered from: http://www.eesc.europa.eu/resources/docs/qe-30-12-790-en-c.pdf

Moore, J.W. (2016). Anthropocene or Capitalocene? Nature, History, and the Crisis of Capitalism. Oakland, CA: PM Press.

Morales, Fernando (2018). “Café: menos de 0.01 dólares por taza para los caficultores; millones de dólares para las multinacionales”. Periódico El Economista, México, 9 de abril de 2018. Consultado el 10 de abril de 2018 en: https://www.eleconomista.com.mx/opinion/Cafe-menos-de-0.01-dolares-por-taza-para-los-caficultores-millones-de-dolares-para-las-multinacionales-20180409-0018.html

Morin, E. (2011). La Vía: Para el futuro de la humanidad. Barcelona-Buenos Aires-México, Paidós.

Murray, R., Caulier- Grice y Mulgan, G. (2010). The Open Book of Social Innovation. The Young Foundation and NESTA.

Musalem, H. (S/F). Mercados Solidarios: Espacios de resistencia. México: Universidad Nacional Autónoma de México. Consultado el 13 de julio de 2018 en: http://educacionyeconomiasocial.ning.com/profile/HenedMusalem?xg_source=msg_mes_network

Nowak, M. y Highfield, R. (2012). SuperCooperators: Altruism, Evolution, and Why We Need Each Other to Succeded. New York: Free Press.

Pearce, D.W. y Turner, R.K. (1989). Economics of Natural Resources and the Environment. Hemel Hempstead, Harvester Wheatsheaf, London.

Polanyi, K. (2001). The great transformation: the political and economic origins of our time. Boston: Beacon Press.

Porto-Gonçalves, C.W. (2017). LUCHA POR LA tierra. LUCHA POR LA TIERRA. Ruptura metabólica y reapropiación social de la naturaleza. (pp. 53-78). En Alimonda, H., Toro, C. y Martín, F. (Coord.), Ecología política latinoamericana, VOL. II. Pensamiento crítico, diferencia latinoamericana y rearticulación epistémica. 1a ed . – Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO; México: Universidad Autónoma Metropolitana; Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Ciccus, 2017.    Libro digital, PDF – (Grupos de trabajo)

Prigogine, I. (2017). Las leyes del caos. Ciudad de México: Booket, 1ª edición.

OIT (Organización Internacional del Trabajo). (2019). TRABAJAR PARA UN FUTURO MÁS PROMETEDOR. COMISIÓN MUNDIAL SOBRE EL FUTURO DEL TRABAJO. Primera edición. Consultado el 28 de febrero de 2019 en:  https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—dgreports/—cabinet/documents/publication/wcms_662442.pdf

Orzi, R. (2012). Moneda Social y Mercados Solidarios. En R. Orzi, Moneda Social y Mercados Solidarios II: La moneda social como lazo social, Cap. II. Bs. As.: Fundación CICCUS.

Ostrom, E. and Walker, J. (2003). Trust and reciprocity and gains from association: Interdisciplinary lessons for experimental research. New York: Russell Sage Foundation.

Ostrom, E. (2000). El gobierno de los comunes. La evolución de las instituciones de acción colectiva. México: UNAM-CRIM-FCE, primera edición en español.

OXFAM. (2017). UNA ECONOMÍA PARA EL 99%. Es hora de construir una economía más humana y justa al servicio de las personas. INFORME DE OXFAM ENERO DE 2017. Consultado el 24 de mayo de 2018 en: https://www.oxfam.org/es/informes/una-economia-para-el-99

Pasquale, F. (2016). The Black Box Society. The Secret Algorithms That Control Money and Information. Harvard, MA: Harvard University Press.

Pauli, G. (2010). La economía azul 10 años. 100 innovaciones, 100 millones de empleos.  Informe al Club de Roma.  Nuevo México: Paradigm Publicaciones.

Pearce, D. W. y Turner, R. K. (1990). Economics of natural resources and the environment. Brighton: Harvester Wheats.

Peña, E. (2017). Glosario de desarrollo rural con perspectiva territorial. En “Desarrollo rural territorial, economía campesina y caminos solidarios, Carlos Corredor Jiménez (Compilador), pp. 135-210. Bogotá: Editorial Universidad del Cauca.

Perdiguero, T. (2003). La Responsabilidad Social de las empresas en un mundo global. Barcelona, Editorial Anagrama.

Pineda, A. (2018). Las start-ups ‘challengers’ le dan la batalla a la banca. Periódico Expansión, Lunes, 16 de julio de 2018. Consultado el 16 de julio de 2018 en: https://expansion.mx/emprendedores/2018/07/15/las-start-ups-challengers-le-dan-la-batalla-a-la-banca?utm_source=Matutino&utm_campaign=e9f42c666b-EMAIL_CAMPAIGN_2018_07_16_12_24&u
tm_medium=email&utm_term=0_35f350be4e-e9f42c666b-118868157

Piven, F.F. (2008). Can Power from Below Change the World? American Sociological Review, 2008, VOL. 73 (February:1–14).

Plasencia, A. y Orzi, R. (org.) (2007). Moneda social y mercados solidarios. Potencial Emancipador y Pedagógico de los Sistemas Monetarios Alternativos. Argentina: Ediciones CICCUS.

Polanyi, K. (2017). La gran transformación. Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo. México: Fondo de Cultura Económica, 3ª edición en español.

Prahalad, C.K. (2006). The Fortune at the Bottom of the Pyramid. Eradicating Poverty Through Profits. Editorial: Wharton School Publishing.

Preciado, J. (2011). Escenarios y propuestas ‘postneoliberales’, ante la triple crisis global. Universidad de Guadalajara/ITESO, Presentación en Power Point. Documento de trabajo.

Quijano, O. (2016). Ecosimías: Visiones y prácticas de diferencia económico/cultural en contextos de multiplicidad. Editorial Universidad del Cauca. Consultado el 6 de mayo de 2018 en: http://www.maestriadesarrollo.com/sites/default/files/publicaciones/ecosimias_completo.pdf

Quijano, A. (2008). Solidaridad y capitalismo colonial/moderno.  Brasil: Otra Economía,  Volumen II, Nº 2, 1º semestre/2008 – ISSN 1851-4715 – www.riless.org/otraeconomia, pp. 12-16. Recovered from: http://www.economiasolidaria.org/files/Revista_RILESS_2.pdf

Quintero Ramírez, M. I. (2018). Economías colaborativas, nuevas tendencias de consumo y retos para Latinoamérica y Colombia. Revista Campos en Ciencias Sociales, 6(2), 95-118. Bogotá D.C., Colombia: Universidad Santo Tomás. DOI: https://doi.org/10.15332/s2339-3688.2018.0002.03

Ramos Martín, J. (2015). Base material de la economía del conocimiento. América Latina en Movimiento, No. 507:  pp. 8-10. Consultado el 29 de noviembre de 2018 en: file:///D:/A%20CIFOVIS/UAB%20ECOSOL/JRamos_ALAI2015%20(1)%20VS%20ECONOMIA%20CIRCULAR.pdf

Razeto, L. (2010). ¿Qué es la economía solidaria? España: FUHEM Ecosocial. PAPELES de Relaciones Ecosociales y Cambio Global, Nº 110 2010, pp. 47-52.   Recovered from: http://base.socioeco.org/docs/que_es_la_economia_solidaria_l.razeto.pdf

Red de Justicia Fiscal de América Latina y el Caribe: http://www.justiciafiscal.org/

Resico, M. F. (S/F). ¿Qué es la Economía Social de Mercado? SOPLA, pp. 107-112. Consultado el 5 de mayo de 2018 en:  http://www.kas.de/upload/dokumente/2011/10/SOPLA_Einfuehrung_SoMa/parte1_13.pdf

Robinson, W.I. (2018). Estado policiaco global. Opinión ALAINET, 18/01/2018. https://www.alainet.org/es/articulo/190429

Robinson, M. (2015). ¿Puede el poder de las multinacionales amenazar la democracia? BBC, 3 abril 2015. Consultado el 22 de mayo de 2018 en: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/04/150401_poder_tratados_atci_ttip_isds_sem_dv

Rothbard, M. (2006).  Society without State.  Mises Institute. Consultado el 4 de julio de 2018 en: https://mises.org/library/society-without-state

RTESAA. (2018). Buen vivir y organizaciones sociales mexicanas. Miradas de la diversidad. Cuaderno 2, Economías solidarias. Guadalajara: RTESAA-ITESO-CONACYT.

RTESAA. (2017). Buen vivir y organizaciones sociales mexicanas. Miradas de la diversidad. Cuaderno 1. Guadalajara: RTESAA-ITESO-CONACYT.

Rubli, F. (2018) ¿Es el bitcoin una amenaza? Periódico El Economista, 13 de abril de 2018, 02:14. Consultado el 13 de julio de 2018 en: https://www.eleconomista.com.mx/opinion/Es-el-bitcoin-una-amenaza-20180413-0041.html

Saguier, M. (2010). En el banquillo de los acusados: empresas transnacionales y violaciones de derechos humanos en América Latina. FLACSO, Documento de trabajo N° 43, Área de Relaciones Internacionales, FLACSO/Argentina, abril de 2010. Consultado el 23 de mayo de 2018 en: https://www.researchgate.net/publication/269104740_En_el_banquillo_de_los_acusados_Empresas_transnacionales_y_violaciones_de_derechos_humanos_en_America_Latina

Santarcángelo, J., Schteingart, D. y Porta, F. (2017). Cadenas Globales de Valor: una mirada crítica a una nueva forma de pensar el desarrollo. CEC Año 4, Nº 7 (2017) pp. 99- 129. Consultado el 22 de mayo de 2018 en: file:///C:/Users/Usuario/AppData/Local/Packages/Microsoft.MicrosoftEdge_8wekyb3d8bbwe/TempState/Downloads/Dialnet-CadenasGlobalesDeValor-6230712.pdf

Santos, B. de S., Navarro, F. y Urbieta R. (2016). La democracia en disputa. Una entrevista con Boaventura de Sousa Santos. democraciaAbierta, la sección latinoamericana de openDemocracy, 26 October 2016. Consultado el 17 de diciembre de 2018 en: https://www.opendemocracy.net/democraciaabierta/boaventura-de-sousa-santos-fabiola-navarro-roque-urbieta-hernandez/la-democracia-e

Schumacher, E.F. (S/F). La Economía Budista. Consultado el 6 de mayo de 2018 en: https://ecologia.unibague.edu.co/Budista.pdf

Schumacher, E.F. (2001). Lo pequeño es hermoso. Editorial AKAL.

Secretariado para la Justicia Social y la Ecología de la Compañía de Jesús (2016). Por una economía global justa. Construir sociedades sostenibles e inclusivas. Promotio Iustitiae, Nº 121, 2016/1, Informe Especial.

Serrano, A. y Martín, S. (2011). La Economía Verde desde una perspectiva de América Latina. Ecuador: Fundación Friedrich Ebert, FES-ILDIS. Consultado el 24 de mayo de 2018 en: http://library.fes.de/pdf-files/bueros/quito/08252.pdf

SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute). (2013). Armaments, Disarmament and International Security.  SIPRI Yearbook 2013: http://www.sipri.org/yearbook/2013/03

Sistema B. (2017).  Memoria Bianual 2016-2017. Consulta realizada el 01 de febrero de 2019 en:  https://sistemab.org/quienes-somos-4/

Sistema B:  Página web: https://sistemab.org/

Sosa, M. (2012). ¿Cómo entender el territorio? Guatemala: Editorial Cara Parens, 1ª edición.

Stiglitz, J. (2008). Las cooperativas y la economía social proporcionan un tercer pilar clave para el equilibrio económico. Conferencia impartida en el 27º Congreso Internacional del CIRIEC, España. Consultado el 29 de noviembre de 2018 en: http://www.observatorioeconomiasocial.es/actualidad-observatorio.php?id=3446

Stiglitz, J. y Walsh, C.  (2006). Macroeconomía. Ariel Economía.

Stiglitz, J. (2005).  Fair Trade for All: How Trade Can Promote Development (con Andrew Charlton), (Initiative for Policy Dialogue Series C) Oxford University Press, 2005.

Storey, J. (2017). Theories of consumption. New York: Routledge.

Svampa, M. (2018), La difícil tarea de pensar alternativas al capitalismo. En Acosta, A. y Brand, U., Salidas del laberinto capitalista. Decrecimiento y postextractivismo. Quito: Fundación Rosa Luxemburgo. Pp. 9-14. Consultado el 15 de febrero de 2019 en: https://issuu.com/freddycoello/docs/salidas_del_laberinto_capitalista

Thomas, H. (2011). Sistemas Tecnológicos Sociales y Ciudadanía Socio-Técnica. Consultado el 30 de marzo de 2019 en: maestriadicom.org/articulos/sistemas-tecnologicos-sociales-y-ciudadania-socio-tecnica-2/

Toledo, V. (2019). ¿Qué es el capitaloceno? Periódico La Jornada, Martes, 9 de abril de 2019. Consultado el 09 de abril de 2019 en: https://www.jornada.com.mx/2019/04/09/opinion/017a2pol?partner=rss#

Toledo, V. (2013). La globalización contra-hegemónica. Periódico La Jornada, Miércoles 3 de julio de 2013. Consultado el 29 de marzo de 2019 en: http://www.jornada.unam.mx/2013/07/03/opinion/020a1pol

Tomanky, M. (2018). Nick Hanauer, the Plutocrat of the Common Man. A well-deserved honor for a great friend of Democracy (and democracy).  Democracy Journal, September 28. Consultado el 17 de octubre de 2018 en: https://democracyjournal.org/arguments/nick-hanauer-the-plutocrat-of-the-common-man/

Trías, E. (2006). La idea del límite. En Andrés Ortíz-Oses y Patxi Lanceros (editores), La interpretación del mundo. Cuestiones para el tercer milenio. Barcelona: Anthropos/Universidad Autónoma Metropolitana-I.

Turchin, P. (2016). Ultrasociety. How 10,000 Years of War Made Humans the Greatest Cooperators on Earth.  Connecticut: Beresta Books.

Turchin, P. (2006). War and Peace and War: The Life Cycles of Imperial Nations. NY, Pi Press, Part II.

Valor, C. (2014). Economía en Colaboración. Economistas sin fronteras: Dossieres EsF Nº 12, enero de 2014, pp.  4-6. Consultado el 28 de mayo de 2014 en: file:///C:/Users/Usuario/AppData/Local/Temp/DOSSIERES-EsF-12-Economía-en-colaboración.pdf

Wallerstein, I. (2005). Análisis de Sistemas-mundo. Una introducción. México: Siglo XXI.   

Wanderley, F. (2017). Entre los conceptos minimalista y maximalista de economía social y solidaria. Tensiones teóricas y agenda futura de investigación. REVISTA ECONOMÍA, Vol. 69, No 109 (mayo), 13–27, Ecuador.

Wattari, F. (1996). Las Tres Ecologías (José Vásquez Pérez y Umbelina Larraceleta, trads.). Valencia: PRE-TEXTOS, 2ª edición.

World Fair Trade Organization (WFTO). (2018). Comercio Justo. Consulta realizada el 25 de abril de 2018 en: http://wfto-la.org/comercio-justo/que-es/

World Fair Trade Organization y Fair trade International. (2018). CARTA INTERNACIONAL DE COMERCIO JUSTO. Cómo el Movimiento Global de Comercio Justo trabaja para transformar el comercio con el fin de alcanzar justicia, igualdad y sostenibilidad para las personas y el planeta. Lanzada el 25 de septiembre de 2018. Consultada el 26 de septiembre de 2018 en: http://clac-comerciojusto.org/wp-content/uploads/2018/09/Carta-Internacional-de-Comercio-Justo-FTCharter.pdf

Zuboff, Sh.  (2019). The Age of Surveillance Capitalism: The Fight for a Human Future at the New Frontier of Power.  New York: PublicAffairs.

Reflexiones alternativas y postmercantilistas

“El periodo de transición de un sistema a otro es un período de grandes luchas, de gran incertidumbre, y de grandes cuestionamientos sobre las estructuras del saber.”

Immanuel Wallerstein

En nuestra búsqueda de claridades en torno a mercados alternativos o alternativas a los mercados convencionales del capital hemos realizado un largo recorrido -una especie de viaje, una aventura o exploración galáctica- que nos ha permitido descubrir diversas emergencias de economías, tanto desde la teoría como de la realidad empírica.

Desde una perspectiva limitada -una visión a larga distancia como mirando el firmamento desde tierra-, la constelación de emergencias nos resultaba caótico e inasible comprensivamente. De ahí la necesidad obligada de realización de este viaje académico exploratorio por las emergencias socioeconómicas y donde fuimos obligados a separar el trigo de la paja procurando descubrir sus supuestos, apuestas, objetivos y consecuencias prácticas, en un intento de exploración y descripción breve, sin entrar a su profundidad por las limitaciones y acotaciones de este esfuerzo.  

Y durante la exploración fuimos testigos de las fuerzas que impulsan y retrotraen a las emergencias, que las atraen y expulsan de sus órbitas iniciales, que les permiten expandirse o contraerse. Las herramientas utilizadas como metáfora social fueron los campos de fuerza reconocidos por la física moderna. Para nosotros, cuatro campos analíticos (diversidad de dimensiones o pluridimensionalidad conforme al pensamiento complejo), nos permitieron descubrir sus aportes: a. los valores/antivalores, b. la sustentabilidad/insustentabilidad ambiental (metabolismo social), c. la innovación tecnológica y social y d. la inclusión/exclusión social.

De ahí nuestra adopción de los sistemas solares que se sostienen en un centro dominante en torno al que circulan todas las economías, sean emergentes o no emergentes. Nuestro interés, sin embargo, estuvo orientado sólo por las emergencias, por aquellas socioeconomías que se supone van reconfigurando al capitalismo actual o a sus alternativas. Un centro (ortodoxia), una semiperiferia (heterodoxa) y una periferia (alternativa) -entendidos como subsistemas orbitales- nos ayudaron a ubicar ese caótico universo. Inesperadamente, con todo, conforme íbamos avanzando en este viaje, fuimos descubriendo una enorme cantidad y diversidad de economías emergentes no vislumbradas a la distancia al inicio: desde las economías oscuras de la ortodoxia del libre mercado, pasando por la gran diversidad de economías heterodoxas no dominantes que se proponen humanizar al sistema en su conjunto, hasta alcanzar las alternativas socioeconómicas que pretenden transformarlo: esa gran variedad de economías transformativas que podrían constituir, con su fuerza y su potencia transformadora, un nuevo sistema digno, justo y de vida para todos y el planeta. 

Por lo anterior, nuestro interés por ampliar nuestra exploración alrededor de este tercer subsistema constituido por un pluriverso alternativo socioeconómico, a la manera de Arturo Escobar (2016), y de la urgente necesidad de “sistemizarlas” -un proceso de articulación sistémica-, a la manera de Edgar Morin, o en una suerte de simbiosis (Wattari, 1996), atrayendo y apropiando de las economías heterodoxas lo mejor de ellas, así como también y principalmente entre las propias alternativas transformativas. La tarea teórica es necesaria para comprender los procesos y posibilidades de las diversas atracciones y repulsiones con sus procesos, pero más urgente es la simbiosis que debe ocurrir en la realidad socioeconómica de las prácticas y experiencias emergentes alternativas y sus mercados. 

Para lograrlo, nos hemos propuesto como horizonte Novo sistémico la conformación de una auténtica bioeconomía -una “alter bioeconomía”- que sea capaz de integrar, de una forma incluyente y equilibrada -con sus diversos énfasis-, los diversos campos de fuerza y sus expresiones socioeconómicas. Dicho de otra manera, no pueden constituirse las economías solidarias en una fuerza sistémica si no logran atraer en sus propuestas y prácticas la sustentabilidad y la equidad de género, así como la innovación tecno-social y la inclusión social ampliada, articulada con el campo magnético de los valores de reciprocidad, justicia y solidaridad. Hablamos de una especie de “Unidad integrada” o de unidad de las partes, “de modo que las partes quedan transformadas de alguna manera. Una simple suma o agrupamiento de objetos distintos o de partes diferentes no crearía necesariamente un sistema integrado” (Torres, Jurjo, Globalización e interdisciplinariedad, p. 113, citado por Luengo, 2011, p. 101). 

En otros términos, estamos hablando de la construcción de los puentes que nos permitan tejer lo micro con lo macro, y no sólo teóricamente, sino fundamentalmente desde las prácticas emergentes socioeconómicas. Si para la física, la Teoría del Todo pretender lograr la conjunción explicativa entre la física cuántica y la física mecánica, para nosotros el esfuerzo consiste en establecer dichos puentes, entendidos como fuerzas atractoras que sean capaces de sistemizar, integrando en el todo las dispersión de las partículas socioeconómicas. Siguiendo con la metáfora, se trata de hacer visibles, reconocibles y articulables, aquellas prácticas emergentes todavía invisibles para el capitalismo dominante y dispersas entre sí.

Lo anterior supone una gama de posibilidades de atracción -incluso de fusión/diálogo- de las heterodoxias socioeconómicas que consideramos más valiosas para las alternativas socioeconómicas periféricas, aunque no necesariamente rompan con la búsqueda de lucro privado y la existencia de mercados regulados, pero con una clara distancia respecto de la acumulación de capital como su fin último y sentido:

  • Con la Economía Dónut propuesta por Karen Raworth, desde una perspectiva sistémica y orientada a la prosperidad de toda la población mundial, habría que atraer sus dinámicas de generación de un piso social digno -capaz de asegurar una vida digna para toda la población- junto con un techo ambiental no entrópico, sustentable o metabolizado socialmente -con límites claros a la tendencia extractivista dominante del capital y al crecimiento del PIB. También empatiza con la una economía regenerativa y distributiva -no necesariamente redistributiva- donde la riqueza producida es compartida entre sus participantes solidarios. Cabe aquí la propuesta de Edgar Morin, en su libro “La Vía. Para el futuro de la humanidad” (2011), en el sentido de no dicotomizar los procesos de crecimiento/decrecimiento sino buscar las estrategias que permitan mantener dialógicamente esta tensión.[1]
  • Desde el campo de los valores, las organizaciones TEAL-Evolutivas (espiritualidad oriental) pueden aportar nuevas posibilidades a las economías solidarias y transformativas en sus formas de generación de conciencia, la confianza mutua y la abundancia, valores asumidos y expresados mediante la autogestión (participativa y sin jerarquías), así como la totalidad-plenitud (recuperando la integridad interior de las personas en sus labores y prácticas) y el propósito evolutivo (organización con vida propia alimentada o nutrida por el propósito a servir).
  • Del Sistema B, su concepción y prácticas económico-empresariales sustentadas en el éxito entendido como un triple bienestar (de las personas, de la sociedad y de la naturaleza). Este propósito implica una convergencia de intereses y construcción de confianza con múltiples actores económicos y políticos aprovechando la fuerza del mercado para resolver problemas sociales y ambientales de mayores escalas. Atraer a otros actores sociales, económicos y políticos será necesario si se piensa en una simbiosis sistémica alternativa.
  • Por otra parte, en la órbita sistémica periférica del sistema las diversas alternativas pueden estimular procesos de atracción mutua para la recuperación-apropiación de lo mejor de cada para la construcción de una alter bioeconomía[2]:
  • En el campo de la innovación, de los Sistemas Tecnológicos Sociales como una manera de estimular la innovación técnica sensata y creativa -más allá de las tecnologías intermedias y apropiadas- con las propuestas sociales de cambio, incluyendo a la ciudadanía tecno-social. Nuevamente, desde la perspectiva de Morin, lo anterior estaría ubicado en el eje no dicotómico transformación/conservación con sus propuestas indicativas[3].
  • En el campo de los valores, una alter bioeconomía debería rechazar o expulsar las dinámicas hiperconsumistas de la sociedad de consumo, y aprovechar los aportes de la economía budista de Ernst Friedrich Schumacher con su apuesta por la optimización del bienestar humano mediante prácticas de consumo óptimo -no máximo-, así como de minimizar el sufrimiento, simplificar los deseos y promover la generosidad y la cooperación. 
  • En el campo de la sustentabilidad y el metabolismo social, la nueva economía debería inspirarse en la relación estrecha con la naturaleza que promueven teóricamente la Economía profunda o Economía para la vida derivada de los aportes teóricos de Hinkelammert y Mora (2005), de la bioeconomía o economía compleja de Carlos Maldonado (s/f) y su propuesta por el biodesarrollo o desarrollo complejo, así como nutrirse del concepto de “Ecosofía” de Naess (recuperado por Wattari, XXX) que integra tres tipos de ecología (ambiental, social y mental).
  • Compartiendo las apuestas anteriores de la Economía Profunda, y en el campo de la inclusión social, la nueva socioeconomía debería abrevar de las experiencias socioeconómicas de los pueblos indígenas o ancestrales, representadas por las Economías Propias o Comunitarias, y atraer sus fuertes lazos comunitarios y sus relaciones armónicas con la naturaleza, consigo mismos, con los demás y con el universo como parte de sus cosmovisiones. 
  • Las Economías de Innovación Social Cooperativa y Colaborativa (Tecno-Sociales) tienen mucho que aportar al nuevo sistema socioeconómico desde el campo de la innovación. La atracción de propuestas alternativas tecno-sociales deberá ser siempre un proceso presente y desafiante para la optimización continua de los productos y servicios que ofrezca, así como de esquemas y espacios alternativos de intercambio donde prevalezca el valor de uso sobre el valor de cambio, y donde se generen procesos cooperativos y colaborativos no sólo de tipo socioeconómico, sino también ciudadanos, culturales y políticos.
  • Hemos dejado hasta el final los aportes que una nueva economía deberá rescatar de las Economías Solidarias. La atracción de sus valores y principios cooperativos y de solidaridad mediados por su capacidad autogestiva, su membrecía voluntaria, su aportación solidaria, su primacía por el trabajo sobre el capital, su democracia participativa interna, sus apuestas por el valor de cambio, entre otros, no pueden pasar desapercibidos o desechados por una nueva economía. Finalmente, estas economías solidarias representan el triunfo práctico -con su aciertos y errores, sus alcances y limitaciones- de las posibilidades que ofrecen auténticas alternativas socioeconómicas frente al capitalismo y sus diversas formas de acumulación. 

Hemos visto algunas de las posibilidades de atracción en los términos socioeconómicos. Llevadas estas posibilidades atractoras a las Alternativas solidarias a los mercados, se podría decir que no pueden ser alternativos como tales si en las formas de intercambio prevalecen los valores de uso sobre los valores de cambio, si carecen de sustentabilidad ambiental, si se mantienen las equidades de género, si no es posible avanzar en una pertinente innovación tecno-social, si no son capaces de generar redes participativas y entramados democráticos de inclusión amplia. De alguna manera, los Circuitos Económicos Solidarios reivindicados por Euclides Mance se acercan a esta utopía, pero no sólo: tanto los mercados solidarios como los mercados sociales -incluyendo entre ellos a los supermercados cooperativos y sus escalamientos- tienen mucho que decir. De ahí el pluriverso tan real, visible y necesario de posibilidades alter bioeconómicas de intercambio y su exigencia de articulación, en términos de atracción, de corte sistémico. Atraerse mutuamente los mercados solidarios, los mercados sociales, los sistemas locales de intercambio, el comercio justo y los circuitos económicos solidarios pueden y deben generar formas más elevadas de escalamiento y agregación reticular del intercambio, tanto cualitativa como cuantitativamente, así como procesos de escalamiento sistémico.

En esta perspectiva, la gran pregunta resulta, entonces, en cómo “sistemizar” las alternativas transformativas. O, dicho con otras palabras, ¿cómo reforzar las dinámicas de atracción -atractoras- para culminar en un nuevo sistema? Si lo macro y micro coquetean entre sí, en una especie de baile de seducción, buscando conquistarse mutuamente en una dinámica más desordenada que ordenada, caótica siempre y por tanto incierta, ¿qué es posible hacer para que no sean las emergencias ortodoxas las que terminen abrazando atractivamente a las emergencias heterodoxas y alternativas? ¿cómo afrontar la incertidumbre de la realidad? ¿bastarían la suma o agregación de voluntades mediante la generación de una conciencia colectiva y planetaria? ¿y qué papel juega el azar en este proceso sistemizador?

Una conciencia realista debería decirnos que lo más probable[4] no es la construcción de un nuevo sistema socioeconómico más justo, sustentable e igualitario. Pero esta tensión entre realidad (visión realista) e irrealidad (visión irrealista) es la que nos permite soñar con un mundo mejor, un mundo entrelazado de muchos mundos mejores. De ahí la necesidad, pero sobre todo la posibilidad, de la utopía. En palabras de Enrique Luengo (2012, p. 99):

“Esta relación dialógica permite generar la intención utópica, lo cual es común a todas las utopías: proponer con una negación del presente una posible imagen del futuro al cual se aspira. Hay una tensión, por tanto, entre lo real inmediato y la idealidad o utopía que nutre la dinámica histórica (Ainsa, Fernando, La reconstrucción de la utopía, 46).”

Si para Edgar Morin (2011) nos acercamos al abismo planetario; si para Yuval Harari “nos hallamos ante el umbral tanto del cielo como del infierno, moviéndonos nerviosamente entre el portal de uno y la antesala del otro. La historia todavía no ha decidido, dónde terminaremos, y una serie de coincidencias todavía pueden enviar en cualquiera de las dos direcciones” (2017, p. 411); y si, en el mismo sentido, para Immanuel Wallerstein (2005, pp. 119-120) la bifurcación sistémica llevará sin remedio al triunfo de alguna de las dos probabilidades para el mundo (a la más democrática-igualitaria-justa abanderada por la izquierda global, en contrapartida, a su inverso materializada en la vía autoritaria, con desigualdades de todo tipo cada vez más extremas -más aún que las actuales y ya de hecho es mucho decir- con una injusticia cruda y dura, sin ropajes ni cosméticos, conducida por la derecha global), entonces, la voluntad-conciencia y su organización[5] importa, generando desorganizaciones y reorganizaciones dentro del sistema (las famosas estructuras disipativas de Ilya Prigogine), pero también, o incluso más, el azar tiene una palabra determinante qué decir –“esa incompatibilidad entre el principio de causalidad y la indeterminación eventual que esta produce en las relaciones de un sistema” (Luengo, 2012, p. 91). 

Con todo, no se puede dejar solo al azar el destino del sistema y del planeta: de ahí que las resistencias mediadas por luchas intelectuales, éticas y políticas estrechamente vinculadas sean fundamentales, pero deberán acompañarse necesariamente de la sistemización de las alternativas, incluidas desde luego las socioeconómicas y sus mercados alternativos.

Si para Frances Fox Piven (2008) -científica política estadunidense-, la esperanza de los cambios sociales desde abajo se funda en el poder de la interdependencia; si para Edgar Morin (2011) su esperanza de transformación civilizatoria -una verdadera metamorfosis- reside en lo improbable, Carlos Maldonado (2016b) nos invita a alimentar la esperanza a toda costa, ya que la complejidad de la realidad hace posible no sólo lo improbable, sino incluso lo imposible:

“(…) fundamentalmente la buena investigación de punta se ocupa (cada vez más) por lo posible. Esto es, por los desarrollos probables, hipotéticos y contingentes de lo que hay, lo que sucede, lo que está. Pues bien, como resultado de la complejización del mundo y de la ciencia en general más radicalmente aun, la ciencia ha comenzado a aprender a pensar lo imposible. Esto es, lo que anteriormente era inimaginado, inaudito, inverosímil. Sin la menor duda, la simulación ha hecho una contribución importante al respecto. Lo que otrora pareciera inimaginable, inopinado, inaudito, se revela ahora como posible e incluso como necesario. Pensar lo imposible y en ocasiones trabajar para que sea efectivamente posible, es más, bastante más que simplemente pensar en utopías” (Maldonado, 2019b, p. 121).

Si esto es verdad, todo es posible en la imposibilidad de hacer realidad la utopía de un mundo bueno y una vida buena para todos.

 


[1] La orientación no dicotómica crecimiento/decrecimiento significa para Morin que “deben crecer los servicios para la gente, las energías verdes, los transportes públicos, la economía plural incluida la economía social y solidaria, el urbanismo humanizador de las megalópolis, la agricultura y la ganadería tradicionales y biológicas, pero que también deben decrecer la fiebre consumista, la producción de alimentos industrializados y de objetos no reparables de un solo uso, el dominio de los intermediarios sobre la producción y e! consumo, el tráfico de los automóviles privados y el transporte de mercancías por carretera y en beneficio del Ferrocarril (Morin, 2011, p.36).

[2] Puede haber economía solidaria sin procesos vinculados a la sustentabilidad ambiental y la metabolización social, sin equidad de género, sin afanes de innovación tecno-social ni siquiera de inclusión amplia de los actores sociales y de la población más pobre.

[3] El eje conservación/transformación significa, para Edgar Morin, que muchas perspectivas de futuro, como las depositadas en la agricultura y la ganadería tradicionales, la reinstauración del artesanado, el abandono de los productos de un solo uso y la utilización de productos reparables, necesitan que se conserven los conocimientos y las prácticas heredadas del pasado. Una gran parte de las tecnologías «limpias» se basa en saberes ancestrales de comunidades marginales, Y, sobre todo, debemos conservar la vida del planeta, las diversidades biológicas y humanas, seguir emocionándonos y enriqueciéndonos con los tesoros sublimes de las grandes culturas y los grandes pensadores (2011, p. 37).

[4] Como señala Luengo (2012, p. 94): “Todo lo que es organizacional, desde la formación de las estrellas hasta el nacimiento de la vida, del nacimiento de la vida a la aparición del homo sapiens/demens, de la configuración de nuevas sociedades históricas o contemporáneas, puede ser considerado, a la vez, como desviación, marginalidad o improbabilidad, que se transforma en probabilidad local y temporal (Morin, Edgar, El método I: la naturaleza de la naturaleza, p. 428).”

[5] Para Luengo (2012, p. 98) “La organización es la constitución y mantenimiento de un conjunto o “todo” no reductible a las partes, porque dispone de cualidades emergentes y de constreñimientos propios, y porque comporta una retroacción de las cualidades emergentes del “todo” sobre las partes. A través de las interacciones que se dan en la organización, se dan procesos que producen orden y desorden; por ello, dice Morin, la organización es una actividad regeneradora y generadora permanente. La idea de sistema es la otra cara de la organización (Morin, Edgar, Ciencia con conciencia, p. 100-4, 204-16).”

Las alternativas solidarias a los mercados capitalistas

El capítulo anterior nos ha permitido situar mejor las nuevas propuestas emergentes con relación a las alternativas al mercado o mercados capitalistas. Para quienes hemos abrevado del pensamiento crítico, el simple concepto del mercado nos genera cierto distanciamiento. Sin embargo, los mercados son siempre construcciones sociales y, en el caso de los mercados capitalistas dominantes, construcciones con diversos grados de perversión. Mercados emergentes surgen en todas las órbitas sistémicas, pero las alternativas al mercado emergentes en la periferia o los límites del sistema capitalista hacia la construcción de nuevas posibilidades sistémicas son las que nos interesa destacar aquí, dado su potencial disruptivo-transformativo.


5.1 De la economía popular y solidaria a las alternativas
a los mercados convencionales del capital

En una reflexión lúcida y compleja, José Luis Coraggio (2013) propone que se pueden reconocer tres tipos de prácticas de pensamiento y acción en las economías populares y solidarias.  Se trata, en síntesis, de tres corrientes del pensamiento-acción:

  • A nivel microeconómico, la promoción de emprendimientos asociativos locales, gestionados por sus trabajadores-propietarios y en dirección del autoempleo, es decir, la mediante la integración social y el alivio de la pobreza vía reinserción (o primera inserción) de grupos de personas excluidas del mercado de trabajo (pág. 13).
  • A nivel meso, y dentro de una economía mixta, la construcción de un subsistema de economía solidaria que busca la articulación de microemprendimientos asociativos, la articulación de empresas sociales y, sobre todo, la construcción de redes y sujetos colectivos como asociaciones locales pro desarrollo local, o sectoriales y transversales de trabajadores autogestionados (pp. 14-15).
  • Finalmente, a nivel macro, la creación de un sistema o construcción de “Otra Economía” (otro sistema económico) buscando formas de superación del sistema cultural capitalista -de las relaciones de explotación capitalista del trabajo, del patriarcado y de otras formas de explotación- en una relación de contradicción y conflicto continuo con la economía del capital y la estatal. Ello supone una lucha donde economía, política y cultura se ven fuertemente imbricadas” (pág. 21).

Dentro de la segunda corriente o subsistema, Coraggio encuentra que surgen nuevas formas alternativas al mercado del capital, formas de organización de mercado como las ferias, que son una forma de institucionalizar el intercambio como centro de encuentro directo y solidario entre productores y consumidores” (pág. 20).

Sin embargo, como bien advierte Coraggio, las tres corrientes son significativas, dado que se necesitan mutuamente y constituyen niveles de intervención complementarios. (2013, pág. 23).

En contrapartida, algunos pensadores críticos cercanos al anarquismo sostienen que toda iniciativa socioeconómica que no esté fuera del sistema capitalista y sus mercados sería una forma de legitimización de éste. En este sentido, Miguel Amorós, historiador y pensador anarquista español, en una feroz crítica a la economía social, sostiene que:

(…) No se quiere situar la época en la historia y explicarla a partir de sus antagonismos sociales, porque no se trata de aclarar el terreno de la confrontación, sino de elaborar un discurso mistificador que encubra las consabidas prácticas reformistas de connivencia con la dominación (…)  El toque superficial, místico y holista, contribuye a ello. Así pues, las prescripciones contenidas, por ejemplo, en el municipalismo, la renta básica, el monetarismo social, el consumo y el turismo “responsables”, la doctrina del decrecimiento y el credo de los comunes, son ideales para “reorientar” a las masas hastiadas de tanto desarraigo hacia la frugalidad y el equilibrio” (Amorós, 2017, pp. 222-223).

En esta perspectiva, sólo desde “el afuera del sistema” sería coherente con una verdadera transformación social, lo que deviene en una necesaria revolución. 

Con todo, más allá de las posiciones extremas de algunas vertientes anarquistas, para numerosos autores es necesario realizar una revalorización crítica del mercado como una construcción social contralada donde también se puedan expresar la ciudadanía y la democracia (Plasencia y Orzi, 2006,
p.24):

“Diversos autores lo señalan como lugar privilegiado para ejercer ciudadanía y democracia. Así, autores como Hinkelammert, Coraggio, García Canclini, se muestran a favor de mercados con control, pero no de cualquier tipo, sino acompañados de una adecuada planificación económica y por medio de la participación democrática popular”. 

Se combinan, así, diversos tipos de control: la regulación del mercado por el Estado, pero también el control del mercado y del Estado por parte de la sociedad. 

 
5.2 Las formas alternativas en el consumo

Consumo y mercado son interdependientes y recursivos: podemos decir que el mercado genera y promueve ciertos tipos de consumidores y que, al mismo tiempo, los consumidores generan y promueven ciertos tipos de mercados. 

De ahí que, más allá de los consumos dominantes y convencionales que son generados por los mercados dominantes, existen nuevas formas alternativas de consumo que intentan abrirse brecha entre los mercados. De acuerdo con el trabajo de investigación doctoral de Rodrigo Rodríguez (2018, pp. 26-36), y apoyándose especialmente en Linders (2013) y otros autores, es posible encontrar diversas formas de consumo alternativas frente al tipo de consumo dominante, pero no todas pueden ser consideradas como solidarias. El autor considera al consumo solidario como la expresión de la economía solidaria.

El consumo ético  

Hace referencia a los códigos morales para consumir que tienen impactos sociales o ambientales, como si lastiman o dañan a las personas en la producción de bienes y servicios (niños, mujeres, trabajadores precarizados) o a la naturaleza -producción que destruye o contamina el medio ambiente o que utiliza sin discreción recursos naturales no renovables, de manera que va más allá del valor de uso que el consumidor obtiene. Sin embargo, esta perspectiva ética del consumo no parece tomar en cuenta o no le interesa la relación social entre productor y consumidor ni la dimensión política de su práctica. 


El consumo responsable 

Mas allá del consumo ético, el consumo responsable busca un consumo sin excesos y por ello va en contra del “consumismo” de la sociedad de mercado. Se puede decir que el consumo responsable va en contra de los altos niveles de consumo y considera la calidad de vida o bienestar como un valor más alto que la cantidad y la acumulación de bienes. Pero también, como una bisagra, el consumo responsable pretende impactar lo menos negativamente a las personas y al medio ambiente. De la misma manera que el anterior, el consumo responsable no establece vínculos cercanos con los productores ni necesariamente liga con movimientos sociales.


El consumo saludable 

Con un crecimiento cada día mayor a nivel mundial, el consumo saludable busca un estilo de vida desde la calidad de vida de las personas. Por ello su preocupación estriba en el consumo de alimentos sanos y naturales, aunque muchas veces de altos precios y provenientes de mercados sofisticados. Entre sus preocupaciones, el consumo saludable apela además al descanso, al ejercicio, al esparcimiento natural y a evitar bebidas y alimentos que dañan la salud. Como en los casos mencionados, estos consumidores pueden apoyar de manera tangencial a los otros tipos de consumo.


El consumo participativo o colaborativo. 

Como bien señala Rodrigo Rodríguez, se trata de la expresión de consumo de la economía colaborativa. Surge como consumo para dar paso luego a la expresión de economía colaborativa privada como modelo de negocio Peer to Peer o P2P (Cara a Cara) de UBER, Airbnb o WeWork. Se trata de un consumo que establece un espacio de colaboración buscando explícitamente sacar a terceras figuras entre el consumidor y el productor. Una expresión social de este tipo de consumo pueden ser las ferias y tianguis donde no se establecen compromisos estables entre productores y consumidores.

Sin embargo, según María Isabel Quintero (2018, p. 115), inscritas en las economías solidarias, en Latinoamérica la verdadera oportunidad de este modelo está a nivel local y comunitario donde escasos recursos pueden ser utilizados y aprovechados por más ciudadanos, satisfaciendo necesidades sociales, generando oportunidades económicas y democratizando servicios antes de uso exclusivo de un pequeño sector de la población y donde el consumidor sufre un cambio de mentalidad al exigir formas alternativas de consumo. Para ello, sostiene la autora, debemos crear paralelamente regulación y políticas públicas acordes a esta nueva ciudadanía activa y consciente de su entorno.


El consumo consciente 

Cercano al comercio justo y al consumo responsable, el consumo consciente hace defensa del consumo suficiente y sostenible ambientalmente. Sin embargo, yendo más allá que los otros tipos de consumo, el consumo consciente considera el precio de lo adquirido con el fin de encontrar un cierto equilibrio entre los precios del mercado convencional (bajos para el productor) y los precios del Comercio Justo (altos para el consumidor final y retribuciones bajas para el productor).


El consumo solidario 

Se considera el consumo solidario como: “(…) aquel que se practica en función del bienestar personal y colectivo, en favor de los trabajadores que producirán aquel bien o servicio y del mantenimiento de los ecosistemas” (Biagini y Arturo, 2008, citados por Rodríguez, 2018). Los mismos autores afirman que el consumo solidario es una continuidad del consumo crítico, el cual es una respuesta al consumismo propuesto por el capitalismo (aunque sea comprando a empresas capitalistas). Se supone que el consumo solidario admite únicamente la elección de bienes y servicios ofrecidos por iniciativas de economía solidaria.     

Siguiendo con Rodríguez, el autor considera que Euclides Mance (2006) es el principal promotor del consumo solidario en Brasil, para quien la elección de bienes y productos surgidos en la economía solidaria se debe a su intencionalidad de multiplicar células interconectadas en redes, con organizaciones diferentes incluso a las que se han puesto en marcha por la economía social. Para el filósofo y sociólogo brasileño, estas redes deben ser llevadas a la práctica situada y no depender de recursos digitales, aunque pueden apoyarse de estos.  La Red es la clave del consumo solidario, y las redes de colaboración solidaridad son el método de acción que refuerza, expande a la economía solidaria a través del consumo. De ahí su fuerte componente político, una especie de militancia política en el movimiento social.

Recapitulando, sostiene Rodríguez (2018, p. 36):

“(…) las formas de consumo que se han presentado tienen sus marcadas diferencias en el carácter explícito de trabajo compartido. Mientras el consumo ético puede terminar en el intercambio monetario como un acto individual acorde a una posición moral, y el consumo responsable tiene una carga política, en esta forma de consumo se pretende que no se convierta en un acto de confrontación, sino en una manera de resolver problemas comunes entre productor y consumidor. Por su parte, las iniciativas de Redes de Consumo Solidario sí operan con los criterios antes descritos. Por otro lado, las Redes de consumo solidario tienen pretensiones políticas y valoraciones éticas explicitas, cualidades que no son compartidas como imprescindibles para el consumo participativo”.  

Es decir, en el consumo solidario encontramos un conjunto de cualidades y características acumuladas de otros tipos de consumo: pretender ser ético, responsable, saludable, consciente, participativo, comprometido, en-redado y sociopolítico.


5.3 Alternativas solidarias
a los mercados capitalistas

Las alternativas a los mercados neocapitalistas son muy diversas. Ya en el capítulo anterior hemos dado un vistazo a las diversas economías alternativas y cuyas expresiones mercantiles -entendidas como alternativas a los mercados del capital- son la materia del presente capítulo. 

En el Cuadro 5.1 proponemos un comparativo de las nuevas alternativas a los mercados capitalistas. Estas alternativas las hemos dividido en Alternativas Solidarias de Intercambio de Bienes y Servicios, Alternativas Solidarias de Trabajo Digno, Alternativas Solidarias de Valores Solidarios y Alternativas Transversales o Territoriales. Asimismo, en cada tipo de alternativas al mercado hemos distinguido un amplio abanico de ámbitos-expresiones y las experiencias que las integran. Advertimos que se trata tan sólo de un mapa exploratorio de esta enorme diversidad de experiencias.

De este amplio abanico de alternativas, dadas sus aportes y significación para nuestra UAB-CIFOVIS, hemos considerado analizar solo algunas de las más representativas por su grado de visibilidad, magnitud (participación de actores involucrados) e impactos (socioeconómicos, políticos, culturales y ambientales). Nos referimos al Comercio Justo, los Sistemas Locales de Intercambio, los Mercados Sociales, los Mercados Solidarios y los Circuitos Económicos Solidarios.

En los apartados siguientes veremos brevemente en qué consiste cada una de estas alternativas.


5.3.1 COMERCIO JUSTO 

Entre las nuevas formas de comercio alternativo que han venido surgiendo desde tres o cuatro décadas atrás se encuentra la red global de Comercio Justo. La Organización Mundial del Comercio Justo (World Fair Trade Organization), antes Asociación Internacional de Comercio Justo, fue creada en 1989, y junto con la red Comercio Justo Internacional (Fairtrade Internacional), es una asociación global de 324 organizaciones en más de 70 países y con apoyo a más de 4,000 organizaciones de base, que representan a más de dos millones y medio de pequeños productores y trabajadores (World Fair Trade Organization y Fair-Trade International, 2018). Los miembros son cooperativas de productores de comercio justo, empresas de comercialización de las exportaciones, importadores, comerciantes, redes nacionales y regionales de comercio justo y las organizaciones de apoyo al mismo. Cuenta con más de 35,000 productos que se venden en miles de tiendas del mundo o tiendas de Comercio Justo, supermercados y muchos otros puntos de venta en todo el mundo. Entre los principales productos comercializados a través de estas redes se encuentran el café (80% del volumen y países), té, azúcar, plátanos, especias y nueces, arroz, frutas frescas, jugos, cacao, azúcar, miel, vino, flores y artesanías (cestos tejidos, joyas, cerámica, juguetes y tarjetas).

De acuerdo con la propia red, en su página de internet (WFTO. (2018):

“El Comercio Justo hace referencia a un movimiento social global que promueve otro tipo de comercio, uno basado en el diálogo, la transparencia, el respeto y la equidad. Contribuye al desarrollo sostenible ofreciendo mejores condiciones comerciales y asegurando los derechos de los pequeños productores y trabajadores desfavorecidos, especialmente del Sur. Las organizaciones de Comercio Justo están comprometidas en apoyar a los productores, sensibilizar y desarrollar campañas para conseguir cambios en las reglas y prácticas del comercio internacional convencional”.

Asimismo, en su plataforma electrónica sostiene que el Comercio Justo va más allá del intercambio y demuestra que una mayor justicia en el comercio mundial es posible. Resalta la necesidad de un cambio en las reglas y prácticas del comercio convencional y muestra cómo un negocio exitoso puede también dar prioridad a la gente[1].

Surgida entre los años 40-50 en Estados Unidos con las iniciativas Ten Thousand Villages y SERRV para la compraventa de bordado y artesanías, la Red ha logrado extenderse ampliamente a nivel mundial añadiendo productos como el café, el azúcar y otros muchos productos procedentes del sur global. Como movimiento, la Red u Organización Mundial de Comercio Justo (WFTO, por sus siglas en inglés, World Fair Trade Organization) agrupa a 400 organizaciones y calcula que existen más de 3,000 organizaciones de productores en más de 50 países del Sur y que sus productos pueden ser adquiridos en miles de tiendas especializadas y otros establecimientos convencionales. 

Así, en 1987, 11 importadoras europeas constituían la Asociación Europea de Comercio Justo, y dos años más tarde se creó IFAT (hoy WFTO), en 1997 se crea Fairtrade Labelling Organizations Internacional (FLO) y cinco años más tarde su Sello de Certificación Internacional de Comercio Justo llamado Fairtrade (Internacional Fairtrade Certification Mark). Para 2004 la WFTO desarrolla un sistema de evaluación de las organizaciones y formaliza la marca Organización de Comercio Justo de IFAT, para las entidades que cumplen con los requisitos.

Muchos investigadores han estudiado el Comercio Justo, reconociendo sus aportes y criticando sus límites. Por ejemplo, Ceccon y Ceccon (2010, p. 89) afirman que, efectivamente, el principal fin del comercio justo es crear una red de comercio alternativo con el pago de un precio justo a los productores, la promoción de valores sociales y de respeto al medio ambiente, así como donde todos los actores participantes comparten las ganancias de manera igualitaria y contribuir a atenuar la pobreza del Sur.

Sin embargo, de acuerdo con Renard (2003, citado en Cabrera et al., 2002), en el movimiento existen dos visiones tensionadas:  

  1. La radical -política e ideológicamente vinculada con otros movimientos sociales- que busca cambiar el modelo económico dominante y el comercio justo como herramienta de transición para hacer del comercio justo una regla general; 
  2. la pragmática, que busca condiciones más justas e igualitarias y demostrar, con el Comercio Justo, que el modelo económico no es monolítico. 

Con todo, para Cabrera et al. (2002), ambas visiones son diferentes, pero comparten el ideal de luchar contra el poder absoluto y omnipresente del mercado que domina y explota a los pequeños productores.

Ceccon y Ceccon, 2010, pp- 89-90:

“Cabe recordar que, en lo general, el Comercio Justo no tiene planteamientos transgresores ni pretende invertir el orden económico y social mundial, pero sí intenta transformar indirectamente la sociedad a través de un modelo más equitativo y sustentable en donde las relaciones comerciales sean más justas, éticas y solidarias”. 

Por lo tanto, se reconocen aspectos positivos como:  hacer del acto de comprar una acción política -donde las relaciones económicas no siempre son de libre competencia ni que siguen la mecánica de los paradigmas de la teoría económica neoclásica-, tomar en cuenta los costos sociales y ecológicos de producción y ver el comercio equitativo como una herramienta para el desarrollo.[2]

Esto mismo lo valida Comercio Justo México (2008) cuando argumenta que se trata de comercio diferente al comercio convencional basado en la justicia social, la calidad de producto (certificado) y el cuidado de la naturaleza, la vinculación directa y de largo plazo entre pequeños productores y consumidores y contribuye a la construcción de un modelo de desarrollo sustentable y solidario. [3]

Sin restar atributos a las apuestas del Comercio Justo, habría que preguntarnos de manera crítica qué tan justa es esta alternativa socioeconómica. Los mismos Ceccon y Ceccon (2010, p .98) nos advierten sobre algunas de sus contradicciones y tensiones en su interior:

  • Los productores y la certificación: una relación difícil dado que algunas organizaciones de productores estiman el sistema de certificación y regulación del Comercio Justo está guiado más por cuestiones comerciales que por la solidaridad; 
  • La diversificación de los productos y el problema de la transformación (agregación de valor en el sur global);
  • La relación inequitativa consumidor-productor: pesa más la voluntad del consumidor que las necesidades del productor;

Algunas críticas adicionales al Comercio Justo son las siguientes:

  • El costo energético por el transporte interoceánico (no de proximidad);
  • Establecer un mayor vínculo con la soberanía alimentaria para incluir a los más pobres (que quedan fuera de la Red) y eliminar las barreras que impiden pasar de una producción de bajos salarios a una de mayor valor agregado.
  • Sostener una mayor acción política, mediante acciones colectivas, contra las empresas transnacionales (el comercio justo se encuentra más cercano a la filantropía que a la mejora real de los derechos de los productores) y contribuir al fortalecimiento de los movimientos sociales[4].


5.3.2. Sistemas Locales de Intercambio o LETS
(Local Exchange Trading Systems)

El trueque moderno o LETS nació en Canadá en los años 70 (Vancouver), los Estados Unidos (Virginia) y Alemania. En los años ochenta, desde Canadá se expandieron a Australia, Nueva Zelanda y Reino Unido, donde crecieron de manera amplia. Ya en los noventa surgieron en Francia, donde el sistema SEL (Sistema de Intercambio Local) tiene 300 nodos.

Como sostiene Julio Gisbert (2014, pp. 11-14), los sistemas LETS (Sistemas Locales de Comercio e Intercambio, en español) se basan en sistemas de trueque y son iniciativas locales no lucrativas que proveen a la comunidad de información de los productos y servicios que sus miembros pueden intercambiarse entre sí. Para ello utilizan una moneda o divisa propia cuyo valor es consensuado por ellos mismos y registran manual o electrónicamente todas las transacciones realizadas entre ellos. Los principios básicos sobre los que se sustentan son la reciprocidad, la confianza y la ayuda mutua. 

Se considera que estas iniciativas nacen cuando existen situaciones en la economía -desempleo, precariedad, migraciones, incremento de la pobreza, etc.- que afectan las condiciones locales. Los sistemas LETS surgen como alternativa al crear un nuevo mercado local paralelo al tradicional y un sistema bancario alternativo. Gisbert afirma que las aptitudes, habilidades, conocimientos e incluso los bienes de las personas son los que los que se ponen en común para utilizarlos como valor de intercambio en beneficio de la comunidad. 

La entidad parabancaria funciona con cuentas individuales en la nueva moneda local y libres de fluctuaciones y especulación ya que la base del sistema es la confianza y el bien común. Crédito y alquiler de objetos también puede formar parte del sistema y la riqueza generada no sale de la comunidad[5].

Como suele suceder en otras experiencias sociales de todos tipos, el voluntarismo de sus promotores y la falta de apoyo institucional a estos proyectos suelen ser las razones principales por las que la mayoría de estas iniciativas perduran muy poco en el tiempo o caen en la marginalización hasta desaparecer. En contrapartida, en los casos que emergen y crecen rápidamente como en Australia, Reino Unido y en Argentina, se han tenido que reglamentar e incluso tributos incluso en moneda local.


5.3.3. Los Mercados Sociales

Una de las prácticas alternativas a los mercados del capitalismo que más están creciendo de manera reciente son los mercados sociales, principalmente en España. Herederos de las tradicionales ferias locales o regionales de ECOSOL[6], los mercados sociales pretenden convertirse en un paso más adelante, un espacio más articulado entre productores y consumidores. Como veremos más adelante, los mercados sociales buscan alcanzar conexiones intercooperativas parecidas a las Circuitos Económicos Solidarios impulsados en Brasil por Euclides Mance.

Sin embargo, como señala Jordi García (2010, p. 62), el aislamiento es la principal debilidad de la mayoría de las experiencias económicas solidarias y al mismo la mayor limitación al desarrollo del sector:

“Si bien es verdad que existen realidades consolidadas de la economía solidaria en cada una de las fases del ciclo económico y que la intercooperación siempre está en boca de sus actores, a la hora de la verdad la mayoría de iniciativas no colaboran ni se articulan entre sí, a veces ni tan sólo se conocen. Los productores cooperativos no suelen distribuir sus productos por canales de comercialización justa ni depositan su capital en entidades de finanzas éticas”.

De acuerdo con la Asociación de Redes de Mercado Social (konsumoresponsable, 2018 y Askunze, 2013, p.114):

“Una red de producción, distribución y consumo de bienes y servicios que funciona con criterios éticos, democráticos, ecológicos y solidarios, constituida por empresas y entidades de la economía social y solidaria junto con consumidores y consumidoras individuales y colectivos. El objetivo es que esta red pueda cubrir una parte significativa de las necesidades de sus participantes dentro de la red y desconectar la economía solidaria de la economía capitalista, tanto como sea posible”.

En buena medida los mercados sociales buscan dos grandes objetivos:

  • Construir un espacio de consumidoras, proveedores y distribuidoras, donde la ciudadanía pueda ejercer nuestra opción de consumo con compromiso social.
  • Oponer un frente alternativo a los grandes almacenes y supermercados capitalistas y su lógica depredadora y consumista.

Los mercados sociales pretenden, en cada uno de los territorios, además:

  • Potenciar la visibilidad, viabilidad y sostenibilidad de las entidades de Economía Solidaria y, especialmente, crear circuitos alternativos al comercio convencional desde la perspectiva del consumo responsable.
  • Fomentar e Implicar en la corresponsabilidad a cada persona o entidad consumidora, productora, distribuidora, para cambiar el mercado.

Cada uno de los mercados sociales en España forman parte y se coordinan a través de la Asociación de Redes de Mercado Social: REAS Red de Redes, Coop57 (Servicios financieros éticos y solidarios), Fundación Fiare (Banca ética), Seguro ético y solidario CAES, Som Energia (cooperativa de energías renovables), Centro de Información e Investigación en Consumo (editores de la revista Opciones), Ecologistas en Acción (300 grupos ecologistas confederados), Diagonal (periódico quincenal de actualidad crítica) y los mercados sociales de cuatro territorios representados por Aragón, Baleares, Euskadi, Navarra y Madrid. Entre todas estas organizaciones suman más de 50,000 personas socias, 10,000 trabajadoras contratadas y más de 1,500 entidades organizadas alrededor de la economía solidaria.

Para Carlos Askunze (2013, p.114), uno de los referentes españoles de las prácticas de economía solidaria -promotor de los mercados sociales y coordinador de REAS Euskadi-, el mercado social es una propuesta de comercialización alternativa y consumo crítico que surge desde el REAS, con el apoyo de otras organizaciones sociales, con el fin de concretar en la práctica un espacio alternativo de producción, comercialización, financiación y consumo. Se trata, en definitiva, de poner en práctica los principios de la Economía Solidaria e interconectar las diferentes iniciativas económicas que impulsamos. 

Blanca Crespo y Fernando Sabín (2014, p. 97), por su parte, enfatizan que se trata de interconectar o articular las diferentes iniciativas económicas que impulsan las economías solidarias poniendo en el centro al mercado como el espacio equitativo, democrático y solidario transformación de las relaciones económicas: 

 “(…) abordar el mercado como escenario principal de transformación reconociendo que los intercambios económicos son expresión de nuestra interdependencia y que el fin último del mercado no es el lucro individual, sino el bienestar colectivo y el establecimiento de relaciones de confianza, cercanía y reciprocidad, esto se traduce en una suerte de desmercantilización del propio mercado y de las relaciones personales. Adjetivar, por tanto, como social al mercado que queremos construir implica poner en el centro de las relaciones económicas las personas y la sostenibilidad de la vida; y poner las bases para hacerlo alcanzable a través de la aplicación de los siguientes principios: democracia económica, justicia, coherencia entre producción y consumo, igualdad y derecho a la participación económica. Principios que no sólo se recogen en la carta de la economía solidaria, sino que son los que mueven el cambio político y social actual en este país.”

De ahí que, siguiendo con Askunze, las características básicas de la propuesta del mercado social sean las siguientes:

  • “Un mercado basado en valores alternativos a los del mercado capitalista: equidad, transparencia, democracia, solidaridad, participación, sostenibilidad ambiental, inclusión social, etc.
  • Un mercado que promueve y se basa en la intercooperación entre las entidades de la economía solidaria, para poder subsistir, crecer y ser alternativas económicamente viables.
  • Un mercado en el que los pequeños productores y productoras vuelvan a controlar la venta y distribución de lo que producen y puedan fijar el precio de sus productos o lo fijen de común acuerdo con las personas consumidoras.
  • Un espacio donde la ciudadanía pueda ejercer una opción de consumo con compromiso social y que aglutine los esfuerzos de las personas consumidoras para multiplicar su potencial transformador. 
  • Un mercado que impulse y fortalezca el sector de la Economía Solidaria, las empresas de inserción, los productos y servicios de entidades con compromiso social, el comercio justo, la soberanía alimentaria, los productos locales y ecológicos, las finanzas y seguros éticos, etc.
  • Un mercado en el que la ciudadanía pueda visualizar de manera integral todos los productos y servicios del sector de la Economía Solidaria” (2013, p. 115).

Para el mismo Askunze, las tareas educativas y de sensibilización ciudadana son fundamentales: favorecer el consumo de productos y servicios alternativos y rechazar el sobreconsumo superfluo y la publicidad agresiva, proponiendo boicots a empresas que violan los derechos humanos, ambientales y/o sociales, etc.

Finalmente, Crespo y Sabín (2104, pp. 114-115) hacen cara frente a los dos grandes retos de los mercados sociales:

  • Escalabilidad: crecimiento hacia grandes sectores del consumo como el bancario, energía, telecomunicaciones, ropa, servicios profesionales, cultura como un movimiento capaz de influir en la economía del país de manera más integral;
  • Apegarse a las propuestas teórico-prácticas de los movimientos sociales y seguir retroalimentándose de corrientes de pensamiento convergentes como la economía feminista, el ecologismo o el decrecimiento.

Algunas experiencias locales van tratando de responder a estos retos desde los supermercados cooperativos. Una experiencia consolidada ubicada en Brooklyn, Nueva York, en los Estados Unidos, es la Park Slope Food Coop (o FOOD COOP) con cuatro décadas funcionando. Se trata de:

“(…) un supermercado cooperativo propiedad de las más de 16,000 personas socias, que vende productos ecológicos, de proximidad, comercio justo y un porcentaje de convencionales, cuando el diferencial de precio es muy grande. Más de 70 empleados y tres horas al mes de trabajo obligatorias para asociados, que logran rebajas en los precios que rondan el 40% manteniendo la justicia en el pago a proveedores. El supermercado más rentable de la ciudad, haciendo diez veces la venta por m² de los supermercados convencionales. Disponen de servicio de guardería, editan su propio periódico para pasar el rato en las largas colas, tienen una amplia oferta sociocultural y han impulsado innovadores mecanismos de gestión para posibilitar la autoorganización de miles de personas.” (Fernández, 2017).

Con la producción y exhibición de su documental[7], Food Coop ha ayudado a generar una ola de experiencias similares de menores dimensiones, pero con cierto escalamiento, en más de 50 ciudades como Bruselas, parís, Madrid, Estocolmo, Parma, entre otras. Entre los supermercados cooperativos españoles destacan: 

  • El supermercado La Louve de París con más de 5,000 personas asociadas, 
  • la asociación Landare, en Navarra, que agrupa a más de 3,600 familias, 
  • Bio Alai en Vitoria con 1,400 socios, 
  • Labore de Bilbao,
  • Encinar en Granada, con 400 participantes,
  • Árbore en Vigo, 
  • Som Alimentació en Valencia, 
  • L’Egarenca en Terrassa,
  • El Brot en Reus,
  • Bioetremol, la cadena de tiendas cooperativizadas de Alicante y
  • MARES en Madrid.

5.3.4 Los Mercados Solidarios

Muy cercanos en términos conceptuales y en sus objetivos a los Mercados Sociales -tanto que no resulta fácil distinguirlos y aunque todavía con alcances más limitados en sus experiencia-, el concepto de mercados solidarios nos permite acercarnos más a las economías solidarias tanto en su pensamiento como en su acción. Lo solidario se vuelve fundamental en esta perspectiva. 

Una definición amplia y precisa de los mercados solidarios, desde su perspectiva ética, es la que sostienen Plasencia y Orzi (2006, pp. 25-26):


“(…) Un mercado solidario es un mercado en el que sus participantes (compradores, vendedores, productores, usuarios, reguladores, legisladores, promotores, etc.) actúan con una lógica en la que la búsqueda de ventajas económicas particulares se realiza en el marco de consideraciones morales, que limitan el campo de las acciones aceptables, de modo que nadie pueda resultar afectado en las condiciones de reproducción de su vida. Estas consideraciones morales persiguen el objetivo general de permitir el desarrollo de las capacidades e iniciativas humanas, asegurando –a la vez– la reproducción de la vida de todos”. 

Destacan es esta definición su gran objetivo, que es la reproducción de la vida de todos; el paso de una economía de mercado a una sociedad con mercado (no sólo regulado estatalmente, sino controlado socialmente); con intercambios no regidos por precios, y menos aún autorregulados; donde competencia y cooperación se complementan, pero con prevalencia de la cooperación; y, como todo en la vida humana, no exenta de conflictos y dilemas como intercambios desiguales, diferencias entre productores y consumidores, exclusiones diversas tanto entre productores como entre consumidores, con tensiones entre la “mercadofilia” propia de los neoliberales y la “mercadofobia” propia de los alternativos (Plasencia y Orzi (2006, pp. 26-28).

Esta definición es abarcadora de actores vinculados comunitaria y socialmente, pero ceñida a la solidaridad como una característica fundamental de estos mercados donde este valor se practique en sus propias organizaciones y redes y que deben proyectar al conjunto de la economía.

Por su parte, Hened Josefina Musalem Aquino (S/F), en su blog personal, tiene un ensayo que lleva por título “Mercados Solidarios: Espacios de resistencia”, donde afirma que la característica principal de los mercados solidarios es:

“(…) unificar la producción y el consumo, como procesos que forman parte de un todo, al volverse los espacios donde los productos se distribuyen para su consumo de forma directa, en base a lógicas no capitalistas de vida en las que el principal objetivo es la producción/consumo para la reproducción de la vida (entendida en su sentido más amplio que sería la reproducción de todo lo viviente, es decir, la naturaleza que incluye a los seres humanos) intentando construir una propuesta de proyecto emancipador”.

La vinculación no capitalista de productores y consumidores para la reproducción de la vida y la construcción de un proyecto emancipador es la clave de los mercados solidarios. Desde esta perspectiva, a los participantes de estos mercados solidarios se les podría llamar “prosumidores” (combinación de las palabras productor y consumidor). De forma que, para la autora mencionada, esta forma de vinculación rompe con las dos esferas de los mercados convencionales y con la figura del intermediario que se apropia de una buena parte de la riqueza generada. El proceso de vinculación favorece la transformación subjetiva -subjetivación- de los individuos al participar en uno u otro ámbito, así como también la subjetivación social al participar en un colectivo. Acontece, como señala Hened Musalem retomando a Bolívar Echeverría (2014): “el producir es objetivar, inscribir en la forma del producto una intención transformativa dirigida al sujeto mismo, en tanto que consumidor (…) se absorbe la forma de la cosa y se deja transformar por ella”.

Por su parte, en su estudio sobre monedas sociales y mercados solidarios, Plasencia y Orzi (2006), proponen varios asuntos relevantes:

  • El objetivo es la reproducción ampliada de la vida de todos. 
  • Tanto la cooperación como la competencia participan en la dinámica de un mercado solidario. 
  • Los intercambios no están regidos sólo por precios (y menos por precios que se autorregulan) sino por un espacio de socialización en donde se producen encuentros, intercambios de información, se facilita el conocimiento mutuo, la construcción de redes sociales, etc. 
  • Aceptar el mercado, aun solidario, conlleva conflictos y dilemas, ventajas y riesgos: los emprendimientos entren en competencia entre ellos, se someten al arbitraje de los consumidores, genera dilemas al posibilitar intercambios desiguales, se puede tornar excluyente (solo incluye a los ganadores en la competencia). 

Por esta última razón, señalan los autores, los mercados solidarios necesitan de la presencia significativa de productores y consumidores asociados, vinculados a comunidades más amplias, que practiquen en sus propias organizaciones y redes los valores morales que deben proyectar al conjunto de la economía. 


5.3.5 Los Circuitos Económicos Solidarios

Los trabajos del brasileño Euclides Mance (2018) -filósofo de la liberación, sociólogo de la complejidad e investigador y asesor de economías liberadoras solidarias- se han centrado especialmente en el estudio, comprensión y promoción -una conjunción transformativa de pensamiento/afectos/acción- de las Redes solidarias, su revolución socioeconómica, y su concreción específica en los Circuitos de Colaboración Solidaria o Circuitos Económicos Solidarios (CES, en adelante).

Hemos visto que desde la perspectiva del análisis marxista las diversas formas de acumulación del capital ocurren entre la desposesión -vía primaria u originaria-, la represión -violación sistemática y estructural de derechos- y la acumulación por explotación del trabajo. Sin descartar las anteriores vías de acumulación capitalista, esta última es la perspectiva marxista que enfatiza Euclides Mance en su propuesta, aunque incluye también la explotación de la naturaleza. 

De acuerdo con Mance, en la economía del capital y su reproducción ampliada, la plusvalía es generada por el trabajo, el cual es explotado por el capital productivo, pero es compartida y convertida en ganancia por las dos clases de capital -productivo e improductivo. Sin embargo, sugiere Mance, la cuestión es aún más compleja, pues los flujos de la economía del capital están interconectados con los flujos de la economía social y solidaria. Por esta razón, Mance nos propone no sólo atender el modo de producción alternativo, dado que su plusvalor solidario de hecho es extraído a partir de los intercambios con el sistema del capital, sino también sus flujos de intercambio (2017, sin página):

“Cuando la economía social y solidaria produce valores de uso, pero no soluciona el intercambio de valores, gran parte del valor generado por el sector solidario es acumulado por empresas capitalistas que compran y venden productos solidarios o financian la producción, intercambio y el consumo de estos productos. Así, es un gran error focalizar la atención solamente sobre el modo de producción. Es también necesario focalizar la atención sobre el sistema de intercambio. Los Circuitos económicos Solidarios presentan una solución para este problema bajo la perspectiva de la economía de liberación”. 

De ahí que, para Mance (2011), los Circuitos Económicos Solidarios integren procesos de consumo, comercialización, producción, financiamiento, desarrollo tecnológico y humano, de manera territorial en diversas escalas, para promover el desarrollo económicamente viable, ecológicamente sostenible y socialmente justo para el Buen vivir de todos. La organización de Circuitos Económicos Solidarios exige, entonces, la constitución de redes colaborativas entre actores solidarios y una reorganización de los flujos económicos que atraviesan un territorio o una red.  

Mance, en el mismo texto, distingue dos formas de operación básicas de los Flujos de Medios Económicos:

En el mercado: se regulan por “la escasez” (oferta menor que demanda) para que haya acumulación de valor económico mediante la generación de lucro y utilidades;

En las redes de economía solidaria: se regulan por “la abundancia” (atención a las necesidades de todos) para asegurar el Buen vivir de las personas y preservando el equilibrio dinámico de los ecosistemas.

Por lo anterior, para reorganizar los flujos económicos de manera sostenible y solidaria es necesario crear lazos de retroalimentación económica entre los actores solidarios de una red o territorio posibilitando reproducir, de manera ampliada, el valor económico en provecho de todos. El proceso implementado en un Circuito Económico Solidario resulta ser virtuoso ya que permite que el consumo solidario de productos y servicios active la producción; el aumento de la producción crea puestos de trabajo; la generación de puestos de trabajo distribuye la riqueza; la distribución solidaria de la riqueza activa tanto el consumo solidario cuanto la creación de nuevos emprendimientos y empresas y la creación de nuevos emprendimientos y empresas genera productos diversificados y nuevos puestos de trabajo. Y así sucesivamente. Sin embargo, para Mance, este ciclo se reproduje ecológicamente, garantizando sustentablemente el Buen vivir de la colectividad.

Por tanto, no basta con promover experiencias micro de economía solidaria, sino que resulta fundamental constituir redes de economía solidaria para reorganizar los flujos económicos de un territorio y para impulsar el desarrollo endógeno a partir de sus comunidades en favor del buen-vivir de todos. Para el filósofo y sociólogo brasileño, algunos aspectos o pasos a destacar en la instrumentación de los Circuitos Económicos Solidarios son los siguientes (Mance, 2011):

  • Mapear los flujos económicos que atraviesan los territorios y redes locales, nacionales e internacionales. 
  • Proyectar la producción bajo demanda para el atendimiento de las necesidades mapeadas.  
  • Proyectar los circuitos económicos solidarios y redes colaborativas para conectar emprendimientos y facilitar su integración. 
  • Crear emprendimientos y adoptar las tecnologías sociales adecuadas para fortalecer los intercambios económicos solidarios proyectados. 
  • Formar redes de economía solidaria integrando los varios actores. 
  • Reorganizar las cadenas de producción, comercialización, consumo y financiamiento. 
  • Constituir arreglos socioeconómicos solidarios para promover el desarrollo endógeno sustentable en sus dimensiones económica, ecológica y solidaria.

En suma, a través de los Circuitos Económicos Solidarios es posible:

“organizar un modo nuevo de apropiación económica, que compone formas de propiedad individual, asociativa y pública, mediado por un sistema de intercambio económico solidario que compone de manera estratégica tres modos distintos de obtención de medios económicos -comprar-vender, truequear-truequear y dar-recibir- para que se pueda realizar la liberación de las fuerzas productivas, poniéndose el desarrollo científico y tecnológico al servicio del buen-vivir de toda la humanidad” (Mance, 2018, sin página). 

O, dicho de otra forma, se trata de transitar de una economía fundada en “acumular valor de cambio” hacia una economía fundada en “distribuir valor de uso” mediante la organización de cooperativas integrales de autogestión comunitaria y sus circuitos solidarios de intercambio. En este sentido, Lopera y Mora señalan -en las conclusiones de su estudio “Los circuitos económicos solidarios: espacio de relaciones y consensos” (2009, p. 92)-, que la integración solidaria en forma de circuitos se constituye en una de las posibilidades más importante del sector socioeconómico solidario, puesto que es la que se convierte en la clave de la viabilidad de los proyectos de cada unidad económica. Es decir, que: “en cada nivel y en cada organización de grupos la relación social es la que organiza los factores para producir en las distintas fases económicas. De este modo, las relaciones comunitarias se vuelven más importantes, como un verdadero factor económico, al igual que el trabajo, la tecnología, los medios materiales o el financiamiento (…). 

En palabras nuestras podemos afirmar que los CES pretenden “sistemizar” de manera práctica y concreta, así como en lo local y regionalmente, las diversas iniciativas económicas solidarias: las dimensiones ética, económica, social-solidaria, ambiental e incluso de innovación social y tecnológica están presentes en sus intenciones, objetivos y estrategias de articulación e intercambio.


5.4 Análisis comparativo de las alternativas
 a los mercados del capital

Por tanto, aunque las fronteras entre las diversas prácticas alternativas al mercado son porosas, en el Cuadro 5.2 realizamos un primer ejercicio de reconocimiento de los actores que realizan dichas prácticas. Como se observa, hemos utilizado las categorías analíticas del capítulo anterior, aderezadas con algunas adicionales que creemos necesarias para completar el análisis. Conviven en este cuadro las siguientes: ya explicadas en el capítulo anterior, significación (valores), relaciones de intercambio, condiciones espaciales de intercambio, valor de productos y servicios, determinación del valor, prácticas para la toma de decisiones, tipo de organización; y las nuevas categorías como proximidad o alcance territorial (global, nacional, regional, local-comunitaria), recursos implicados (sociales-solidarios y mixtos -municipales, empresariales, estatales-), otros procesos económicos implicados (financiamiento ético-solidario, capacitación y asesoría en su diversidad -privadas como organizaciones civiles no lucrativas, fundaciones y universidades, o públicas como instituciones gubernamentales), diversidad de productos-servicios intercambiados (amplia, como alimentos orgánicos, artesanías, ropa, cerámica, etc., o restringida, como alimentos), mecanismo de intercambio (alternativo como moneda social-comunitaria y trueque, moneda oficial y mixta), periodicidad de intercambio (permanente o periódico), magnitud-tamaño de la experiencia (macro, meso y micro por cantidad de actores involucrados), sustentabilidad ambiental (circular en todo el proceso de producción, empaque, residuos, o limitada a alguna etapa del proceso), prácticas de equidad de género (participación femenina en la toma de decisiones y liderazgo), interculturalidad en las prácticas socioeconómicas (participación de diversas culturas en celebraciones, fiestas, tradiciones y símbolos compartidos), empoderamiento sociopolítico (participación en movimientos sociales e incidencia política en políticas públicas como leyes y programas) y ventajas socioeconómicas para los actores sociales (para algunos como intermediarios, productores, consumidores o para todos). 

El Cuadro 5.2 compara las diversas experiencias alternativas mercantiles -Comercio Justo, LETS, Mercados Sociales, Mercados Solidarios y Circuitos Económicos Solidarios- respecto de dichas categorías. Se trata fundamentalmente de un cuadro indicativo, de acuerdo con las diversas prácticas en sus formulaciones y hechos, que debe ser puesto en perspectiva crítica y empírica. 

Una rápida observación comparativa nos refleja lo siguiente, obviando que en todos los casos se trata de preponderancias, énfasis o tendencias y nunca una camisa de fuerza analítica sino hipotética:

  • En relación a la significación de la experiencia: la reciprocidad y la vida son los valores dominantes en la mayoría, con excepción del Comercio Justo, donde predomina la confianza.
  • En las relaciones de intercambio, nuevamente dominan las relaciones directas entre productor y consumidor, con excepción del Comercio Justo donde tiende a prevalecer el intermediario.
  • En las condiciones espaciales de intercambio, predomina la relación física cara a cara, salvo en los mercados sociales donde puede prevalecer la relación virtual de las plataformas digitales.
  • El valor de uso parece ser el principal valor en las relaciones de intercambio, donde de nuevo Comercio Justo destaca por el valor de cambio de los intermediarios que se combina con el valor de uso de los consumidores.
  • Quién determina el valor es una categoría que combina diversas posibilidades: recae más en los intermediarios del Comercio Justo, en los productores de los LETS y Mercados Sociales, y compartido entre productores-consumidores en los Mercados solidarios y los Circuitos económicos.
  • La toma de decisiones parece ser de carácter más jerárquico en el Comercio Justo y más democráticas en el resto;
  • En el tipo de organización existe una diversidad: formales, no formales y mixtas.
  • Respecto al alcance territorial de las experiencias, la mayoría tienden a la escala local-regional, algunas a lo nacional y sólo Comercio Justo a la escala global.
  • Los recursos sociales-solidarios prevalecen en la mayoría de las experiencias, con excepción del Comercio Justo y LETS (donde suele haber apoyos municipales).
  • El financiamiento ético y los procesos de capacitación-asesoría se encuentran presentes en las diversas experiencias, de manera que el desarrollo de productores como proveedores y de los consumidores desde el consumo consciente o solidario son prácticas continuas en estas alternativas al mercado.
  • La diversidad de bienes y servicios intercambiados es amplia en la mayoría de las experiencias, con salvedad tal vez de los Mercados Solidarios, donde tienen a prevalecer los alimentos agroecológicos;
  • Los mecanismos o dispositivos mixtos (sociales-solidarios junto con la moneda oficial) para favorecer el intercambio son la mayoría, salvo en el Comercio Justo donde la moneda oficial es la dominante.
  • La periodicidad nos indica una cierta permanencia de los intercambios en la mayoría de las alternativas, tal vez con excepción de los Mercados Solidarios que pueden ser semanales, mensuales, etc..
  • La magnitud o tamaño de la experiencia nos indica una diversidad: macro, en el caso del Comercio Justo, micro en las experiencias de intercambio cara a cara como los LETS y los Mercados Solidarios, y meso en los casos de los Mercados Sociales y los Circuitos Económicos.
  • Otra categoría central en el análisis es la relación con el medio ambiente, y la hipótesis compleja que proponemos nos indica que tiende a ser circular en la medida en las diversas experiencias procuran cierto cuidado del medio ambiente en todo el proceso de producción-circulación-consumo, tal vez con excepción de los mercados sociales virtuales, donde el control de la sustentabilidad puede resultar más complicado.
  • Feminismo y anti-patriarcado son prácticas sociales cada vez más consientes en las alternativas al mercado, de manera que la participación femenina en la toma de decisiones y su liderazgo son reconocidos más ampliamente (aunque ello no significa que no existan contradicciones internas y en otros ámbitos de las mujeres y hombres involucrados). 
  • La participación de diversas culturas en celebraciones, fiestas, tradiciones y símbolos compartidos es una nota distintiva de las alternativas al mercado. Tal vez la mayor dificultad se encuentra en el Comercio Justo debido a su dimensión global y de intercambio mediado.
  • También la participación en movimientos sociales -vinculados a las economías alternativas, al medio ambiente, al feminismo, a las luchas globales de resistencia, etc.- es cada vez más amplia en las alternativas, y su búsqueda de incidencia política en torno a las políticas públicas como leyes y programas va cobrando fuerza en general con sus limitaciones respecto a su posición con el estado.
  • Finalmente, se puede afirmar hipotéticamente que en todas las alternativas las ventajas socioeconómicas son equitativas para todos, (productores, consumidores e intermediarios), pero tal vez sea en el Comercio Justo donde los intermediarios gozan más de ellas sin pretenderlo.

 
Hemos realizado un amplio repaso de las diversas categorías analíticas aplicadas de manera hipotética a las diversas alternativas. El conocimiento surgido de estudios críticos previos permite suponer lo explicado. Estudios concretos empíricos deberán confirmar o no esta variedad compleja de hipótesis socioeconómicas de las alternativas a los mercados del capital.

5.5 Breve revisión de la literatura sobre casos de alternativas socio-mercantiles en México

Para el caso mexicano, una revisión acotada de la literatura permite descubrir una gran variedad y cantidad de experiencias estudiadas que, desde las alternativas socioeconómicas, apuestan a otros mercados. 

El diagnóstico sobre la ECOSOL publicado en 2013 por la Universidad Iberoamericana Puebla (Ibero Puebla), la Secretaría de Economía (SE) y el Instituto Nacional para las Empresas Sociales (INAES) reconoce varios subsectores que la integran: el Agrario, el Cooperativo, el de Empresas de los trabajadores y el de “otros” (donde entran las Sociedades de Solidaridad Social o SSS). 

De acuerdo con la IBERO Puebla et al (2013, pp. 7-10), el subsector agrario está integrado por Ejidos, Comunidades, Uniones de Ejidos, Uniones de Comunidades, Sociedades de Producción Rural, Uniones de Sociedades de Producción Rural y Asociaciones Rurales de Interés Colectivo, en el Censo Ejidal de 2007 se reconocía una existencia total de 31,514 entidades. El subsector agrario mexicano resulta vital en todos los sentidos para un modelo alternativo de biodesarrollo y buen vivir en nuestro país: estas figuras sociales rurales poseen poco más de 100 millones de hectáreas, equivalentes al 51% del territorio nacional, donde se encuentra el 80% de los bosques y selvas, el 74% de la biodiversidad y las dos terceras partes de los litorales que tiene el país. Además, el sector social rural, es responsable de poco menos de la mitad de la producción agrícola total. Sin embargo, el subsector agrario ha venido perdiendo asociatividad en el contexto neoliberal mexicano -los ejidos y comunidades con figuras asociativas representan solo el 34.3% del total y cada vez son menos- y “los ejidatarios y comuneros, en su mayoría, más que vender su tierra, están buscando que fluya la inversión privada a los núcleos agrarios, es decir, están practicando una forma neomoderna de rentismo agrario totalmente legal, pero ajena a los propósitos de fortalecimiento y expansión del SSE en el campo mexicano” (p. 11). En este sentido, y tan sólo desde la mirada local y comunitaria, el antropólogo social y ecologista Víctor Toledo (2013) encuentra que “(…) En México existe un registro de un millar de experiencias locales, de inspiración ecológica, realizadas por empresas sociales, casi todas indígenas, distribuidas principalmente por el centro y sur del país”.

Sobre el subsector cooperativo -integrado por Sociedades Cooperativas de productores de bienes y/o servicios, Sociedades Cooperativas de consumidores de bienes y/o servicios, Sociedades Cooperativas de ahorro y préstamo y los organismos de integración cooperativa[8]– el mismo Diagnóstico de la Ibero Puebla et al (2013, p. 13) encuentra que no existe un registro oficial de sociedades cooperativas, salvo en el caso de las de ahorro y préstamo, pero se calcula alrededor de 15,000 cooperativas en el país con siete millones de socios.  El l Registro Nacional Único de Sociedades Cooperativas de Ahorro y Préstamo (RENSOCAP) de 2013, encuentra un total de 640 cooperativas inscritas con más de 6 millones de socios y activos por más de 90 mil millones de pesos en el mercado alternativo financiero mexicano. Tan sólo la Caja Popular Mexicana -cuyo origen data a 1951-, en un proceso de “oligopolización cooperativa” creciente -con fusión y adquisición de las cajas de ahorro y crédito-, en 2015 llegaba a contar con más de 2 millones de socios cooperativistas en casi todo el territorio nacional[9]. Sin duda, se trata del subsector cooperativo más fuerte y antiguo en el país, y donde:

“la mayoría de las cooperativas de ahorro y préstamo (52% del total), por sus activos y número de socios, son de tamaño pequeño o mediano, ubicadas en el nivel básico de operaciones, con activos menores a 2.5 millones de Unidades de Inversión (UDI´s). Del total nacional de cooperativas existentes, únicamente 131 de ellas están autorizadas por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV). Las cooperativas ya autorizadas tienen en común el hecho de estar relativamente consolidadas financiera e institucionalmente, además de contar con el mayor número de socios (76% del total) y administrar el 83% de los activos del sector” (Ibero Puebla et al, 2013, p. 14).  

De acuerdo con el documento “Ahorro Financiero y Financiamiento en México. Cifras a Junio 2015” elaborado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHyCP) y Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), la captación del ahorro financiero por parte de las Sociedades Cooperativas de Ahorro y Crédito significó tan sólo el 1.8% del total de los intermediarios financieros, es decir, 93,978 millones de pesos contra los 5,330,395 millones del sector (la banca privada, por ejemplo, representa el 74.5% de ese total). Sin embargo, como ya hemos señalado, en términos de la población socia de estas SOCAPS es muy alta.

Por otra parte, entre los estudios académicos destacan los de tipo cualitativo realizados por los miembros de la Red Nacional de Investigadores y Educadores en Cooperativismo y Economía Social y Solidaria (RedCoop)[10], los participantes en la Red Temática de Economía Solidaria y Alternativas Alimentarias (RTESAA)[11], así como los investigadores de la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UAT), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) con sede Quintana Roo[12], entre otros.

Veamos algunos casos de la diversidad de las economías solidarias. 

Por ejemplo, el estudio de tesis de Rocío García (2015), nos da una idea de la existencia, objetivos, operación y características de los tianguis alternativos en nuestro país. Su estudio realiza una exploración y comparación entre iniciativas de intercambio en tianguis de distintos territorios, lo que aporta una idea sobre la existencia más general de este tipo de espacios alternativos que recuperar y recrean las prácticas ancestrales de los tianquiztli mesoamericanos. Los casos estudiados por Rocío García son los siguientes:

  • El Círculo de Producción y Consumo Responsable,
    Guadalajara, Jalisco;
  • Tianguis Orgánico de Chapingo, Estado de México;
  • Tianguis Agroecológico de Xalapa y Tianguis Biocultural de Coatepec;
  • Expo‐Venta de Productos Orgánicos “El Pochote”, Oaxaca, Oaxaca;
  • Mercado Alternativo de Tlaxcala;
  • Tianguis Comida Sana y Cercana, San Cristóbal de las Casas, Chiapas;
  • Tianguis El Huacalero, Tapachula, Chiapas;
  • Tianguis Alternativo de Puebla;
  • Tianguis Cuexcomate en Cuautla, Morelos;
  • Tianguis Alternativo Bosque de Agua, Metepec y Toluca, Edo de México[13].

En sus conclusiones, García sostiene que los tianguis alternativos lo son porque: a. sus racionalidades van más allá de la clásica racionalidad económica instrumental de los mercados capitalistas hegemónicos; b. abren lugar a la participación de otros actores sociales como campesinos, jóvenes, mujeres y personas de la tercera edad insertos en procesos de producción y distribución, especialmente de alimentos; c. estrechan relaciones con la naturaleza y con los demás con motivaciones que no son solo mercantiles; d. rompen con la fragmentación e individualismo dominantes para crear espacios de socialización y vinculación colectiva (p. 238). En suma, el estudio de García encuentra que nuevos sentidos o resignificaciones se realizan en estos espacios alternativos socio-mercantiles: un intento por crear estrategias de reproducción colectiva de la vida desde la resignificación de las relaciones sociales y con la naturaleza. En otras palabras, “(…) Se dibujan como intentos para la constitución de sujetos sociales, que desde su conciencia y cotidianidad, puedan reapropiarse de la memoria, de lo social y de lo común” (p. 248).

Por otra parte, Boris Marañón, investigador boliviano de la UNAM, en sus diversos estudios empíricos y exploratorios encuentra por su parte una amplia y rica variedad de experiencias cooperativas y solidarias, especialmente en el proceso de la producción de bienes y servicios en el campo y la ciudad. En concreto, en su libro “La economía solidaria en México” (2013, pp. 17-21), destaca las siguientes experiencias:

  • La Unión de Comunidades Indígenas de la Región del Istmo (UCIRI), en Oaxaca, vinculada con el organismo de cooperación holandesa Solidaridad para formar la asociación Max Havelaar e insertarse desde la década de los ochentas en las apuestas del Comercio Justo global;
  • La Sociedad Cooperativa Trabajadores de Pascual, empresa industrial urbana organizada como cooperativa desde 1984 y productora de jugos y refrescos de frutas con más de 5,000 trabajos directos;
  • En el ramo de la silvicultura sustentable, las cinco empresas comunales propiedad de la comunidad agraria Ixtlán de Juárez, del estado de Oaxaca: la Unión Forestal Santo Tomás Ixtlán (UFOSTI), la Unidad Comunal Forestal, Agropecuaria y de Servicios de Ixtlán (UCFAS), Servicios Técnicos Forestales, Ecoturismo (Ecoturixtlán) y la gasolinera de la comunidad agraria;
  • La sociedad de producción rural Yeni Navan o Michizá, también de Oaxaca, dedicada a la comercialización de café orgánico de campesinos indígenas mixtecos, mixes, chinantecos, chatinos, cuicatecos y zapotecos, aglutina a más de 900 productores de café (30% son mujeres), de 42 comunidades;
  • Comunidades Campesinas en Camino -organización de campesinos indígenas zapotecas, chontales, mixes, ikoots, mixtecos y zoques que producen de manera orgánica en la región del istmo de Tehuantepec, Oaxaca- agrupa a casi 1,000 socios productores y alrededor de 5,000 socios en sus organizaciones de ahorro y préstamo;
  • La pequeña cooperativa Productos Energéticos Un Estilo de Vida, del noreste de Sonora, agrupa a 10 socios;
  • La cooperativa Unidad, Desarrollo y Compromiso, organización promotora del cooperativismo integral de Anenecuilco, Ayala, Morelos, cuenta con 1,400 socios (600 son niños);
  • La sociedad cooperativa de venta en común Cupanda (aguacate en purépecha), dedicada a la comercialización de aguacate de la región de Tacámbaro, Michoacán, cuenta con 220 socios productores que en conjunto cultivan 1,000 hectáreas de aguacate y producen 10,000 toneladas al año;
  • La sociedad cooperativa de servicios profesionales Semillas de Solidaridad, creada para la promoción y fomento de cooperativas en Tabasco, con una base social en 2010 de alrededor de 1,000 campesinos en 88 emprendimientos asociativos, con presencia en 15 de los 17 municipios del estado.

Amalia Gracia, destacada socióloga argentina adscrita al Colegio de la Frontera Sur, ha realizado diversas investigaciones sobre las economías solidarias tanto en Argentina -con las empresas recuperadas- como en México, con productores organizados en el sur y sureste. En su trabajo “Un recorrido por las experiencias de trabajo asociativo autogestionado en el Sur de México”, Gracia y Horbath-Corredor (2014) nos ofrecen un panorama exploratorio de esa amplia región, aunque muchas de ellas no consolidadas ni articuladas con redes de economía solidaria:

  • En relación al ecoturismo o turismo alternativo, destaca el proyecto Puerta Verde, promovida por seis comunidades rurales e indígenas mayas, que involucra dos Áreas Naturales Protegidas de carácter federal, Yum Balam (en Quintana Roo) y Otoch Maax Yetel Koh (en Yucatán); 
  • Desde la apropiación y búsqueda de autonomía, la experiencia Punta Laguna protagonizada por jóvenes mayas en el norte del estado de Yucatán, que aprendieron a hablar inglés directamente de “la maya” sin pasar por el español;
  • En la actividad pesquera destacan las cooperativas surgidas a partir de los años cincuenta del siglo pasado;
  • La Cooperativa Kavi Habin está integrada por productores de miel orgánica en el sur de Quintana Roo, cerca de Bacalar, ya con casi ya 20 años de antigüedad;
  • Ubicada en Tabalasco, la Asociación Civi I´xiktar Yinikos Aj´ Juate Buka dedicada a promover la medicina tradicional, la acuicultura, la desalinización de los suelos y la producción de alimentos orgánicos.

Además, en otras experiencias en el sur-sureste, Gracia y Horbath-Corredor (2014, p. 185-185) ubican a:

  • La Unión de Ejidos Nahua Otomí y Tepehua (Veracruz); la Coordinadora Estatal de Productores de Café de Oaxaca (Cepco); la Unión de Ejidos de la Selva (Chiapas); 
  • la Unión de Ejidos y Comunidades de Caficultores del Beneficio Majomut (Chiapas), que fue el antecedente de las actuales cooperativas cafetaleras en Chiapas;
  • la Coordinadora de Pequeños Productores de Café de Chiapas (Coopcafe), que agrupa a 36 organizaciones y 17 000 campesinos que dedican una parte de su trabajo a la producción y comercialización de café orgánico.  

Por su parte, con diversos estudios de alternativas socioeconómicas solidarias, las investigadoras Josefina María Cendejas Guízar y María Arcelia González Butrón (2010), de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, documentan algunas de las experiencias más emblemáticas del estado de Michoacán: 

  • El Tianguis Purhépecha (TP), experiencia de trueque en la región purépecha del estado con más de 40 años de existencia donde se intercambian no solo productos, sino también sus pensamientos, alegrías y sentimientos y en el cual participan 10 comunidades indígenas pertenecientes a los municipios de Erongarícuaro, Tzintzuntzan, Pátzcuaro y Quiroga. Tiene dos modalidades: una fija que se realiza en la ciudad de Pátzcuaro dos veces por semana y el Tianguis Purhépecha Itinerante que se realiza periódicamente en diversas comunidades;
  • La empresa forestal comunal de Nuevo San Juan Parangaricutiro, que desde un enfoque de aprovechamiento silvícola sustentable y basándose en el bosque parcelizado, ha logrado crear como consorcio 22 empresas y genera 930 empleos directos, rescatando el bosque como propiedad comunal en beneficio directo de los 1,254 comuneros y en beneficio indirecto para sus hijos y familiares. Como señalan algunos, puede tratarse de la empresa forestal comunitaria más diversificada y sofisticada de México;
  • la Asociación Michoacana de Promotores de la Empresa Social, A.C. (AMPES, A.C.), dirigida por el Pbro. católico Marcos Linares, en 2010 tenía ya una presencia en 92 de los 113 municipios de Michoacán, con actividades directas en 263 comunidades e involucrando a cerca de 15,000 productores rurales mediante acciones de organización y capacitación para constituir sociedades productivas por derecho propio, autogestivas y cooperantes entre sí vinculando un total de 187 organizaciones, entre grupos de productores y empresas integradoras.

Otro sector cooperativo importante es el pesquero, el cual cuenta con una larga tradición en México. Impulsadas especialmente desde arriba por los gobiernos federal y estatales desde hace décadas, no es posible dar cuenta en este documento de sus dimensiones y alcances, pero a manera de ejemplos algunas de las más representativas ubicadas en el estado de Sinaloa son las siguientes (Castañeda et al, 2012): 

  • Cooperativas Ribereña de Dautillos y Baradito y Altamura destacan por haber logrado una excelente coordinación en los procesos productivos, de gestión, comerciales y conductuales en relación al uso de los recursos pesqueros, así como por poseer altos niveles de funcionamiento interno ante el reto de su gran membresía: la cooperativa Ribereña de Dautillos cuenta con 270 socios, en tanto que la cooperativa Baradito y Altamura tiene 285 miembros. A pesar de gran membresía, las dos organizaciones cuentan con una larga tradición de trabajo y gestión conjunta que les ha permitido adquirir una importante infraestructura… Las cooperativas comercializan de manera directa su producción. El camarón de altamar lo exportan, en tanto que el camarón de bahía lo comercializan en el mercado nacional,
  • La cooperativa “Callinectes tortugus” se encuentra en la comunidad de El Tortugo, Guasave en el Sistema Lagunar San Ignacio-Navachiste-Macapule. Es una pequeña empresa social rural, conformada por 15 socios, de los cuales 11 son mujeres y 4 hombres, y es uno de los raros casos de formalización del papel de la mujer en la pesca ribereña.
  • Cooperativa Cerro San Carlos, se encuentra ubicada en la ciudad y puerto de Topolobampo, en el Sistema Lagunar Topolobampo-Santa María-Ohuira. La cooperativa integra a 27 socios que han logrado adquirir una importante infraestructura para el desarrollo de su actividad. Actualmente producen y comercializan diversas especies de camarón, calamar gigante, jaiba, sierra y lisa macho. La comercialización de su producción pesquera, es a nivel de exportación y al mercado nacional. El camarón de tallas grandes lo exportan a Estados Unidos y Europa a través de una comercializadora.
  • Cooperativas Bacurato, Bacubirito, Chicorato y Vasobuena; Federación de Soc. Coop. Gustavo Díaz Ordaz y la empresa Integradora Desarrollo Integral de Bacurato S.A. de C.V…. La Cooperativa de Bacurato cuenta con 40 socios, las otras tres poseen un total de 32 socios cada una, lo que arroja un total de 136 socios para la Federación. Las cooperativas pescan tilapia azul y bagre de canal en el embalse de la presa Gustavo Díaz Ordaz y conforman la Federación de Sociedades Cooperativas Gustavo Díaz Ordaz. La Federación ha formado una empresa integradora denominada Desarrollo Integral de Bacurato, S. A. de C. V. que es la figura jurídica para la comercialización de los productos de todas las cooperativas, que junto con la Federación constituyen el ejemplo más exitoso de empresa integradora de productos pesqueros del país.

Por nuestra parte, la RTESAA, en sus dos Cuadernos sobre “Buen vivir y organizaciones sociales mexicanas” (2017 y 2018), hemos documentado algunas de las experiencias de las organizaciones miembro de la Red:

  • Alianza Ciudadana para el Desarrollo Regional Alternativo del Sur de Jalisco (ACDRA-SURJA, surgida en 2007 y que cuenta actualmente con cerca de 70 colectivos y presencia en 18 comunidades pertenecientes a 10 municipios, que promueven prácticas de medicina alternativa e intercambio alternativo en tianguis locales;
  • Unión Regional de Apoyo Campesino (URAC) y la cooperativa de ahorro y préstamo Cosechando Juntos Lo Sembrado, con aproximadamente 25,000 socios (más del 76% son mujeres), articulados en más de 300 grupos ubicados en 72 comunidades de cinco municipios de Querétaro;
  • Unión de Cooperativas Tosepan, en la sierra nororiental de Puebla, con 8 cooperativas de producción, vivienda y ahorro y préstamo que agrupan a 34,000 familias indígenas ubicadas en 200 comunidades de 26 municipios;
  • Yomol A´Tel, unión de cooperativas ubicadas en la Misión de Bachajón en las Cañadas de Chiapas, agrupa a más de 300 familias indígenas tzeltales productoras de café, artesanías, miel y otros productos, promueve su comercialización con los puntos de venta Capeltic (cafeterías ubicadas en el Sistema Universitario Jesuita de México);
  • Unión de Cooperativas Ñöñhó de San Ildefonso Tultepec, en Amealco, Querétaro, integra a la cooperativa Decora y Construye, el Instituto Intercultural Ñöñho, la Red Doméstica-Granja Integral y promueve la protección del patrimonio biocultural de la comunidad;
  • Movimiento Popular de Pueblos y Colonias del Sur (MPPCS), organización social integrada por amas de casa, albañiles, campesinos, obreros, comerciantes en pequeño y artesanos, tiene presencia en tres pueblos y cinco colonias de Tlalpan, Ciudad de México, y lucha por los derechos sociales a la alimentación, la salud, la educación, el agua y la vivienda;
  • Centro de Economía Social Julián Garcés (CES), ubicado en la región noroeste de Tlaxcala, promueve la participación de las comunidades en la Cooperativa Matlalkuéyetl (con presencia en 20 municipios) y a productores agroecologistas de 4 comunidades en 2 municipios;
  • Consorcio Cooperativo de Productores y Exportadores en Forestería, o Consorcio Chiclero, SC de RL, es una empresa social integradora de cobertura regional que cuenta con 36 cooperativas y sociedades activas que agrupan a 2,000 productores de chicle o goma natural ubicados en un rango de 800 kilómetros entre los estados de Campeche y Quintana Roo;
  • La Red de Alternativas Sustentables Agropecuarias de Jalisco (RASA), cooperativa con una membrecía de aproximadamente 100 familias campesinas del estado de Jalisco, promueve el fortalecimiento de la agricultura familiar sustentable, a partir del manejo agroecológico del maíz y la milpa mediante la formación agroecológica, el Comercio Justo y la agrodiversidad de la milpa;
  • TÚMIN, moneda comunitaria y autónoma surgida en 2010 en Espinal, Veracruz, actualmente presente en 21 estados de la república con 1694 participantes, tiene como objetivo mejorar la economía local y a transformar las vidas de los participantes quienes, mediante el intercambio, son a la vez productores y consumidores (o prosumidores en el ámbito de la Economía Solidaria);
  • Grupo Cooperativo  Quali y Agua para Siempre, son dos proyectos que materializan la intención de Alternativas, A.C. de promover un proceso participativo de regeneración ecológica, social, cultural y económica en la región de Tehuacán, Puebla que agrupa a más de 1,000 familias productoras de amaranto y cuenta con dos plantas agroindustriales, un museo del Agua y la construcción de 11,427 acciones y obras de regeneración hidroagroecológica ubicadas en 252 localidades de 82 municipios de los estados de Puebla, Oaxaca y Veracruz.

Además de las anteriores experiencias alternativas socioeconómicas, muchas más podrían añadirse a nuestro repertorio nacional. Desde la esfera pública, el Instituto Nacional de la Economía Social (INAES) tiene sistematizaciones de algunas de estas iniciativas de economía solidaria. En este espacio estamos recuperando aquellas no consideradas en otros documentos:

  • Ubicada en Juanacatlán, Jalisco, el caso de la cooperativa TRADOC es otra referencia de las empresas recuperadas por los trabajadores en México, además de la cooperativa Pascual. Ambas han sido estudiadas ampliamente desde diversos enfoques de la economía solidaria. Inserta en la cadena de valor automotriz en la producción de llantas, y asociada con la empresa transnacional Cooper Tire, de TRADOC destaca su lucha de tres años hasta su recuperación por los trabajadores que no aceptaron la liquidación. Sus socios ascienden a 1,050, habiendo iniciado actividades con 587 en 2005;
  • La Sociedad Cooperativa Unión de Productores Maya Vinic nace dentro de la Sociedad Civil conocida como “Las Abejas” en junio de 1999 y es una empresa social constituida por 516 agricultores provenientes de las etnias Tzotzil, Tzeltal, Chol y Tojolabal, pertenecientes a 36 comunidades de los municipios de Chenalhó, Pantelhó, El Salto y Chalchiuitlán, en la región de los Altos del estado de Chiapas, que se dedican al cultivo del café y miel 100% orgánicos, que se comercializan bajo los principios de Comercio Justo. 
  • El Centro de Desarrollo Integral Campesino de la Mixteca (CEDICAM) es una organización campesina integrada por mestizos y población mixteca con presencia en 22 comunidades de 8 municipios de la región mixteca alta en donde acompaña a 950 familias que producen sus alimentos utilizando principios y técnicas agroecológicas, el rescate de sus conocimientos y biodiversidad, así como la restauración de sus aéreas erosionadas;
  • Centro de Desarrollo Comunitario Centeotl, A.C. es una organización de la sociedad civil que apoya la organización de mujeres y hombres en la región de los Valles Centrales y Sierra Sur de Oaxaca para la promoción del cultivo, consumo y comercialización de amaranto, la dotación de microcrédito a mujeres pobres organizadas que viven en condiciones de pobreza y desarrollo integral de los jóvenes y niños;
  • Coordinación Pasado, Presente y Futuro de Miramar (COPPFUMIR), ubicada también en Oaxaca en la comunidad del mismo nombre del municipio de Yucuhiti, se destaca por implementar procesos participativos de planeación democrática del desarrollo local-comunitario y emprendimientos productivos que atienden a las necesidades de empleo y de complemento de ingresos;

Una alternativa socioeconómica valiosa la constituye también la Fundación Kolping México[14]. Enfocada más estrictamente a la economía popular, aunque también solidaria, Kolping es una institución que apoya el desarrollo de capacidades emprendedoras en poblaciones de escasos recursos, a través de apoyo técnico y financiero, con el fin de detonar espacios de desarrollo social integral que contribuyan a la superación de la pobreza. Con presencia en diversos estados como Tlaxcala, Querétaro, Estado de México, Veracruz, Chiapas, Puebla o Ciudad de México, promueve pequeñas empresas mediante las cuales los integrantes de los grupos Kolping generan ingresos, con su propio trabajo y esfuerzo, para mejorar sus condiciones de vida y las de sus comunidades. La Fundación Kolping les apoya con capacitación, asesoría y apoyo a la comercialización de los productos y servicios que generan.

Finalmente, otros actores académicos importantes que promueven, asesoran y realizan investigación sobre las economías social y solidaria tienen como referencia al Sistema Universitario Jesuita en México. Entre ellos se encuentran el Laboratorio de Innovación Económica y Social (LAINES) de la Universidad Iberoamericana Puebla, el cual propicia experiencias de transformación social a partir de la innovación económica desde el quehacer universitario jesuita; el Centro Internacional de Investigación de Economía Social y Solidaria (CIIESS) de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, en tanto centro de pensamiento y acción estratégica donde confluyen investigadores, expertos, dirigentes y miembros de organizaciones sociales, instituciones y grupos empresariales, identificados con la economía social y solidaria; y el Centro Interdisciplinario para la Formación y la Vinculación Social del ITESO (CIFOVIS), instancia interdisciplinar que forma y vincula a la comunidad universitaria con la sociedad, mediante la identificación, construcción y comunicación de soluciones a los problemas económicos, político-sociales, territoriales, tecnológicos, socioculturales y medioambientales y donde se promueven e investigan redes de alternativas al mercado desde su Unidad académica Básica de Economía Solidaria y Trabajo Digno.

Como es posible advertir, hemos dado cuenta brevemente de la existencia tan sólo de algunas experiencias relevantes de economías solidarias. Además, la gama y diversidad, así como la cantidad y calidad de las experiencias cooperativas y solidarias en nuestro país es enorme. No es posible, ni tampoco se pretende en este documento, dar cuenta de ellas. Se trata de una tarea pendiente en dos formas: en términos cuantitativos, por un lado, mediante la detección, clasificación y cuantificación a través de las cuentas nacionales del INEGI -algo que ya sucede en países de la Unión Europea-; y en términos cualitativos, por otra parte, a través de un mapeo exploratorio territorial -como los relevamientos argentinos y mapeos brasileños[15]– y mediante la realización de estudios de caso y la sistematización de las experiencias. La tarea, por tanto, es inmensa pero necesaria.

Asimismo, un abordaje o análisis detallado de la gran diversidad de apuestas comerciales y sociomercantiles de estas experiencias está pendiente. Aparecen, como apenas dibujadas, algunas de esas estrategias: desde la vinculación con los mercados convencionales más conscientes, hasta los alternativos como el comercio justo, la creación de mercados sociales o solidarios, los sistemas locales de intercambio mediante monedas locales o comunitarias, o la constitución de redes de intermediarios solidarios para la distribución y venta de productos.

Una mirada al Cuadro 5.3, donde hemos realizado una breve exploración al abanico de experiencias concretas en diversas escalas que existen en algunas partes del mundo, nos puede dar una idea más tangible de este amplio universo. Los ejemplos de las experiencias están referidas a las diversas alternativas en cuatro escalas: global, nacional, regional y local[16]. 

Como parte de un proceso de investigación-intervención-formación, nuestro interés más inmediato se centra en la exploración de las alternativas al mercado existentes en Jalisco, especialmente las vinculadas con el Área Metropolitana de Guadalajara.

 


[1] Los 10 principios del Comercio Justo son: 1. Creación de Oportunidades para Productores en Desventaja Económica; 2. Transparencia y Responsabilidad – Rendición de cuentas; 3. Prácticas Comerciales Justas; 4. Pago de un Precio Justo; 5. No al Trabajo Infantil y al Trabajo Forzoso; 6. Compromiso con la No Discriminación, la Igualdad de Género y el Empoderamiento Económico de la mujer y la Libertad de Asociación; 7. Garantizar buenas condiciones de trabajo; 8. Desarrollo de Capacidades; 9. Promoción del Comercio Justo y 10. Respeto por el Medio Ambiente.

[2] La estrategia para 2016-2020 se concentra en: “crear beneficios para los pequeños productores y trabajadores; profundizar el impacto mediante servicios y programas; crear mercados fairtrade; influenciar los planes de acción de los gobiernos y construir un sistema global sólido” (ver: https://annualreport15-16.fairtrade.net/es/about/).

[3] De acuerdo con Ceccon y Ceccon (2010, p. 98), “Comercio Justo México, creado en 1999, es la única iniciativa nacional de un país del Sur y brinda su sello a nueve marcas de café en México.” 

[4] Estas acciones colectivas deberían considerar a los sindicatos y otras organizaciones y movimientos sociales, hacia luchas transformadoras no sólo sectoriales, sino más integradas e integrales.

[5] Este sistema funciona de manera parecida a los bancos de tiempo y distinta a las monedas sociales que requieren la existencia del dinero físico.

[6] Un ejemplo de ello, entre muchos en España, es la Feria Economía Solidaria Pamplona. Con stands informativos y de venta de productos y servicios de diferentes organizaciones y empresas de economía social y solidaria que forman parte del Mercado Social -finanzas éticas, transporte sostenible, comercio justo, energías renovables, construcción, textil, mensajería, turismo responsable, inserción socio-laboral, entre otros- la Feria cuenta con presentaciones, exposiciones, y actividades culturales con el fin de fortalecer y visibilizar la Economía Solidaria y acercar el Mercado Social a la ciudadanía y promover la inter-cooperación y el consumo responsable entre personas y organizaciones productoras y personas consumidoras. Otro ejemplo, en Latinoamérica, lo constituye la Feria EcoSol de Santa María en Río Grande do Sul, en Brasil, la cual se realiza anualmente y logra reunir hasta 200,000 visitantes. Para el caso de México, con un crecimiento sostenido desde sus inicios en 1999, la Feria Ecosol de Dolores Hidalgo en el estado de Guanajuato se ha convertido en una de las más importante y famosas.

[7] Como una manera de impulsar la generación de supermercados cooperativos, FOOD COOP ha realizado un documental que ha sido exhibido ya en numerosas ciudades del mundo y de España. Un extracto (trailer) de este documental puede verse en: http://foodcoop.film/es/el-documental/ y http://foodcoop.film/es/park-slope-food-coop/

[8] Conformadas por Uniones, Federaciones, Confederaciones y el Consejo Superior del Cooperativismo. Existen ocho Confederaciones Nacionales: la Confederación Nacional de Sociedades Cooperativas Pesqueras, la Confederación Nacional de Sociedades Cooperativas de Transporte en General de la República Mexicana, la Confederación Nacional Cooperativa de Actividades Diversas de la República Mexicana, la Confederación Nacional de Cooperativas de Transporte y Servicios Turísticos en General, la Confederación de Cooperativas de Ahorro y Préstamo de México (CONCAMEX), la Confederación Nacional de Cooperativas de Abasto y Comercialización, la Confederación Nacional de Cooperativas de Emancipación Social y la Confederación Mexicana de Empresas Sociales Cooperativas.

[9] Ver su línea de tiempo en: https://www.cpm.coop/linea-de-tiempo/

[10] Constituyen esta red académicos de la Universidad Autónoma de Chapingo (UACH) que la coordinan -con Juan José Rojas-, la Universidad Autónoma de Querétaro, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (con José de Jesús Rivera de la Rosa), la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (con las investigadoras Josefina Cendejas y María Arcelia Gonzáles Butrón), la Universidad de Guadalajara (Sergio Porras y otros) y el ITESO (la Unidad Académica de Economía Solidaria y Trabajo Digno), entre las principales. Ver página web: http://redcoop.org.mx/ 

[11] Esta Red fue promovida por el ITESO y constituida en marzo de 2014. Integra a más de cien académicos y líderes de organizaciones sociales regionales de México y América Latina en un compromiso compartido para el diálogo de saberes y la colaboración intercooperativa o intersolidaria. Ver su página web: http://rtesaa.redtematica.mx/index.php

[12] Destacan los investigadores Félix Cadena y Laura Collin de la UAT, Boris Marañón y Dania López de la UNAM y Amalia Gracia del ECOSUR. 

[13] Una experiencia muy importante de este tipo de tianguis son los Mercados Indígenas de Trueque en Santiago Tianguistenco, Estado de México. En marzo de 2019 fue asesinada una de sus principales líderes, la activista Eulodia Díaz (miembro del Consejo Indígena del Trueque), por estorbar a los diversos presidentes municipales, en su mayoría priístas, en sus intentos por controlar y lucrar económica y políticamente con ellos.

[14] Se puede consultar su página web en: http://kolping.org.mx/index.php

[15] Por ejemplo, en Argentina se realizaron el “Censo de información económica sectorial de cooperativas y mutuales” efectuado en 2007 en Argentina por el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES) y la Universidad de Tres de Febrero y la “Encuesta a Emprendimientos Socioeconómicos Asociativos” efectuada en Argentina de 2005 a 2007 por la Universidad Nacional General Sarmiento (UNGS) y el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. En Brasil, en cambio, se realizó un “Mapeamento da Economia Solidaria” de 2005 a 2006 por el Ministerio del Trabajo y la Secretaria Nacional de Economía Solidaria arrojó un inventario de 21, 578 emprendimientos económicos solidarios (Vaillancourt, 2010, p. 180). 

[16] Hacemos referencia al estado de Jalisco como referencia territorial nuestra por la presencia del ITESO en la región.

 

¿Disruptivas, transicionales, antisistémicas?

La emergencia de alternativas
socioeconómicas transformativas
a los mercados capitalistas

““El nuevo paradigma podría denominarse una visión holística del mundo, ya que lo ve como un todo integrado más que como una discontinua colección de partes. También podría llamarse una visión ecológica, usando el término «ecológica» en un sentido mucho más amplio y profundo de lo habitual. La percepción desde la ecología profunda reconoce la interdependencia fundamental entre todos los fenómenos y el hecho de que, como individuos y como sociedades, estamos todos inmersos en (y finalmente dependientes de) los procesos cíclicos de la naturaleza”. 

Fritjof Capra

 

Siguiendo el reconocimiento de Fritjof Capra, cabe con todo preguntarse: ¿es posible pensar en la posibilidad de transformar real y prácticamente el sistema capitalista? Y la transformación, ¿en qué consiste? De acuerdo con Luengo (2012, p. 100):


“La transformación de algo (un sistema, un objeto, una función matemática, una teoría) remite a diferentes estados de una cierta “totalidad” donde, mientras algunos componentes permanecen constantes, otros han cambiado 

(García, Rolando, Sistemas complejos, p. 172).

Abrevando de la ecología profunda, el filósofo y psicoanalista francés Félix Guattari (1996), en una especie de actitud optimista y realista, nos invita a reconocer la existencia de múltiples acciones, procesos y alternativas que van configurando una “revolución molecular”: ese gran proceso de pequeñas luchas microsociales que apuntan a la transformación sistémica en favor de la relación armónica entre sociedad y naturaleza en un proceso de subjetivación política que genera sujetos colectivos, comunidades y sociedades, así como sujetos individuales en la construcción de escenarios transformativos, por tanto, para la vida colectiva y la vida para uno mismo. Por tanto, siguiendo con Guattari, “la idea de revolución molecular habla sincrónicamente de todos los niveles: infrapersonales (lo que está en juego en el sueño, en la creación, etc.), personales (las relaciones de auto-dominación, aquello que los psicoanalistas llaman Superyo) e interpersonales (la invención de nuevas formas de sociabilidad en la vida doméstica, amorosa y profesional, y en las relaciones con los vecinos y con la escuela)” (1996, p. 61).

En suma, para Guattari, superar la contradicción sociedad-naturaleza y aspirar a un nuevo modelo de sociedad supone una verdadera simbiosis o conjunto complejo de relaciones simbióticas mutualistas y solidarias donde todos los simbiontes -o participantes de la relación- salen beneficiados. Llevado a la escala societal, la simbiosis atañe a las sociedades y grupos que se sostienen en la colectividad y la solidaridad. 

De este tipo de alternativas socioeconómicas transformativas se hará referencia en el presente capítulo.

4.1 El pensamiento crítico y la construcción de alternativas socioeconómicas al capitalismo dominante: la descolonización económica

Con el pensamiento crítico, el crecimiento económico -sobre todo medido por el Producto Interno Bruto- es cuestionado como el gran indicador del desarrollo, pero se incluye también el concepto mismo de desarrollo. Para Harari (2018, p. 232-234), el crecimiento económico, dogma sagrado e incuestionable del desarrollismo capitalista, se ha convertido en el punto crítico en el que se encuentran casi todas las religiones, ideologías y movimientos modernos. El “credo de más cosas” insta a individuos a empresas y gobiernos a descartar todo aquello que lo obstaculiza, como la igualdad social, la armonía ecológica o la honra a nuestros padres. Frente a esta corriente hegemónica global, teorías como Descolonialidad, Decrecimiento, Posdesarrollo, Alternativas al Desarrollo y el Buen vivir empiezan a cobrar relevancia en el norte y el sur global. 

Por otra parte, ya desde la heterodoxia económica se afirma la interdependencia entre los hechos económicos y los otros hechos sociales (incluyendo a los éticos, políticos, ambientales y culturales). La conjunción de la ética con la esfera o dimensión económica es vital: debemos considerarla como verdaderos hechos de vida o muerte. En esta disyuntiva se juega la suerte de la vida en el mundo. Y, más allá de la postura antropocéntrica, el centro está en la vida misma en el planeta.

En una entrevista realizada en 2016 a Boaventura de Sousa Santos, Fabiola Navarro y Roque Urbieta le preguntan al sociólogo portugués sobre la posibilidad de pensar en una descolonización de la economía, es decir, una desvalorización del capital y la construcción de alternativas. La respuesta de Santos es la siguiente (2016, pp- 3-4):

“Des-mercantilizar a partir de las epistemologías del Sur es el despensamiento de la naturalización del capitalismo. Consiste en sustraer vastos campos de actividad económica a la valorización del capital (la ley del valor): economía social, comunitaria y popular, cooperativas, control público de los recursos estratégicos y de los servicios de que depende directamente el bienestar de los ciudadanos y de las comunidades. Significa, sobre todo, impedir que la economía de mercado extienda su ámbito hasta transformar la sociedad en una sociedad de mercado (donde todo se compra y todo se vende, incluyendo valores éticos y opciones políticas), como está sucediendo en las democracias del Estado de mercado. Significa, además, dar credibilidad a nuevos conceptos de fertilidad de la tierra y de productividad de los hombres y de las mujeres que no colisionan con los ciclos vitales de la madre tierra: vivir bien a la vez que vivir siempre mejor”.

Para América Latina pensar la modernidad de manera diferente es asumirla como experiencia en los márgenes, en los bordes, donde el asunto constituye un caso fronterizo de lo mismo o, en otras palabras, una modernidad periférica, en donde conviven modernidades alternativas (singulares/variadas/hibridas, múltiples, locales y mutantes) o alternativas a la modernidad (Quijano, 2016, pp. 82-83). Otra manera de abordarlo es la propuesta por Enrique Dussel y su concepto de Transmodernidad, es decir, más allá de los fundamentalismos de tipo eurocentrista primermundista y tercermundista.

De la misma manera, reconocer la existencia de la diversidad económica en el sur global, incluyendo a América Latina, distinta a las prácticas económicas capitalistas, significa dar su lugar a la diversidad socioeconómica, a formas distintas de hacer economía, a “economías otras” con sus “mercados otros” (desde los estudios descoloniales) o “alternativas socioeconómicas al capitalismo” con su diversidad de “alternativas al mercado” (desde los estudios del posdesarrollo y el buen vivir).

Para la especialista ecuatoriana en socioeconomía, Fernanda Wanderley (2017, pp. 20-21), el concepto de mercado constituye uno de los temas todavía insuficientemente trabajado por la literatura sobre economía social y solidaria. La autora señala que todavía es muy dependiente de la teoría económica neoclásica, es decir, vinculado con un tipo de institucionalidad de mercado libre y autorregulado que no ve la perspectiva del mercado como un proceso y espacio de relaciones socialmente instituido que puede regularse y normarse de manera plura, por lo tanto, pasible de regirse por normas y regulaciones plurales y por la comprensión de dinámicas híbridas de cooperación y competencia que articulan las relaciones económicas. 

De ahí las posibilidades de la nueva sociología económica que muestra el mercado como un mecanismo de coordinación sostenido por relaciones personales e impersonales entre actores sociales que comparten prácticas, marcos cognitivos y actúan bajo reglas formales e informales, mediadas o regidas por dinámicas esperadas y no esperadas y no por las leyes del mercado (donde el orden y el desorden, la indeterminación y el azar, propios del principio del pensamiento complejo de la ecología de la acción siempre están presentes). 

Veamos, entonces, algunas de las nuevas propuestas socioeconómicas emergentes y alternativas a los mercados del capital.

 

4.2 Las nuevas propuestas emergentes como alternativas socioeconómicas

Gilles Lipovetsky (2007, p. 16) nos invita a pensar en un futuro optimista. Más allá de la sociedad del hiperconsumo, el autor afirma, con un sello de convicción, sobre las posibilidades del Buen vivir planetario:

“Sin embargo, antes o después se superará y será un momento que inventará formas nuevas de producir, de intercambiar, pero también de evaluar el consumo y de pensar en la felicidad. En un futuro lejano aparecerá una nueva jerarquía de bienes y valores. La sociedad de hiperconsumo habrá vivido su vida, cediendo el paso a otras prioridades, a un nuevo imaginario de la vida en sociedad y del vivir bien”.

Numerosas propuestas teórico-prácticas -tanto marxistas como no marxistas- se mantienen o surgen frente a la Policrisis capitalista: la Economía Budista, la Economía Justa o con Justicia, las Economías Colaborativas Alternativas junto con el Cooperativismo de Plataforma, las Economías Propias, los Sistemas Tecnológicos Sociales (combinación de Tecnologías Abiertas y ECOSOL), la Alterbioeconomía o Bioeconomía profunda, las Economías Sociales y Solidarias (con una gran diversidad de prácticas y experiencias alternativas al mercado como el Comercio Justo, los LETS, los mercados sociales, los mercados solidarios, las Redes de Colaboración Solidaria-Circuitos Económicos Solidarios, entre otras), que recuperan experiencias empíricas de diverso tipo como alternativas socioeconómicas frente a las economías capitalistas. Estamos hablando del tercer subsistema, es decir, periférico, emergente y alternativo (Figura 4.2).

4.3 Las economías emergentes alternativas al mercado en el campo de los Valores

Hemos incluido en este campo tanto la economía budista y sus principios como la economía justa o con justicia. Ello no significa que las otras alternativas no tengan un fuerte ascendiente axiológico, además de que todas las economías alternativas tienen sus diversos grados de intersección o imbricación entre los campos analíticos sugeridos: los valores, la innovación sociotécnica, la inclusión social y la sustentabilidad.

La economía budista

Los fundamentos filosóficos que caracterizan la economía budista suponen una crítica frontal al modelo de economía moderna occidental. Ideas tan extendidas como “el crecimiento es bueno” o “más es mejor” son descartadas claramente por insostenibles. Ya Buda había enseñado que la búsqueda de sensaciones placenteras es en realidad la raíz misma del sufrimiento. Algo similar afirmaba Epicuro, el filósofo griego, para quien la búsqueda desmesurada de placer haría a los hombres más desgraciados que felices (Harari, 2018, p. 54). 

Son notorias las diferencias entre la economía capitalista y la budista. El sugerente artículo de Rocío Álvarez (2013) en United Explanations, “Economía Budista: una aproximación espiritual a los asuntos económicos” nos ofrece una buena idea de ello. El artículo está sustentado en el pensamiento de Ernst Friedrich Schumacher, el economista alemán radicado durante dos décadas en Gran Bretaña y autor de “Lo pequeño es hermoso” (Small is beautiful), quien concibió los principios de la Economía Budista para cuestionar el capitalismo occidental y proponer formas más humanas de construir economía desde las tecnologías apropiadas e intermedias. Por su estrecha relación con ellos, fue influenciado por los conceptos de Mahatma Gandhi y J. C. Kumarappa de “Economía de permanencia” y tecnología apropiada. 

En su crítica a la economía capitalista, Schumacher sostiene que el capitalismo busca la felicidad como placer y el egoísmo y el interés personal se constituyen en el motor de impulso de las actividades humanas: la maximización de beneficios constituye su gran aspiración. Ello significa que materialismo y oportunismo sean algunos de sus principios.  

Por otra parte, la visión del mercado y el crecimiento también separa ambas visiones. Siguiendo con la misma lógica, los enfoques occidentales sugieren que los mercados son imparciales, al ser movidos por una mano invisible que los optimiza, y deben maximizarse hasta el punto de saturación. Ello es consecuente con su visión del consumo. Maximizar el consumo se convierte en sinónimo del placer. Por tanto, para la economía budista el capitalismo está destinado al fracaso: el continuum máximo placer, máximo consumo, máxima explotación de recursos, máxima libertad de mercado, máximos intercambios y saturación no llevan al bienestar ni a la felicidad.

En contraposición a la maximización capitalista, la economía budista opta por los óptimos y mínimos. Para ella el fin es optimizar el bienestar humano mediante un consumo mínimo, el cual se considera un medio y no un fin. En una economía budista se busca, entonces, el consumo óptimo y no el máximo. Minimizar el sufrimiento es la gran tarea del budismo: ello se logra mediante la simplificación de los deseos, calmar el ansia consumista y materialista y con ello, la frustración permanente del querer más y mejor. De ahí que cierta frugalidad, modestia y sencillez de vida sean inherentes de la economía budista. Una vez satisfechas las necesidades básicas, para el budismo el resto de las necesidades debe ser minimizado. Asimismo, se propone promover la generosidad, ya que los individuos y colectividades que cooperan sobreviven, prosperan y funcionan. En la base se encuentra su concepción del ser humano como cooperador. 

Y también se trata de minimizar el daño teniendo en cuenta a las generaciones futuras, al medio ambiente y a los pobres, quienes no gozan del mismo poder que los ricos y poderosos.

En ese sentido, y en contraposición también con los mercados capitalistas, para la economía budista los mercados no son imparciales y deben considerar las asimetrías, reglas básicas y el precepto de no dañar a uno mismo ni a los demás (concepto Ahimsa), lo que lleva a la búsqueda de soluciones colectivas y participativas: la importancia de las energías renovables, pensar más allá del PIB, promover el comercio local y una producción eficiente[1].

Economía Justa y Humana

Cada año, la OSC transnacional Oxfam Internacional realiza un informe sobre la desigualdad económica global con sus terribles tendencias y consecuencias para el 99% de la población. En su Informe resumen de enero 2017, Oxfam sostiene lo siguiente:

  • (…) el mundo sigue inmerso en una crisis mundial de desigualdad:  
  • Desde 2015, el 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el resto del planeta.  
  • Actualmente, ocho personas (ocho hombres en realidad) poseen la misma riqueza que 3.600 millones de personas (la mitad de la humanidad). 
  • Durante los próximos 20 años, 500 personas legarán 2,1 billones de dólares a sus herederos, una suma que supera el PIB de la India, un país con una población de 1.300 millones de personas. 
  • Los ingresos del 10% más pobre de la población mundial han aumentado menos de 3 dólares al año entre 1988 y 2011, mientras que los del 1% más rico se han incrementado 182 veces más.  
  • El director general de cualquier empresa incluida en el índice bursátil FTSE 100 gana en un año lo mismo que 10.000 trabajadores de las fábricas textiles de Bangladesh. 
  • Un nuevo estudio del economista Thomas Piketty revela que en Estados Unidos los ingresos del 50% más pobre de la población se han congelado en los últimos 30 años, mientras que los del 1% más rico han aumentado un 300% en el mismo periodo. 
  • En Vietnam, el hombre más rico del país gana en un día más que la persona más pobre en diez años. (OXFAM, 2017, p. 2).

Entre las causas, Oxfam señala las siguientes:

Las grandes empresas, al servicio de los más ricos -en 2015 las diez mayores empresas del mundo obtuvieron una facturación superior a los ingresos públicos de 180 países juntos-; 

Ahogo de los trabajadores y a los pequeños productores -los ingresos de la mayoría de los presidentes y altos ejecutivos de grandes corporaciones se han disparado mientras que el salario del trabajador o del productor medio apenas ha aumentado o se ha reducido-; 

Evasión y elusión fiscal -las grandes empresas también han optado por un modelo de maximización de sus beneficios a costa de tributar lo menos posible, utilizando paraísos fiscales, sacando provecho de tipos impositivos cada vez más bajos o logrando que los países compitan agresivamente entre sí para ofrecerles privilegios fiscales-.

Capitalismo cortoplacista donde el dividendo manda -las grandes empresas se guían cada vez más por el único objetivo de maximizar la rentabilidad de los accionistas e inversores (en 1970, en el Reino Unido el 10% de los beneficios empresariales se distribuían entre los accionistas, mientras que en la actualidad perciben el 70% y los fondos de pensiones poseían el 30% de las acciones contra sólo el 3% de hoy)-.

El papel de los súper ricos en la crisis de desigualdad -vivimos en la “era de los súper ricos”, una segunda “época dorada” del capitalismo en la que el brillo de la superficie enmascara los problemas sociales y la corrupción de fondo-.

Elusión fiscal y captura de políticas -una estrategia clave para la mayoría de los súper ricos es lograr tributar lo menos posible, fundamentalmente a través del entramado mundial de paraísos fiscales. Se calcula que hay 7,6 billones de dólares ocultos en centros offshore.

Frente a este panorama, OXFAN propone una nueva economía, una Economía Humana al servicio del 99%, es decir, que beneficie al conjunto de la ciudadanía y no sólo a unos pocos privilegiados, dando lugar a sociedades mejores y más justas, con empleos estables y salarios dignos, donde niños y niñas puedan desarrollar su potencial, una economía dentro de los límites del planeta para un mundo mejor y más sostenible.

Para ello, construir una economía humana y justa, OXFAM propone 8 medidas urgentes:

  • Los Gobiernos trabajarán a favor del 99% de la población.
  • Los Gobiernos no sólo competirán, sino que cooperarán entre sí.
  • Las empresas operarán en beneficio de toda la población.
  • Acabar con la concentración extrema de la riqueza para acabar con la pobreza extrema.
  • Una economía humana beneficiará tanto a hombres como a mujeres.
  • Los recursos tecnológicos se aprovecharán en beneficio del 99% de la población.
  • La economía humana funcionará con energías renovables.
  • La economía humana valorará y cuantificará lo verdaderamente importante.

Y concluye: “Podemos y debemos construir una economía más humana antes de que sea demasiado tarde” (OXFAM, 2017, p. 10).   


4.4 Las economías emergentes alternativas
al mercado en el campo de las Innovaciones


Las economías colaborativas alternativas

En una excelente crítica al desarrollo sumada con su propuesta por el pluriverso[2], Arturo Escobar (2017) -en su libro “Autonomía y diseño: La realización de lo comunal”-, retomando a Ezio Manzini[3] (2015), destaca la labor de las organizaciones colaborativas y sus proyectos de vida colaborativos como fundamentales en la innovación social:


“Las organizaciones colaborativas son vitales en el diseño para la innovación social. En un mundo lleno de problemas y, al mismo tiempo, altamente conectado, la innovación social ocurre “cuando la gente, la experticia y los bienes materiales entran en contacto en una nueva forma que es capaz de crear significados nuevos y oportunidades sin precedentes” (Manzini 2015: 77). 

De manera que para Manzini la intersección entre organizaciones de base o comunidades locales y las redes digitales permite un movimiento de nuevas prácticas de abajo hacia arriba, de arriba hacia abajo y de igual a igual (peer-to-peer, o p2p) y sus múltiples combinaciones. Por esta razón, los proyectos de vida colaborativos significan un ruta alternativa -correctiva, entonces- y una crítica a los modos de vida dominantes, sustentados en el excesivo individualismo de la modernidad. Por ello, insiste Manzini, “las organizaciones colaborativas deben ser consideradas como iniciativas de abajo hacia arriba no porque todo sucede a nivel de la base sino porque la condición previa de su existencia es la participación activa de las personas afectadas” (2015: 83).

Desde esta lógica del diseño, tanto del mundo moderno como uno hipotético futuro sustentado en las autonomías y el pluriverso -donde el diseño se convierte en una fuerza o conjunto de fuerzas que sustentan el cambio- las resistencias, las reinvenciones, las disrupciones y los cambios parciales se articulan desde la construcción de las autonomías para generar un gran cambio, expandido y pluriverso. La figura conceptual siguiente que contiene los principales postulados del libro de Escobar:

En capítulos anteriores afirmamos que dentro de la emergencia de la innovación social se encuentra la economía colaborativa, es decir, que los proyectos de vida colaborativos tienen su dimensión socioeconómica. En otros términos, economía colaborativa innova en un doble sentido: actualizando lo antiguo, creando lo nuevo. En este sentido las economías colaborativas actualizan la tradicional forma de compartir, dejar en préstamo, alquilar, regalar o intercambiar, que estaba muy presente en la sociedad hasta mediados de siglo pasado, a través del uso de las redes sociales y de internet, y es la forma de innovación social que está tomando más fuerza a nivel global[4]. 

La economía colaborativa puede ser dividida en cuatro segmentos: consumo colaborativo, producción contributiva, finanzas peer-to-peer (de igual a igual) y conocimiento abierto. De acuerdo con Carmen Valor (2014, p. 4), de la Universidad Pontificia de Comillas, los tres principios fundamentales de este tipo de economía son la interacción entre productor y consumidor, la conexión entre pares y la colaboración:


“(…) se llama economía en colaboración a un nuevo modelo de intercambio económico que se basa en tres principios fundamentales: interacción entre productor y consumidor, que mantienen un diálogo continuo, conexión entre pares, gracias a las tecnologías, especialmente digitales, y la colaboración. Las dimensiones de este modelo se extienden tanto a la producción (por ejemplo, crowdsourcing, plataformas de innovación colectiva, open software, contenidos generados por usuarios, coworking), la financiación (iniciativas de crowdfunding) y al consumo”.

Se considera que el consumo colaborativo sea el segmento más conocido hoy en día de la economía colaborativa como el alquiler de espacios de particulares, compartir trayectos de coche o el alquiler de coches entre particulares. Con un alto crecimiento a escalas cuasi-industriales, siguen apareciendo nuevas ideas disruptivas, tales como el modelo de los viajes compartidos dentro de la ciudad o la prestación de servicios entre los individuos. 

Desde la perspectiva de la producción, Albert Cañigueral (2014, p. 22) señala que:

“La producción contributiva diseña un nuevo modelo industrial de producción peer-to-peer, a partir del movimiento makers, la cultura Do-It-Yourself (DIY) y la aplicación de los principios del software libre a la fabricación. Esto ha sido posible gracias a la democratización de las herramientas de fabricación digital, el desarrollo de espacios creativos compartidos (FabLabs, Hackerspaces, Makerspaces) y el intercambio de conocimientos e información entre los fabricantes”. 

Con todo, el mismo autor resalta un aspecto fundamental para este tipo de colaboración socioeconómica: la confianza. De manera que “la economía colaborativa funciona gracias a ciudadanos empoderados que colaboran juntos, pero esta colaboración exige la regeneración de la confianza con nuestros conciudadanos” (Cañigueral, 2014, p. 23).

Por otra parte, si bien se considera que la economía colaborativa favorece la democratización económica al permitir el acceso a bienes, aunque no se pueda pagar por ello, para participar hace falta tener dos capitales: capital relacional y capital cultural. Y no todo mundo tiene acceso a ambas. Y esta es otra limitación de este tipo de economía (Valor, 2014, p. 5).


Innovacion social cooperativa (isc)

Vimos en el capítulo anterior, desde las economías emergentes heterodoxas, al ecosistema de innovación social sujeta a las aspiraciones de lucro y acumulación de capital. Un paso más hacia lo alternativo a los mercados capitalistas lo constituye la Innovación Social Cooperativa.

De acuerdo con Alveiro Monsalve, la innovación social plantea soluciones nuevas -innovadoras y creativas- a los problemas específicos que aquejan a cualquier comunidad de personas. Por ello, entre sus desafíos están una serie de problemas diversos como: la pobreza, el hambre, el desempleo, la falta de educación y conocimiento, el acceso a la tecnología y al mundo digital, al uso de energías limpias, a producciones técnicas y de alimentos de baja escala, a la preservación del medio ambiente y de las fuentes hídricas, a la construcción de hábitats dignos, entre otros (Monsalve, 2015, p. 32). Para ello, la innovación social debe satisfacer necesidades concretas de los seres humanos y resolver problemas con mayor eficacia que las soluciones existentes produciendo cambios favorables en los sistemas culturales o sociales en los que conviven las personas (Prevost y Roy, 2007, citados por Monsalve, 2015, p. 33).

Lo anterior significa que prácticamente no habría problema en nuestras comunidades y sociedades que no puedan ser tomados en cuenta por la innovación social, entendida como un proceso para crear valor en beneficio de la sociedad. Citando a diversos autores y teóricos de esta corriente socioeconómica, los enfoques de la ISC deberían de incluir buenas prácticas, modelos de gestión, novedosos productos o servicios, enfoques diferentes sobre la acción social y mejoras sustanciales en la estructura del capital social.

Citando a Joseph Stiglitz, Monsalve sugiere que la gestión del sistema de innovación social debe incluir cuatro entornos identificables: la tecnología centrada en el bienestar social, la antropología económica, el consumo racional y responsable y un sistema financiero incluyente (Stiglitz, 2012, en Monsalve, 2015, p. 35).”

De ahí el reto de gestionar innovación social en el sector cooperativo y las economías solidarias dada, por ejemplo, la crítica recurrente por la falta de incidencia de las cooperativas en el entorno inmediato de las comunidades que las rodean. Como sostiene Monsalve (2015), el gran factor del sector cooperativo es todavía la carencia de una verdadera cultura solidaria que fortalezca la identidad del modelo cooperativo, el sentido de pertenencia, la participación amplia y la sostenibilidad del grupo humano que constituye la asociación cooperativa. 

Por lo anterior, consideramos que el la ISC tiene un doble aporte que considerar: 

  • La innovación social Cooperativa como aporte cultural a la sociedad fortaleciendo la conciencia solidaria desde la visión empresarial con procesos creativos de gestión social integrando el talento de las personas, el conocimiento, la creatividad, la experiencia, los espacios sociales, la cultura viva y ella será el terreno abonado para impulsar la innovación social (Dávila, 2013, en Monsalve, 2015), y:
  • Innovación social Solidaria como capacidad creativa de la ECOSOL para responder creativamente a las necesidades sociales y comunitarias.

Para los españoles Atutxa y Zubero (2016, p. 6), un gran reto para la innovación social cooperativa se encuentra en la gestión “de los comunes” (en referencia a los bienes comunes), más allá del mercado y el estado:

“Los comunes cuestionan en profundidad las convicciones y creencias sobre las más óptimas fórmulas de gestión de todo tipo bienes, mostrando que hay una infinidad de maneras de organizarse socialmente, no sólo la del mercado o la del estado (…) Es decir, frente a la gran incertidumbre sobre la evolución que tendrán las instituciones actuales, lo común es ya una herramienta válida para producir transformaciones “inmediatas” en los espacios de lo público, lo privado y lo social.” (pág. 6).

Los autores proponen un esquema donde la perspectiva de “los comunes”[5] podría ir incidiendo en la realidad social, en una especie de inoculación de valores como la solidaridad global, la justicia social y ecológica, la fraternidad y la equidad al resto de las esferas, desde el cuestionamiento, por parte de los comunes, de los espacios e instituciones socialmente construidos:

Conviene señalar que, para Atutxa y Zubero (2016, pp. 12-14), la economía social y solidaria y lo común no son dos espacios incompatibles, pero sí distintos dado que los comunes constituyen bienes sociales que son de todos y de nadie a la vez -bienes que son comunes a toda la humanidad y que actualmente están siendo depredados por los intereses mercantiles- mientras que en la economía social y solidaria los bienes son compartidos por un colectivo en particular. 


Sistemas tecnológicos sociales

La relación tecnología y sociedad ha sido poco estudiada a pesar de su importancia. Ya Bruno Latour y otros investigadores han aportado algunos elementos importantes de esta relación sociotécnica. 

Sin embargo, como señala Hernán Thomas (2011), especialista en tecnologías sociales transformativas y director del Instituto de Estudios sobre la Ciencia y la Tecnología de la Universidad Nacional de Quilmes, en Argentina, las posiciones deterministas lineales son las dominantes en este campo del conocimiento:

“La tecnología es un tema poco considerado en las ciencias sociales, en general, y en los estudios sobre pobreza y marginalidad, en particular. Tradicionalmente cuando las ciencias sociales piensan la relación tecnología-sociedad lo hacen en el marco de abordajes deterministas lineales: o consideran que la tecnología determina el cambio social (determinismo tecnológico), o consideran que la sociedad determina la tecnología (determinismo social). En la práctica, estos abordajes teóricos construyen una separación tajante entre problemas sociales y problemas tecnológicos. Constituyen dos lenguajes diferentes que difícilmente se comunican”.

De ahí, sostiene Thomas, que la perspectiva sociotécnica busca romper con esa dicotomía, complejizando la relación: las sociedades son tecnológicamente construidas al mismo tiempo que las tecnologías son socialmente configuradas.

De manera que, desde esta perspectiva sociotécnica, las Tecnologías Sociales se vinculan a la generación de capacidades de resolución de problemas sistémicos, más a la resolución de pequeños problemas. 

En un esfuerzo por definirla, en el mismo texto Thomas sugiere que:

“la Tecnología Social es un modo de desarrollar e implementar tecnologías (de producto, proceso y organización), orientada a la generación de dinámicas de inclusión social y económica y desarrollo sustentable. Focaliza las relaciones problema/solución como un complejo proceso de co-construcción. Esto configura, en la práctica, una visión sistémica, donde difícilmente exista una solución puntual para un problema puntual. Por el contrario, esta visión sistémica posibilita la aparición de una nueva forma de concebir soluciones socio-técnicas (combinando, por ejemplo, la resolución de un déficit de energía con la gestación de una cadena de frío, vinculada a su vez a un sistema de conservación de alimentos y la potencial comercialización del excedente). Ajustando el concepto, tal vez sería conveniente hablar de “Sistemas Tecnológicos Sociales”, antes que de Tecnologías Sociales puntuales” (2011, sin número de página).

La definición de Thomas retoma diversos elementos: 

  • Diseño e implementación de tecnologías,
  • Las tecnologías pueden ser de proceso, producto y organización,
  • Su objetivo es la solución de problemas sistémicos para la inclusión social, económica (nosotros añadiríamos también la inclusión política) y el desarrollo sustentable,
  • Tiene una perspectiva sistémica y compleja.

De ahí que por su carácter sistémico y complejo, los actores de los Sistemas Tecnológicos Sociales deben ser diversos e involucrados en un esfuerzo común mediante una participación activa: investigadores y desarrolladores de Tecnologías Sociales (de instituciones de I+D, Universidades, ONG´s, empresas, etc.) y policy makers, tomadores de decisión e implementadores de políticas (de instituciones gubernamentales, agencias internacionales de cooperación, agencias públicas y representaciones sectoriales del empresariado) generando capacidades de planificación, gestión, seguimiento y evaluación (tanto en el nivel local como regional).

Como sostiene Thomas, si bien todos estos actores son importantes, los que no pueden faltar son los usuarios/beneficiarios finales en los procesos de diseño, producción y puesta en práctica de Tecnologías Sociales.

Sin embargo, en el territorio latinoamericano, sin integración y enredamiento, las experiencias se han desarrollado en términos de “tecnologías apropiadas” -en temas de vivienda, provisión y potabilización de agua, producción de alimentos, energías alternativas- y sólo Brasil cuenta con una Red de Tecnología Social (RTS) con una dinámica colectiva participativa y abierta a múltiples temáticas, problemáticas, sectores productivos y tecnológicos, pero además a la reflexión sobre sus propias conceptualizaciones y prácticas[6].

Como señala Thomas, las posibilidades de los STS son muy amplias, yendo más allá del sistema capitalista dominante y sus paliativos, para dar soporte material a procesos de cambio social, relaciones económicas solidarias, ampliación del carácter público y de libre disponibilidad de bienes y servicios, abaratamiento de costos, control de daños ambientales y disminución de riesgos tecnológicos, por un lado, así como sancionando a procesos de discriminación y desintegración, acumulación excesiva, productos suntuarios, producciones ambientalmente no sustentables.

De ahí que los STS, para Thomas, la ciudadanía sociotécnica es un referente para la democratización y la inclusión social[7]:

“(…) son y deberían ser un componente clave en estrategias de desarrollo socio-económico y democratización política donde la ciudadanía socio-técnica constituye un aspecto central de nuestra vida democrática. Los Sistemas Tecnológicos Sociales son, en este sentido, una de las expresiones más claras de este derecho ciudadano. Son, al mismo tiempo, la mejor vía para el ejercicio de ese derecho: la forma más democrática de diseñar, desarrollar, producir, implementar, gestionar y evaluar la matriz material de nuestro futuro”.

4.5 Las economías emergentes
alternativas al mercado en el campo
de la Sustentabilidad/Metabolismo social

La Economía y ecología profunda: una simbiosis
necesaria hacia una economía profunda
(economía para la vida)

El gran científico y Premio Nobel de Química, Ilya Prigogine, sostenía en su libro “Las leyes del Caos” (2017, pág. 112), que:

“El desarrollo científico desemboca en una verdadera elección metafísica, trágica y abstracta: el hombre tiene que elegir entre la tentación, tranquilizadora pero irracional, de buscar en la naturaleza la garantía de los valores humanos, la manifestación de una pertenencia esencial, y la fidelidad a una racionalidad que le deja solo en el mundo mudo y estúpido.”[8]

Con esta postura epistemológica, Prigogine refuerza sus apuestas por la complejidad de lo real desde la perspectiva del caos, cuestionando la extensión de la ciencia a un conjunto de fenómenos que la ciencia clásica había relegado a la fenomenología y que en realidad forman parte de la naturaleza, es decir, donde la ciencia empieza a reconocer la creatividad de la naturaleza para no caer en la soledad, sino en una relación, o mejor, una alianza entre el hombre y la sociedad con la naturaleza (2017, pág. 113). Su esquema conceptual asume, entonces, la relación estrecha entre inestabilidad (caos), probabilidad e irreversibilidad. De manera que el futuro es incierto, afirma Prigogine. 

Y en este acercamiento a lo temporal, Porto-Goncalves (2017, pág. 54) señala nuestra vivencia de un tiempo con duraciones múltiples: un tiempo cósmico, un tiempo geológico-geomorfológico, un tiempo ancestral y tiempos históricos de larga, media y corta duración. En suma, una configuración del espacio como acumulación desigual de los tiempos. 

Desde esta misma perspectiva científica, pero dentro del contexto de la ecología profunda, el reconocimiento de valores inherentes a toda naturaleza viviente está basado en la experiencia profundamente ecológica o espiritual de que la naturaleza y la especie humana, y en ella uno mismo, son uno (Capra, 1996, p. 33). 

Lo que esto implica es que la conexión entre la percepción ecológica del mundo y el correspondiente comportamiento no es una conexión lógica, sino psicológica. La lógica no nos conduce desde el hecho de que somos parte integrante de la trama de la vida a ciertas normas sobre cómo deberíamos vivir. En cambio, desde la percepción o experiencia ecológica de ser parte de la trama de la vida, estaremos (en oposición a deberíamos estar) inclinados al cuidado de toda naturaleza viviente. En realidad, difícilmente podríamos reprimirnos de responder de tal modo. (Capra, 1996, p. 33-34).

 “Ambas tendencias -la asertiva y la integrativa- son aspectos esenciales de todos los sistemas vivos. Ninguna es intrínsecamente buena o mala. Lo bueno o saludable es un equilibrio dinámico entre ambas y lo malo o insalubre es su desequilibrio, el enfatizar desproporcionadamente una en detrimento de la otra” (p. 31).

Si contemplamos desde esta perspectiva nuestra cultura industrial occidental, veremos que hemos enfatizado las tendencias asertivas a costa de las integrativas. Ello resulta evidente al mismo tiempo en nuestro pensamiento y en nuestros valores y resulta muy instructivo emparejar estas tendencias opuestas (ver Cuadro 4.1):

En este marco, Félix Guattari (1996), retoma el concepto de “Ecosofía”[9]. De acuerdo con el filósofo francés, las tres ecologías representan los principales registros ecológicos o niveles en los que la ecología tiene significación: el medio ambiente (con ecología medioambiental), las relaciones sociales (con ecología social) y la subjetividad humana (con ecología mental). Estas tres ecologías se articulan en la perspectiva ético-política de la Ecosofía.

En esta vertiente de la ecología profunda se encuentra el concepto de “Bioeconomía” (nos referimos a la auténtica y no a la pseudo-bioeconomía que vimos en el capítulo 2). Como señala el colombiano Carlos Maldonado (2016, p. 290), estudioso de los sistemas complejos, la bioeconomía nace gracias a los trabajos de Georgescu-Roegen, quien vincula el estudio de la termodinámica con los procesos de crecimiento y desarrollo económico y, en consecuencia, su contradicción insalvable en los marcos del modelo liberal clásico y neoclásico de la economía[10]. 

Siguiendo con Maldonado, la bioeconomía se bifurca posteriormente en dos vertientes distintas: la economía ecológica y la ecología política. Los temas y problemas ambientales se convierten en una crítica de los fundamentos económicos, políticos y de estilo de vida del capitalismo, con su consecuente destrucción de la naturaleza. De manera que, para el filósofo y sociólogo colombiano, la bioeconomía y el biodesarrollo son economía y desarrollo de cara a la naturaleza y en función de la vida.  Dicho de otra manera, se trata de economía compleja y de desarrollo complejo en el sentido preciso de las ciencias de la complejidad (Maldonado, s/f, p. 89)[11].  Así, el crecimiento como ideal de la economía de libre mercado deja su paso al biodesarrollo entendido como una forma de vida —y en términos económicos, una forma de producción y de consumo— en términos de armonía: armonía con la naturaleza, armonía con el universo, armonía con la sociedad, armonía consigo mismo (Tiezzi, 2006, citado por Maldonado, s/f, p. 89). Sorprende que esta formulación de Tiezzi sea totalmente convergente con la definición del concepto tzeltal de los indígenas mayas chiapanecos: el buen vivir expresado como “Lequil kuxlejalil” y cuyos contendidos principales incluyan esta múltiple armonía y a la que sólo añaden la armonía con Dios.

La propuesta analítica de Capra y la apuesta de Maldonado por la economía compleja (bioeconomía) y el desarrollo complejo (biodesarrollo) nos remiten a la economía de la vida de Franz Hinkelammert y Henry Mora (2006), así como a las propuestas de Eduardo Gudynas (2011) sobre el postdesarrollo. 

Los primeros, desde la economía misma y su necesario marco ético, se preguntan y responden sobre el quehacer y el pensar la economía:

“¿Cómo entendemos entonces la economía? ¿Cómo creemos que debe ser reformulada la economía, en cuanto actividad humana y en cuanto disciplina teórica? O al menos, ¿en qué dirección? Creemos que esta reformulación debe darse en el sentido de constituir Una Economía orientada hacia la Vida, o, resumidamente, Una Economía para la Vida. Y cuando hablamos de “vida” nos referimos a la vida real de los seres humanos reales, no a la vida imaginaria e invertida de las teorías económicas neoclásica y neoliberal (y de la tradición positivista en general). Una Economía para la Vida se debe ocupar de las condiciones que hacen posible esta vida a partir del hecho de que el ser humano es un ser natural, corporal, necesitado (sujeto de necesidades). Se ocupa, por tanto, particularmente, de la reproducción de las condiciones materiales (biofísicas y socio-institucionales) que hacen posible y sostenible la vida a partir de la satisfacción de las necesidades y el goce de todos, y por tanto, del acceso a los valores de uso que hagan posible esta satisfacción y este goce; que hagan posible una vida plena para todos y todas” (Hinkelammert y Mora, 2006, p. 19).

Resaltan en su respuesta, de manera franca, la necesidad de una “Economía para la Vida”, de sus condiciones de reproducción posibles y sostenibles y del acceso a los valores de uso para una vida plena para todos y todas.

Por su parte, Eduardo Gudynas (2011:47), en su análisis sobre las alternativas, reconoce que más allá del progreso y la modernidad se encuentran diversas propuestas como: la Convivencialidad; el Desarrollo sustentable superfuerte, biocentrismo y la ecología profunda; la Crítica feminista, economía del cuidado; la Desmaterialización de las economías y el decrecimiento (en parte); el Interculturalismo, pluralismo, ontologías relacionales y ciudadanías expandidas, y el Buen vivir (en algunas manifestaciones).

O recuperando la propuesta de Maldonado (s/f, p. 86):

“Desde el punto de vista de la organización humana, el biodesarrollo consiste en un llamado y una puesta en marcha de redistribución de responsabilidades basado en la variedad de tareas e intereses dirigidos hacia la seguridad humana y la soberanía alimenticia. de entrada, por consiguiente, el biodesarrollo emerge como una crítica estructural y profunda del consumismo como la forma determinante del libre mercado. Y la bioeconomía como compañero de viaje de este biodesarrollo en complejidad o profundo”.

Víctor Toledo es otro de los grandes referentes de la relación compleja sociedad-naturaleza. En colaboración con Infante-Amate y González de Molina (Infante-Amate et al, 2017, p. 131), para los autores el concepto de Metabolismo Social es un concepto robusto que debe llevarse al estudio de la realidad socioambiental. Si bien el concepto tuvo su origen en Karl Marx, se mantuvo en estado latente hasta los años sesenta del siglo XX y cobró enorme desarrollo en 1997 con Fischer-Kowalski (1997, citados por Infante-Amate et al, 2017). De acuerdo con los autores, el concepto abarca un conjunto de herramientas teóricas y metodológicas útiles para analizar el comportamiento físico de la economía y la sustentabilidad, tanto desde su base material como el estudio de los flujos de energía y materiales.[12] De manera que, siguiendo a los autores, para el metabolismo social puede ser definido como:

“(…) el modo en que las sociedades organizan su intercambio de energía y materiales con su medio ambiente (Fischer-Kowalski y Haberl 1993, 1997; Fischer-Kowalski 1998, 2002; Giampietro y Mayumi 2000; Giampietro et al. 2011) con el propósito de revertir el proceso entrópico al que, como todos los seres vivos, están sujetos (González de Molina y Toledo 2014)” (citados por Infante-Amate et al, 2017, p. 131).

Sin embargo, Martínez Alier (2018) con su concepto de economía entrópica va más lejos, realizando una crítica a la economía circular, así como al mismo concepto de sustentabilidad. En una contribución al periódico mexicano la Jornada, Martínez Alier (2015) sostiene que la economía no es circular, como sinónimo de que se reutilizan los materiales o la energía, porque más que se quiera[13]. La economía es entrópica y tiende al uso de recursos de manera ilimitada:

“Como ha escrito Jesús Ramos Martín, bajo la ilusión de la economía circular, parecería que el crecimiento puede continuar de manera ilimitada, pues reciclaremos los residuos y los convertiremos en nuevos recursos. Por si fuera poco, si cada vez somos más eficientes en el uso de recursos, vamos a necesitar menos cantidad de los mismos. Pero ahí aparece una paradoja (la Paradoja de Jevons): la mayor eficiencia abarata el costo, y por tanto puede llevar a un mayor uso (…)”

Es decir que, para el antropólogo Jesús Ramos Martín (2015), miembro del Centro de Prospectiva Estratégica del Instituto de Altos Estudios Nacionales en Ecuador, las sociedades humanas, a medida que evolucionan, tienden a mayores grados de complejidad generando cada vez mayores costos con sus nuevas estructuras organizativas y, por tanto, mayores demandas de recursos[14]. 

Y en el mismo sentido, Porto-Goncalves (2017, pág. 75), citando a diversos autores, nos habla de una verdadera y trágica ruptura metabólica, la cual combina una crisis epistémica y una crisis material-natural de la vida, en suma, una crisis societaria: 

“Vivimos desde los años 60 una revolución de larga duración, diría Immanuel Wallerstein. La crisis de “un modelo de poder” de larga duración que comenzó en 1492, diría Aníbal Quijano. Un “caos sistémico”, diría Giovanni Arrrigui. Es una crisis epistémica y política. La ruptura metabólica de la que estamos hablando tiene una dimensión epistémica, como viene insistiendo Enrique Leff, y que se elabora con la separación sociedad-naturaleza. Esa separación no es solo epistémica, insisten autores entre los cuales nos encontramos, sino también una separación material que nos quiere ver separados de las condiciones materiales/naturales de la vida. La cuestión de la Tierra como planeta solamente será superada si somos capaces de considerar que la Tierra no es una abstracción, sino algo que siente y pulsa por ser diferente en sus geografías, en sus geo-grafías, grafiadas por las culturas que surcan la Tierra/tierra; por los ríos con sus cursos, que hacen sus firmas con la tierra/Tierra, en sus caminos. Firman la tierra, firman la Tierra”.

Julio Carrizosa (2017, pp. 295-296), en un diálogo entre la complejidad y la ecología política, nos sitúa a su vez desde el panorama de América Latina: 

“La ecología política y la ecología integral podrían aprovechar estas muestras de complejidad de la realidad latinoamericana para plantear soluciones ecológicas, económicas y sociales no ideologizadas (…) El reconocimiento de esta enorme complejidad de la realidad latinoamericana podría conducir al olvido de las antiguas recetas europeas y norteamericanas y a lograr soluciones propias. El buen vivir podría ser el objetivo capaz de generar nuevas formas de ver la economía y la política, solo como partes de la complejidad del ser humano que vive en un territorio físico específico y así, libres de los dogmas de izquierda y derecha, tal vez seriamos capaces de encontrar nuevas formas de convivir, de educarnos, de ordenar el espacio, de proporcionar ingresos básicos a todos los ciudadanos”.

Un cruce entre estas propuestas no permite encontrar la posibilidad de una economía para la vida, la ecología profunda, la bioeconomía y el Buen vivir. Nosotros consideramos que podría nombrarse como “Alter bioeconomía, es decir, una “Bioeconomía profunda”, donde el centro no está en el mercado -mercadocéntrica-, en el Estado -estadocéntrica- en la sociedad -sociocéntrica- y ni siquiera en la especie humana -antropocéntrica[15]-, sino en la vida toda del planeta -y, por tanto, biocéntrica-. Y en esta apuesta, la especie humana se juega su suerte, porque su propia sobrevivencia está ajustada, integrada o entramada con la suerte del planeta. La economía deja de ser una disciplina autónoma para conectarse con otras disciplinas, así como las realidades económicas y las nuevas emergencias deben decidirse por poner en el centro la vida planetaria misma. 

Desde esta perspectiva alter-biocéntrica, es necesario reconocer los aportes y los límites de otras apuestas económicas alternativas, como las economías social y solidaria.


4.6 Las economías emergentes alternativas
al mercado en el campo de la Inclusión social 

Economías propias o comunitarias

Otra de las prácticas socioeconómicas relevantes en todo el mundo son las economías propias. Referidas a las economías de comunidades originarias, las economías propias combinan, de manera híbrida, diversas prácticas económicas. Olver Quijano (2016), en su libro “Ecosimías. Visiones y prácticas de diferencia económico/cultural en contextos de multiplicidad”, en referencia a las economías propias del Valle del Cauca, en Colombia, lo expresa de esta manera:

“(…) las comunidades asisten a la realización del mercado en sus localidades como muestra de que sus visiones y prácticas, si bien mantienen como sustrato una lógica inscrita en su cosmovisión, no son una manifestación de ‘pureza económica’ sino más bien una apuesta que también considera la posibilidad de asistir y alternar con los mercados locales” (Quijano, 2016, p. 271).

Es decir, de acuerdo con el mismo sociólogo de la Descolonialidad, las organizaciones y comunidades indígenas no promueven una suerte de pureza o nostalgia económica, sino que agencian un conjunto de construcciones y apropiaciones estratégicas, las cuales combinan lo propio y lo ajeno, el adentro y el afuera (Quijano, 2016, p. 300). 

Se podría decir también que las economía propias o comunitarias buscan integrar, de manera dialógica, el pasado -con sus tradiciones y prácticas económicas indígenas o ancestrales- con el presente y sus mercados locales alternativos al capital. En las economías propias conviven el trabajo familiar y comunitario, el territorio y su defensa, la vida espiritual-material-simbólica con su anclaje a la tierra y a la naturaleza, la vida en solidaridad, las redes de reciprocidad, las soberanías alimentarias, la revitalización cultural y la (re)producción de la existencia, las resistencias y la lucha por su autonomía (Quijano, 2016, o. 300).[16]

La Economía Social y/o Solidaria
y otras economías asociadas

Karl Polanyi (1944) señalaba que cuatro son los principios conforme a los cuales se organizan los distintos sistemas económicos a lo largo de la historia humana: 

Reciprocidad, relacionado con la economía del don descrita por el antropólogo social y etnólogo Marcel Mauss (2009) como la triple obligación del dar, recibir y devolver;

Redistribución, proceso de apropiación en individuos o instituciones para posteriormente distribuirlos en la comunidad o sociedad;

Economía doméstica, se refiere a la capacidad de satisfacer las necesidades de uso de un grupo familiar o de una comunidad y se relaciona con la capacidad de autoabastecimiento; 

Intercambio, circulan los bienes y servicios sobre la base de la oferta y la demanda, sin generar relaciones sociales duraderas.

Resulta evidente que en la economía de mercado es este último el que ha prevalecido. No sólo se convirtió en dominante, sino que ha tendido a su absolutización, mercantilizando prácticamente todo: los derechos, los bienes comunes y, en muchos casos, hasta la vida misma[17].

Diversos autores, tanto del Norte como del Sur global, han buscado explicar y comprender otras economías. Diversas corrientes teóricas y conceptuales coexisten alrededor de otras economías. En el Cuadro 4.2 hacemos una recuperación de estas corrientes desde la perspectiva geocultural y sus escuelas de referencia a partir de sus autores más representativos, los valores predominantes en cada uno y sus principales apuestas disciplinares con sus características centrales[18].

No es posible hacer aquí una descripción más detallada de cada autor, pero un desarrollo básico sería el siguiente (Díaz, 2018). 

Algunos de los principales conceptos asociados son :
(Gonzales, 2009, pp. 4-8)


Economía Popular Solidaria:
no toda la economía popular es una economía solidaria, ni toda la economía solidaria es parte de la economía popular. Es una socioeconomía centrada en el trabajo y no en el capital, dado que se entiende como un sistema de producción, distribución y consumo con relaciones orientadas por la satisfacción de las necesidades a medida que la vida humana amplía la reproducción;

Economía para la vida: se refiere a las condiciones materiales (biofísicas y socio-institucionales) que hacen posible y sostenible la vida a partir de la satisfacción de las necesidades;

Economía feminista: se propone romper con la base material cultural capitalista, es decir, con el patriarcado que asegura la continuidad de una sociedad jerárquica y desigual, tanto en lo simbólico como en lo material;

Economía ecológica: incluye principios éticos como la equidad intergeneracional, la justicia social y la gestión sostenible, así como el pluralismo metodológico multidisciplinario, metodológico y la apertura histórica.

Otros conceptos cercanos que parecen fundamentales para ser incluidos son los siguientes:

Economía social: basada en el cooperativismo histórico, se estructura en torno a tres grandes familias de organizaciones: cooperativas, mutualistas y asociativas, con la reciente incorporación de Fundaciones (Monzón y Chaves, s / f, p.13)[19].

Economía Sustantiva: Polanyi (2001), en su libro “La Gran Transformación”, enfatiza la distinción entre dos conceptos diferenciados en economía: formalista y sustantivista. Polanyi propone tres formas de integración social que son diferentes entre sí: la reciprocidad -que presupone la igualdad entre las partes-, la redistribución de los recursos -tanto en la apropiación hacia el centro y luego en el exterior- como el intercambio de mercado de la economía capitalista. Es en este lado de la reciprocidad de la concepción Sustantivista donde el pensamiento de la economía solidaria se riega.

Reciprocidad de la Antropología Económica de Marcel Mauss: con una fuerte influencia en ECOSOL, el antropólogo estudió la importancia social del Don en las sociedades tribales y demuestra que el regalo es reciprocidad porque, al crear un vínculo no comercial (intercambios no pagados o trueque), crea un vínculo social, obligando al destinatario (recibir), por lo que el destinatario está obligado a regresarlo mediante un Contra don (devolución). Para Mauss, el don es esencial en la sociedad humana. Su pensamiento es profundizado por el Movimiento Anti-Utilitario en Ciencias Sociales (MAUSS), quien realiza una crítica radical del interés individual y egoísta de la teoría económica clásica como principio y motor para la consecución del interés general (Caillé, 2003).

Socioeconomía: Amitai Etzioni (2006), sociólogo estadunidense nacido en Alemania, es el fundador de esta corriente de pensamiento desde una perspectiva cultural comunitarista. La socioeconomía reivindica la necesidad de una nueva definición de las relaciones entre la economía, la sociedad, las instituciones y los mercados, así como una nueva apertura a las realidades sociales, políticas, culturales más amplias. Etzioni afirma que las decisiones económicas no pueden separarse de los valores, las normas y los consensos sociales o del impulso ético presente en las acciones de los seres humanos, pero tampoco de las relaciones de poder y de las redes sociales. Esta corriente tiene como referente a la Sociedad para el Avance de la Socioeconomía (SASE), la cual fue fundada en 1989 como una organización interdisciplinaria de carácter internacional con miembros de más de 50 países de los cinco continentes. Entre las disciplinas académicas representadas en SASE se encuentran la economía, la sociología, la ciencia política, administración, psicología, leyes, historia y filosofía.  Metodológicamente, la socioeconomía, en tanto metadisciplina emergente, intenta equilibrar los métodos inductivo y deductivo para estudiar el comportamiento económico integrando las dimensiones macro y microeconómicas. Su preocupación no es, por tanto, criticar a la economía neoclásica, sino en estudiar los fenómenos empíricos alternativos de tipo predictivo, importantes y moralmente sustentados.

Bioeconomía (biodesarrollo): Carlos Maldonado (s/f), filósofo y sociólogo colombiano, desde las Ciencias de la Complejidad, nos invita a pensar la economía en su articulación o metabolización social con la naturaleza y, por tanto, más allá incluso del concepto de sustentabilidad. En la bioeconomía, o economía compleja, los recursos del planeta son entendidos como bienes comunes que tienen límites (el crecimiento económico del libre mercado no puede ser ilimitado) y deben ser respetados, no explotados, en una relación armónica y simbiótica a la manera de Félix Wattari y su propuesta (la múltiple armonía que señala Tiezzi, citado por Maldonado en el mismo artículo). Bioeconomía, Economía Compleja y Economía para a Vida serían sinónimos para Maldonado, así como sus correlatos Biodesarrollo, Desarrollo Complejo y Desarrollo para la Vida.

Teoría de los Bienes comunes: como una respuesta a diversos planteamientos que cuestionan la posibilidad de la cooperación en el gobierno o la gestión de los bienes comunes dada la dominancia del gorrón o free rider– nos referimos a la tragedia de los comunes y al juego de los pastores de Garret Hardin (adaptado del juego del dilema del prisionero), así como a la lógica de la acción colectiva de Mancur Olson-, la ganadora del Premio Nobel de Economía, Elinor Ostrom (2012), y sus numerosas investigaciones basadas en estudios de campo, teoría de juegos y modelos de agentes, demostraron que las personas pueden actuar colectivamente para gestionar los recursos naturales compartidos de manera sostenible. Por lo tanto, las condiciones para que los individuos cooperen, participen e interactúen en acciones colectivas sostenibles son el conocimiento mutuo, la comunicación y la confianza mutua para cooperar y compartir la información disponible para ellos. De acuerdo con el estudio de las experiencias empíricas, ya desde fines del siglo XX Elinor Ostrom encontró que para hacer viable el uso común de los recursos, los usuarios han desarrollado una amplia diversidad en sus propios acuerdos, los cuales se hacen respetar a través de muchos mecanismos: agencias gubernamentales externas, participación de miembros de la comunidad de usuarios, empleados como monitores y encargados de hacer cumplir los acuerdos (Ostrom, 2000, p. 47). 

Economía de los comunes: Raquel Gutiérrez et al (2016), tomando distancia de Elinor Ostrom y de Hardt y Negri[20], sostienen que lo común son aquellos bienes que solemos llamar “comunes” –como el agua, las semillas, los bosques, los sistemas de riego de algunas comunidades, algunos espacios urbanos autogestivos, etcétera– y son, al mismo tiempo, las relaciones sociales que los producen (las personas, las prácticas organizativas, los procesos de significación colectiva, los vínculos afectivos, las relaciones de interdependencia y reciprocidad que les dan cotidianamente forma). Tales relaciones, afirman las autoras, coexisten de forma ambigua y contradictoria con las relaciones sociales capitalistas, pero suelen emerger a partir del trabajo concreto y cooperativo de colectividades humanas autoorganizadas que tejen estrategias articuladas de colaboración para enfrentar problemas y necesidades comunes y garantizar así la reproducción y el cuidado del sustento material y espiritual de sus comunidades de vida (págs. 387-389). Tales experiencias, si bien en la mayoría de los casos no confrontan abierta y explícitamente al Estado y al capital, resisten a la organización capitalista del trabajo y de la vida social al recrear, reinventar y cultivar diversas formas comunitarias de organización de la vida colectiva y autogestión de necesidades y problemas compartidos. Lo anterior no supone que estas experiencias de autorregulación comunitaria de la vida no están exentas de ninguna manera de contradicciones y tensiones internas (págs. 401-402).

Altruismo de la biología: Martin A. Nowak (2012), como biólogo, matemático y sus aplicaciones de la teoría de juegos, en su famoso libro “Super-cooperadores: altruismo, evolución y por qué nos necesitamos los unos a los otros para tener éxito”, argumenta que las criaturas de cualquier tipo y nivel de complejidad necesariamente cooperan para vivir, de manera que la sociedad humana está inmersa en la cooperación. Nosotros somos, dice Novak, cuando trabajamos juntos, los cooperadores supremos, es decir, los más grandes del universo conocido.

Cooperativismo de biología evolutiva y Antropología: en su relevante libro “War and Pecae and War” (Guerra y Paz y Guerra), pero especialmente en su último libro “Ultrasociety. How 10,000 Years of War Made Humans the Greatest Cooperators on Earth” (Ultrasociedad. Cómo 10.000 años de guerra hicieron de los seres humanos los más grandes cooperadores en la tierra), Peter Turchin (2016) argumenta que la clave para la formación de un imperio es la capacidad de la sociedad para la acción colectiva y altos niveles de cooperación (las personas tienen que unirse para luchar contra un común enemigo, como los imperios romano, ruso e, incluso, los Estados Unidos). Pero a medida que crecen los imperios, los ricos se enriquecen y los pobres se empobrecen, el conflicto sustituye a la cooperación y sigue inevitablemente la disolución. Pero, desde la Evolución Cultural como disciplina en ciernes (Cultural Multilevel Selection), también Turchin retoma los procesos de cooperación como base del éxito en diversos ámbitos como los negocios (empresas), el deporte (equipos deportivos) o la milicia (ejércitos) o a nivel de sociedades. Pero en todos los casos, afirma Turchin, cooperamos para competir entre colectivos o grupos, de manera que cooperación y competencia son un binomio no dicotómico. Y mientras que cooperamos para competir entre grupos, la competencia al interior de los grupos destruye la cooperación, lo que significa que los grupos cooperativos exitosos deben suprimir su competencia interna (por medio de la equidad entre sus miembros). Habrá que destacar la perspectiva competitiva que Turchin encuentra en toda relación entre grupos o, dicho de otra manera, la cooperación limitada sólo al interior grupal.

Biología del Amar: Humberto Maturana y Francisco Varela, biólogos chilenos, han hecho grandes contribuciones a la biología. Maturana (2009) es el primer científico en explicar el amor desde que lo hizo como tal. En su propuesta, el amor no es una cualidad o un regalo, sino más bien, como un fenómeno biológico relacional. Consiste en comportamientos o el tipo de comportamiento -cooperación, altruismo, sacrificio, rendición- a través del cual el otro, u otro, emerge como un otro legítimo en la vecindad de convivencia, en circunstancias en las que el otro, o el otro, puede ser uno mismo. Para Humberto Maturana (2009, p.18), la naturaleza íntima del fenómeno social humano es su fundamento ético: “La aceptación y el respeto por el otro que está en el corazón del Amor como el biológico fundamento de lo social”.

Cooperación y altruismo de la economía posmarxista: dos economistas cuyas contribuciones a las ideas de cooperación, altruismo, evolución, teoría de juegos y fuerte reciprocidad son capilares -y han colaborado en diversos momentos y proyectos- son Herbert Gintis y Samuel Bowles. Bowles está cerca del pensamiento neomarxista o postmarxista y ha realizado desigualdades y estudios de ingresos en varios países, descubriendo que las inversiones en nutrición, salud y educación de niños pobres no solo han producido mayores oportunidades económicas sino también un mejor desempeño de la economía. Por esta razón, los países de Asia oriental con distribuciones relativas del nivel de ingresos han superado considerablemente a los países de América Latina cuyas distribuciones de ingresos son menos equitativas (Bowles, Boyd, Fehr y Gintis, 2005).

Economía del Buen vivir o del Bien común: emparentados con las nociones de Decrecimiento y Postextractivismo como salidas del laberinto capitalista, Maristella Svampa (2018, p. 12), recuperando la propuesta de Alberto Acosta y Ulrich Brand- plantea la pregunta “si no debemos deshacernos de dichos conceptos, que tienen un ´escaso atractivo simbólico´, para retomar aquellos otros que efectivamente presentan lo que podríamos denominar, siguiendo a M. Bloch, ´un principio esperanza´, como el de Buen Vivir o el de Bien Común de la Humanidad”.

Los orígenes de las experiencias socioeconómicas pueden ser tan diversos como la historia de la humanidad, pero acotando al tiempo de existencia del capitalismo, podemos remontarnos desde el pensamiento a las influencias marxistas y de la Doctrina Social de la Iglesia hasta nuestros días.

Fue en el II Foro Social en Porto Alegre, en el año 2002, cuando se tomó la decisión de consensuar una denominación común. Se decide por Economía Solidaria como paraguas que permite la construcción de un contexto teórico común (Guerra, 2007). Sin embargo, en Europa el concepto dominante y que engloba el sector cooperativo, al mutualista y el asociacionismo civil, es el de Economía Social. Por lo anterior, desde hace años ha venido creciendo globalmente el concepto unificador y salomónico de Economía Social y Solidaria con el fin de unificar ambas tradiciones[21]. A pesar de ello, en Latinoamérica la noción de Economía Solidaria se ha mantenido y prevalecido.

En el Cuadro 4.3 hemos diseñado un mapa que permite ubicar algunos de los principales autores y sus marcos teórico-conceptuales referenciales[22]. Es posible observar en ella las diversas teorías a partir de las cuales se utiliza el concepto de Economía Solidaria, como Otra Economía, es decir, una Economía Alternativa o Alter-bioeconomía Solidaria. Dependiendo de las diversas tradiciones teóricas y disciplinarias como el marxismo, la doctrina social de la Iglesia Católica, el socialismo utópico y la antropología étnica de Marcel Mauss (2009), además de las diversas hibridaciones socioeconómicas, las nuevas propuestas conceptuales tienden a fusionar conceptos en torno a la Economía Solidaria para generar “vínculos conceptuales híbridos”: Economía Social y Solidaria, Economía Popular Solidaria, Solidaridad Social y Economía Ecológica, Redes de Colaboración Solidaria, entre otros.

Un breve recorrido en el pensamiento económico solidario de América Latina -con Pablo Guerra, Luis Razetto, José Luis Coraggio, Marcos Arruda, Paul Singer, Aníbal Quijano y Euclides Mance- nos permite recoger diversas definiciones que llevan a pensar que la Economía Solidaria se encuentra cercana a lo que anteriormente habíamos sugerido llamar como una “alter-bioeconomía”, es decir, una “economía de, en y para la vida” que integra varias dimensiones. De ahí que, articulando la economía profunda y la economía solidaria, podríamos definirla como una economía alternativa en la producción, el intercambio y la reproducción, donde prevalecen la vida, la reciprocidad expandida y la solidaridad. Esta alternativa socioeconómica busca la recuperación del sujeto y de la sociedad mediante la reproducción ampliada de la vida humana para todos, tanto en las instituciones sociales como en las construcciones culturales a través del respeto e inclusión de las diversas identidades, con equidad social y armonía con la naturaleza.

Un repaso por las definiciones latinoamericanas de economía solidaria nos permite una mirada cercana. 

Para González Mayer (2016, p. 5), desde el humanismo cristiano, la economía cooperativa, solidaria y asociativa (ECSA) debiese ser comprendido como el corazón central en la constitución de una “economía social”. Son prácticas y organizaciones que han estado envueltas por un propósito tanto de producir bienes y servicios como de objetivos mucho más amplios de tipo solidario, libertario y democratizador, buscando ligar, de otra forma, la economía con la sociedad. Nos referimos con experiencias, practicas, unidades o sector de economía CSA a aquellas actividades de tipo asociativo indistintamente orientadas a producir bienes y servicios para el mercado, para el autoconsumo, para terceros sin mediación del mercado, bajo formas monetarias o no monetarias, pero que, en lo esencial y común, presentan formas de propiedad, de organización y de gestión colectiva y participativa, aunque las formas en que esto ocurre pueden diferir de unas a otras.

José Luis Coraggio, investigador argentino y una de las principales referencias latinoamericanas de la economía social-solidaria, destaca el valor humano y la asociación autogestionaria de esta socioeconomía, además de su falta de ganancias con la sostenibilidad a través de lazos familiares, comunitarios y naturales:

“La economía social y solidaria es, entonces, una forma de hacer economía, organizando de manera asociada y cooperativa la producción, distribución, circulación y consumo de bienes y servicios no basados ​​en el lucro privado, sino en la resolución de las necesidades , buscando condiciones de vida de alta calidad para todos los involucrados, sus familias y comunidades, en colaboración con otras comunidades para resolver necesidades materiales estableciendo lazos fraternales y solidarios, asumiendo responsablemente el manejo de los recursos naturales y el respeto a las generaciones futuras, consolidando una vida armoniosa y duradera vínculos sociales entre comunidades, sin explotación del trabajo de otros” (2009, p.28).

Pablo Guerra (2014), uruguayo y profesor de la Universidad de la República (Montevideo, Uruguay), enfatiza el trabajo como centro y destaca el Factor C (cooperar, compartir, convivir, colaborar, etc.) como central en las prácticas de socioeconomía solidaria:

“(…) Las prácticas socioeconómicas solidarias se caracterizan por hacer un uso fundamental del trabajo y del Factor C en los procesos productivos, para distribuir basado en relaciones de reciprocidad y altruismo, consumir con espíritu crítico y basado en el reconocimiento de las necesidades humanas plurales, así como acumular con sentido comunitario, todo en el marco de proyectos que apuntan a procesos de autogestión, cooperación y asociación. En todos los casos, la presencia de beneficios o no, no es un criterio de importancia (con esto nos alejamos de la escuela norteamericana del tercer sector), ni es la presencia o ausencia de dinero en los procesos de circulación (con esto nos alejamos de las corrientes francesas), o la presencia o ausencia de pago a los factores (distanciando, finalmente, de los criterios más establecidos en términos de economía social)” (p.53).

En el mismo sentido, y relacionando economía y vida, para la economista mexicana María Arcelia Gonzáles Butrón la economía para la vida supone la recuperación del sujeto:

“En el contexto de la globalización neoliberal, los cuerpos vivos se están excluyendo-descartando como nunca en la historia. La economía, como ciencia para la vida, debe recuperar hoy la corporeidad concreta en medio de abstracciones, de datos, de figuras, de modelos; tiene que entrar en diálogo con otras ciencias y conocimientos para recuperar su orientación y sus objetivos últimos. En este sentido, creemos que las opiniones éticas de la economía y el trabajo basado en los derechos humanos son fundamentales hoy en día para contribuir desde su trabajo a afirmar el Sujeto, la Humanidad, la Vida” (2012, p.13).

Otro destacado pensador latinoamericano, Luis Razeto, investigador chileno de larga trayectoria en el estudio y promoción de la ECOSOL, enfatizando la solidaridad y el trabajo, sostiene que ECOSOL consiste en:

“Una búsqueda teórica y práctica de formas de economía alternativa basadas en la solidaridad y el trabajo. Su principio o fundamento es que la introducción de niveles crecientes y cualitativamente más altos de solidaridad en actividades, organizaciones e instituciones económicas, tanto a nivel de las empresas en los mercados como en las políticas públicas, aumenta la eficiencia micro y macroeconómica, así como la generación de un conjunto de y beneficios culturales que favorecen a la sociedad” (Razeto, 2010, p.47)

Para Euclides Mance, un filósofo de la liberación brasileño y pensador de economías solidarias, la creación de Redes de Solidaridad Colaborativa es un desafío para promover el fortalecimiento necesario de estas alternativas socioeconómicas. Mance (2002) define el gran objetivo de estas prácticas como:

“El objetivo básico de estas redes es articular de manera solidaria y ecológica las cadenas productivas: a) producir en las redes todo lo que todavía consumen del mercado capitalista: productos finales, suministros, servicios, etc.; b) corrigiendo flujos de valores, para evitar redirigir la producción capitalista, que ocurre cuando las empresas solidarias compran bienes y servicios a las empresas capitalistas; c) generar nuevos empleos y distribuir los ingresos, a través de la organización de nuevas empresas económicas para satisfacer las demandas de las propias redes; d) garantizar las condiciones económicas para el ejercicio ético de las libertades públicas y privadas. La reinversión colectiva de los excedentes hace posible la reducción progresiva de la jornada laboral de todos, el aumento del tiempo libre para el bienestar y la mejora de los patrones de consumo de cada persona” (p.2).

Sin grandes diferencias entre los autores latinoamericanos, y contraria no sólo a la acumulación de capital y de poder, desde nuestro punto de vista es la definición de Aníbal Quijano (2008) la que se aproxima más a la alter-bioeconomía ya que afirma que la reciprocidad pueda entenderse – en el contexto latinoamericano y de poder colonial/moderno- como: 

“(…) una reciprocidad que re-emerge y se re-expande como: a) organización de la producción, del intercambio o distribución, y reproducción; b) asociada a la comunidad como estructura de autoridad colectiva; c) igualdad social de los individuos dentro de la diversidad y de la heterogeneidad de identidades individuales y colectivas; d) horizontalidad de las relaciones entre los individuos de todas las identidades, comenzando con las diferencias entre los sexos y las sexualidades; e) relaciones de uso y de reproducción con los otros seres vivos y f) una cultura de corresponsabilidad en la existencia del universo”.

En este contexto de una socioeconomía de la reciprocidad como la propuesta por Aníbal Quijano, en el mismo sentido, el gran teólogo brasileño de la liberación, Leonardo Boff, en sus permanentes llamados a la creación de una nueva civilización basada en los mejores valores de la humanidad, nos invita a rescatar también el concepto y las prácticas democráticas: las democracias participativas y comunitarias del buen vivir o del buen convivir, las democracias sin fin de Boaventura de Sousa Santos, la superdemocracia global o planetaria de Jaques Attali, hasta alcanzar las democracias socioecológicas desde una civilización biocentrada (Boff, 2018). De ahí la necesidad de articular las prácticas socioeconómicas con las prácticas democráticas socioecológicas. Un biocentrismo[23] en las economías alternativas y en las democracias alternativas, así como en todas las dimensiones y esferas de la vida.


4.7 Un análisis comparativo
entre las alternativas socioeconómicas

En el Cuadro 4.4 se realiza un ejercicio comparativo de caracterización de las diversas alternativas socioeconómicas que incluyen la Economía Budista, La Economía Justa, las Economías Propias o Comunitarias, las Economías de Innovación Social Cooperativa, la Economía Profunda y las Economías Social y Solidaria. Las características o variables de análisis son las siguientes:

  • Significación (valores compartidos),
  • Relaciones de intercambio, 
  • Condiciones espaciales de intercambio, 
  • Valor de productos y servicios, 
  • Determinación del valor, 
  • Prácticas para la toma de decisiones, 
  • Tipo de organización (figura legal o no).

Veamos brevemente una descripción de estas categorías y sus contenidos referidos a las alternativas económicas emergentes.

Significación

Entendemos por significación al proceso de construcción de sentido que los actores realizan en sus experiencias y prácticas cotidianas. Este proceso está mediado por ciertos valores que alimentan y orientan hacia el sentido de dichas prácticas. 

De manera que mientras que en la Economía Budista se enfatizan la comunidad, la sencillez y frugalidad de la vida, el desarrollo integral de las personas y la relación cercana y armónica con la naturaleza, en la Economía con Justicia se destaca precisamente el valor de la justicia como el gran valor del intercambio y en las relaciones económicas entre los productores, intermediarios y consumidores. 

Por su parte, la Economía Profunda hinca sus valores en la vida, y no sólo la vida humana, sino la vida del planeta en su totalidad desde la perspectiva de la sustentabilidad, el metabolismo social y la integración sociedad-naturaleza. Comulgando con esta perspectiva y desde las que abreva la Economía Profunda, las Economías Comunitarias suelen aportar sus valores fundamentales anclados en la vida comunitaria, en la reciprocidad en el trabajo (el tequio, el mano-vuelta, etc.), en el proceso de producción-distribución-consumo e incluso en las prácticas culturales (las expresiones religiosas, cosmovisiones y celebraciones). La gran fuente de todo ello, es la relación estrecha que las comunidades mantienen con la naturaleza y su cuidado, es decir, como cuidadores de la casa común. 

Las Economías de Innovación Social Cooperativas y Colaborativas (Tecnológico-Sociales), por su parte, se sostienen principalmente en los valores de la innovación creativa y la urgente respuesta a las necesidades sociales junto con la reciprocidad. Finalmente, se puede afirmar que los valores compartidos en la Economías Sociales y Solidarias se refieren principalmente a la solidaridad y la reciprocidad, sin dejar de lado la inclusión social.


Relaciones de intercambio

En esta categoría se analiza la relación que se establece entre productores y consumidores y las mediaciones de intercambio necesarias para lograrlo. Estas relaciones pueden ser de tres tipos: 

Directas: entre productor-consumidor, que se da principalmente en las Economías de Innovación Social Colaborativa dado que es su motivo principal de existencia;

Indirectas: destaca la presencia de mediadores del intercambio o intermediarios. Es el caso claro de la Economía con Justicia, donde prevalecen las grandes Redes del Norte Global;

Mixtas: una combinación de ambas relaciones (directas e indirectas) y presentes en la Economía Budista, la Economía Profunda y las Economías Sociales y Solidarias.


Condiciones espaciales de intercambio

Esta categoría se refiere a la manera donde ocurre el intercambio. Puede realizarse de tres maneras o condiciones[24]:

Físico: intercambio que se realiza cara a cara entre productor, intermediario y consumidor, en sus diversas posibilidades, en un espacio físico específico compartido para ello (local, plaza pública, calle, etc.). Tanto en la Economía Budista, como en la Economía con Justicia, en la Economía Profunda y en las Economías Comunitarias es la condición de intercambio predominante;

Virtual: donde el intercambio se realiza mediante plataformas digitales o aplicaciones tecnológicas especiales. Se trata de la principal apuesta de las Economías de Innovación Social Cooperativa y Colaborativa;

Mixto: una combinación de las condiciones anteriores (física y virtual) y predomina en las Economías Social y Solidaria.

Valor de productos y servicios

Nos referimos al tipo de valor dominante en el intercambio mercantil alternativo. Para Marx[25], de acuerdo con Dussel (1991, citado por Martínez, 2017), la crítica al capitalismo no está del lado del sujeto-consumidor sino del sujeto-productor. Sin embargo, para Dussel, el valor por la utilidad o uso que se da una determinada mercancía tiene ver con la perspectiva y significación que tal mercancía representa para los sujetos-consumidores. 

Por su parte, desde la misma perspectiva marxista, Hinkelammert y Mora (2012, pp. 166-167), en su “Economía para la vida”, nos recuerdan que en la etapa de la sociedad primitiva el valor de cambio prácticamente no existía. En la etapa de la producción mercantil simple, se da un giro, y el valor de cambio se convierte en vehículo de los valores de uso, es decir, el valor de cambio se impone, pero sin penetrar la forma propia de los valores de uso y por tanto fuera de la circulación mercantil y su mundo axiológico. Finalmente, en la tercera etapa –la capitalista–, el valor de uso llega a ser el vehículo del valor de cambio y pretexto necesario de la acumulación del capital. En conclusión, sostienen los economistas, el valor de cambio subordina al valor de uso[26].

Desde otra perspectiva, la de una “Economía para la vida” -como interesa a las economías alternativas al mercado-, Hinkelammert y Mora (2012, pp. 175) nos invitan a considerar de nuevo la producción de los valores de uso como satisfactores de dichas necesidades humanas desde el proceso de trabajo en general, es decir, desde una perspectiva complexiva y totalizadora:

“(…) la ´teoría del valor-trabajo´ sería la forma específica que una teoría general del valor (y de la valorización) adquiere cuando la coordinación del sistema de división social del trabajo se realiza a través de relaciones mercantiles. El espacio de tal teoría general del valor sería el del proceso de trabajo en general, orientado directamente por la producción de valores de uso para la satisfacción de las necesidades humanas. El punto de partida de esta ´Economía orientada hacia la vida´, no sería el homo economicus, sino el sujeto humano necesitado”.

Distinguimos para las alternativas al mercado, entonces, tres tipos de valor como categorías de análisis:

De uso: es el que se obtiene como satisfacción de las necesidades humanas a través del bien o servicio intercambiado y, por tanto, se trata de una teoría general de valorización entendida de manera amplia como un proceso de trabajo general donde tanto productores y consumidores satisfacen sus necesidades humanas;

De cambio: cuando el valor que se estable entre los actores económicos concede más importancia al intercambio, ocultando y generando mayores desigualdades, asimetrías o inequidades entre ellos;

Mixto: cuando se busca una cierta empatía entre ambos valores, una especie de igualdad entre el valor de uso del consumidor y el valor de cambio del productor. En suma, de mayor justicia en la retribución al productor.

Determinación del valor

Quién determina el valor de los productos, bienes o servicios, es otra de las variables a considerar. En los espacios alternativos de intercambio mercantil (no capitalistas o anticapitalistas), la relación social que se establece entre productores, consumidores e intermediarios se vuelve muy significativa y por tanto lejana a la determinación del valor de cambio o precio por el mecanismo de la oferta y la demanda del mercado.

Encontramos dos tipos de posibilidades en este proceso de valorización:

Valor compartido: en diálogo entre productores, intermediarios y consumidores en sus diversas expresiones (productores-consumidores, productores-intermediarios, intermediarios-consumidores);

Valor impuesto: ya sea por productores, consumidores o intermediarios, aunque exista un aparente diálogo, negociación o concertación entre ellos.


Prácticas para la toma de decisiones

La manera como se procesan las decisiones tiene que ver con el tipo de prácticas que sostienen las relaciones entre los actores socioeconómicos involucrados en el intercambio mercantil no capitalista. Los discursos pueden tener matices, pero generalmente hacen referencia a la equidad y justicia económica, donde los productores -en especial los productores pobres del sur global- deben ser tratados de manera que se puedan alcanzar esos fines éticos. La realidad es no siempre sucede esto, dado que las asimetrías de poder de negociación suelen ser significativas entre los consumidores, los intermediarios y los productores. La balanza suele inclinarse hacia alguno de los actores del proceso.

De forma que las decisiones pueden ser tomadas básicamente alrededor de tres tipos de prácticas:

Democráticas: decisiones compartidas con el consenso de todos los participantes en el proceso mercantil alternativo;

Jerárquicas: acontece cuando las asimetrías no logran ser aplanadas en el proceso y las decisiones se decantan en favor de alguno de los actores que cuentan con mayor poder de negociación.

Mixtas: los procesos mercantiles alternativos generalmente resultan más complejos en la realidad y estas prácticas mixtas pueden contar con decisiones democráticas en algunos niveles de decisión y jerárquicas en otros. 


Tipo de organización (figura legal o no)

La formalización organizativa puede ser otra categoría útil en el análisis de las alternativas al mercado. Sin renunciar a construir relaciones alter mercantiles serias y rigurosas, numerosas experiencias se oponen a construir un dispositivo organizativo mediante la constitución de una figura legal que soporte las transacciones convenidas, ya sea por razones ideológicas -en contra del entramado legal dominante como una expresión más de las resistencias al capitalismo- o simplemente por evitar problemas fiscales o contables. 

En este sentido, nos parece conveniente distinguir entre los sistemas alter mercantiles mediante tres tipos:

  • Formales: cuentan con algún tipo de figura legal soporte del intercambio como pueden ser una asociación civil, una unión de cooperativas, etc.;
  • No formales: se constituyen más como redes de intercambio alternativo sin jerarquías ni estructuras organizativas bajo una figura legal;
  • Mixtas: experiencias de intercambio alter mercantil que combinan la formalización organizativa y la no formalización legal, por ejemplo, la constitución de una cooperativa pero sin registro fiscal, o la mezcla entre cooperativa y red.

Vayamos a 4.4 Cuadro 4.4 donde se propone un comparativo de Economías Alternativas a los Mercados Capitalistas mediante las diversas categorías analíticas y sus probables contenidos. Se trata, insistimos en ello, de tendencias o énfasis propositivos que la realidad se encarga siempre de enmendar. Sirva entones tan sólo como una brújula del viaje de estudio de las alternativas a los mercados capitalistas.

Analizadas en conjunto, conviene resaltar algunas de las características de las prácticas socioeconómicas alternativas que destacan de ese cuadro 4.4. Sin estar exentas de contradicciones, tensiones y conflictos, conviene destacar en estas prácticas socioeconómicas sus apuestas y discursos, sus narrativas, en suma, por construir alternativas a los mercados del capital. Por otra parte, es necesario advertir que en la práctica, unas se nutren de otras rompiendo las fronteras o barreras que las separan conceptualmente. 

Es notorio, por un lado, que en las economías originarias o ancestrales (budistas e indígenas) tienen a prevalecer o predominar los valores comunitarios, la sencillez de vida, el aprecio por la naturaleza, la no formalidad del intercambio y del tipo de organización, las prácticas democráticas comunitarias, el valor de uso sobre el valor de cambio, el intercambio cara a cara y las relaciones mixtas de intercambio.

Es en la Economía con Justicia, expresada principalmente por las redes del Comercio Justo donde, a pesar de sus apuestas por la justicia económica, prevalecen las decisiones de tipo jerárquico y piramidal sustentado en los intermediarios del norte global, por sus sellos de comercio justo, la agregación de valor y sus puntos de venta en numerosas ciudades de la Unión Europea, así como de Canadá y los Estados Unidos. Algunos de sus críticos afirman que el beneficio real agregado no alcanza a llegar con mayor equidad a los productores de café o de artesanías, por ejemplo[27]. De manera que el valor dominante no es el de uso que distingue a los consumidores del norte global, sino todavía el valor de cambio que sigue prevaleciendo para los intermediarios de las redes de Comercio Justo a pesar del discurso. Como es posible observar, el valor de uso prevalece en prácticamente todas las economías alternativas, salvo en este caso.

En el caso de la Economía Profunda, resulta notoria su empatía con la naturaleza, su respeto por la vida del planeta y el metabolismo social. De ahí su enorme simpatía y empatía con las prácticas socioeconómicas ancestrales y las economías comunitarias, sus formas cooperativas y solidarias de intercambio y el valor de uso. Las formas alternativas de intercambio están muy marcadas por la significación que reivindica las economías comunitarias o propias de las comunidades indígenas, es decir, por las múltiples armonías que reivindican su cosmovisión: armonía consigo mismos, con la comunidad, con la naturaleza -tierra y territorio, los bienes comunes-, con la vida del planeta y con el universo. 

Las Economías de Innovación Social Cooperativas o Colaborativas destacan por su capacidad de generar nuevas alternativas. Sin dejar de impulsar la reciprocidad en las relaciones socioeconómicas, la imaginación creativa se destaca en sus búsquedas en favor de la construcción de alternativas. Desde sus diversas opciones, el rescate de la innovación social disruptiva-alternativa frente a la innovación impulsada por la economía del capital tienen un significado especial. Por esta razón, destaca también en ellas su apuesta por formas novedosas de intercambio, entre las que se incluyen innovaciones tecnológicas y digitales como las plataformas de intercambio virtuales. Ello, a pesar de que en la mayoría de las otras economías prevalece el intercambio directo o físico. 

Las Economías Social y Solidaria, desde sus valores de reciprocidad, solidaridad y cooperación, así como desde la inclusión social, promueven diversas alternativas socioeconómicas y de intercambio que buscan combinar varias de las propuestas de las economías otras. De ello daremos cuenta con mayor detalle en el próximo capítulo.

Queremos resaltar, finalmente, tres advertencias importantes: 

  • La primera es que las aproximaciones y contenidos de cada categoría analítica para los diversos tipos de economías alternativas emergentes son meramente indicativas; 
  • La segunda consiste en enfatizar nuevamente la existencia de contradicciones, tensiones e incluso conflictos al interior y entre las diversas economías emergentes. El cooperativismo mundial y latinoamericano, con sus tendencias opuestas e intereses, es un ejemplo de ello;
  • Y tercero, la gran apuesta por un cambio sistémica y civilizatorio, es decir, la pregunta por las posibilidades de convergencia entre estas y nuevas formas emergentes -derivadas de las dinámicas de atracción/repulsión presentes en la complejidad de lo real social- hacia un pluriverso de alter bioeconomías. Dicho en otras palabras, si las economías alternativas emergentes son capaces de “sistemizarse” yendo más allá de la periferia del sistema para convertirse en el centro de un nuevo sistema.  Sin voluntarismos, pero sí con acciones afirmativas y comprometidas hacia su convergencia, y respaldados por la complejidad, la incertidumbre, el orden-desorden y el azar, habrá que trabajar por subvertir-disrumpir-construir ese nuevo sistema alter bioeconómico y la nueva vía civilizatoria en favor de la vida.

 


[1] El concepto de Producto Nacional Bruto (PIB), incompleto para medir el bienestar, es sustituido por la Felicidad Nacional Bruta (FNB). Este indicador mide el bienestar y la felicidad a través de varios factores como el bienestar económico, el ambiental, la salud física y mental y el bienestar laboral, social y político.

[2] La no universalidad de una sola forma de vida con su dominación, su reproducción capitalista, su acumulación de la riqueza y su poder militar, para dar paso a la pluriversalidad como un proyecto universal (Mignolo 2011: 33-34, citado por Escobar, 2016, p. 228). 

[3] Se puede consultar su libro “Design, when everybody designs. An Introduction to Design for Social Innovation [Diseño, cuando todos diseñan. Una introducción al diseño para la innovación social] (Manzini, 2015).

[4] De acuerdo con Carmen Valor (2014, p. 4), de la Universidad Pontificia de Comillas, “se llama economía en colaboración a un nuevo modelo de intercambio económico que se basa en tres principios fundamentales: interacción entre productor y consumidor, que mantienen un diálogo continuo, conexión entre pares, gracias a las tecnologías, especialmente digitales, y la colaboración. Las dimensiones de este modelo se extienden tanto a la producción (por ejemplo, crowdsourcing, plataformas de innovación colectiva, open software, contenidos generados por usuarios, coworking), la financiación (iniciativas de crowdfunding) y al consumo”.

[5] Al parecer, en autor no hace una distinción entre los bienes comunes y los comunes, como sí la realizan Raquel Gutiérrez et al (2017).

[6] Además de esta Red, en Brasil existe también la Red Universitaria de Incubadoras Tecnológicas de Cooperativas Populares (Red de ITCPs), la cual surgió en 1998 y cuenta actualmente con 41 incubadoras cuyo objetivo es apoyar la formación, asesoría y consolidación de emprendimientos de economía solidaria.  

[7] Un caso muy interesante de este tipo de STS en México lo constituye el proyecto “Agua para todos, agua para la vida”, el cual involucra a numerosos actores de la sociedad civil, la academia, los afectados/beneficiados y su incidencia propositiva en los tomadores de decisiones mediante estudios, diagnósticos, talleres, resistencias, propuestas de ley, entre otras muchas acciones (se puede consultar su página web en: http://aguaparatodos.org.mx/). 

[8] Prigogine retoma parte de un texto presentado junto con Isabelle Stangers en el coloquio de la Unesco de 1973 que tenía por título “La ciencia y diversidad de las culturas”.

[9] El término acuñado en 1973 por el filósofo noruego Arne Naess, fundador de la Ecología Profunda. 

[10] Paralelamente, Passet (1996, citado por Maldonado, 2017, p. 290) desarrolla la idea de una “economía de la vida”.

[11] Maldonado entiende la complejidad como el estudio de los fenómenos, sistemas y comportamientos no lineales, de complejidad creciente, autoorganizados y que, en su estructura y evolución ganan cada vez más grados de libertad.

[12] El MS surgió como analogía de la noción biológica de metabolismo, dado que las relaciones que los seres humanos establecen con la naturaleza son siempre dobles: individuales o biológicas y colectivas o sociales.

[13] El autor señala que, en conjunto, lo que se recicla actualmente en el mundo no es más de seis por ciento de los materiales extraídos, de manera que estamos lejísimos de una economía circular.

[14] El autor siguiendo a Tainter (1988, citado por Ramos, 2015) sostiene que esta apreciación es compartida por científicos de diversos campos del conocimiento como:  Alfred Lotka (física), Ilya Prigogine (física), Howard T. Odum (ecología), Nicholas Georgescu-Roegen (economía ecológica), Humberto Maturana (biología), o Tim Allen (teoría de las jerarquías, ecología). 

[15] Para Porto-Goncalves (2017, pág. 54), “(…) Estos acontecimientos tienen enormes implicaciones teórico-políticas porque traen a la luz la ruptura metabólica olvidada por la tradición eurocéntrica del conocimiento que, con su idea maestra de “dominación de la naturaleza”, colonizó el mundo con su antropocentrismo”.

[16] Los pueblos ancestrales han sido y lo siguen siendo verdaderos guardianes y cuidadores de la madre tierra.  Diversos estudios dan cuenta de ello. Se calcula que los pueblos originarios ocupan al menos un cuarto de la superficie terrestre catalogado como derecho de propiedad, uso y gestión. Esta superficie representa sobre 38 millones de hectáreas, ubicadas en 87 países, y se intersectan con casi el 40% de las áreas naturales protegidas (Garnett et al, 2018). 

[17] No sólo de especies animales y vegetales -p.e. la producción industrial de alimentos-, sino de la vida humana: trata de personas, nuevas esclavitudes y tráfico de órganos son sólo algunos ejemplos de las nuevas-viejas barbaries del capitalismo actual.

[18] Este material ha sido tomado del capítulo de un libro en proceso de publicación (Díaz, 2018).

[19] Para los mismos autores, cabe señalar que el concepto de economía social es mucho más amplio que el de empresa social, ya que este último forma solo una pequeña parte del primero: la economía social se compone de una gran variedad de agentes. Se puede decir que todas las empresas sociales forman una parte integrante de la economía social, pero la mayoría de las empresas de la economía social no forman parte del grupo de las empresas sociales (Monzón y Chaves, S/F, pp. 37).    

[20] Las autoras sostienen que ambas posturas caen en el error de invisibilizar el trabajo reproductivo y la multiplicidad de relaciones de cooperación social que se producen por debajo, al margen o en contra de las relaciones sociales capitalistas en torno a la reproducción material de la vida y a la búsqueda de una existencia digna. 

[21] Monzón y Cháves (S/F) sostienen que el concepto de Economía Social (ES) no sólo concibe a la misma como parte de una sociedad y de una economía plurales, sino que la propia ES está constituida por una gran pluralidad de actores. Desde este punto de vista, el enfoque de la economía solidaria no sólo presenta importantes elementos de convergencia con el de la ES, sino que, desde el punto de vista práctico, cabe afirmar que todas las organizaciones que se consideran parte integrante de la economía solidaria también forman parte inequívoca de la ES (Monzón y Chavez, S/F). 

[22] No es posible dar cuenta de cada en este trabajo, pero para una consulta más amplia se puede recurrir a Díaz (2008).

[23] Por tanto, yendo más allá del antropocentrismo y, por supuesto, más lejos del sociocentrismo, el estadocentrismo y, definitivamente, del mercadocentrismo.

[24] El espacio, entendido aquí como territorio, da un significado especial a la manera donde sucede el intercambio mercantil: como un espacio socialmente construido y por tanto geo-eco-antrópico (ver Sosa, 2012), es decir, como un espacio complejo donde se articulan diversas dimensiones en torno a la vida, el medio ambiente y los colectivos que participan en el intercambio construyendo un sentido justo o solidario.

[25] Para Marx, el valor de una mercancía está determinado por la cantidad de trabajo socialmente necesario para producirla. Este trabajo socialmente necesario se refiere al trabajo humano abstracto, es decir, al gasto de esfuerzo físico y mental humanos. Por otra parte, el valor de cambio de una mercancía no es igual al trabajo individual, sino al trabajo socialmente necesario para producirla, siendo esto la cantidad de trabajo necesario en condiciones medias de productividad en una determinada sociedad y en una determinada época.

[26] Yendo más lejos en su análisis de la mercancía, Karl Polanyi distingue entre diversos tipos de mercancías y destaca el concepto de mercancías ficticias relacionadas con la tierra y el trabajo.

[27] Fernando Morales-de la Cruz, fundador de Café for Change, realiza una crítica feroz al Comercio Justo: “El mal llamado “café certificado”, “Comercio Justo”, “UTZ” y “Rainforest Alliance” tiene un precio por libra para el caficultor 50% inferior al que le pagaban hace 34 años, en 1983, entonces sin el costo de la falsa certificación. Ese café no es ni justo ni ético ni sostenible. Perpetúa la pobreza de los productores y engaña a los consumidores de los países desarrollados” (Morales, 2018).

Las emergencias socioeconómicas humanizadoras del sistema

La heterodoxia económica frente a los mercados capitalistas convencionales

“Los acérrimos capitalistas suelen aducir que el capital debería ser libre para influir sobre la política, pero que no debería dejar que la política influyera en el capital” 

Yuval N. Harari

Apesar de seguir siendo centro, hegemonía y dominancia, la economía convencional y sus expresiones empíricas enfrentan hoy al pensamiento crítico socioeconómico y a nuevas propuestas por economías emergentes. La diversidad frente al pensamiento único, nuevamente, se expresa.

Si a ello se añade la Gran Formación Social Emergente -como lo indican Wim Dierckxsens y Walter Formento (2019) en su análisis de la situación geopolítica mundial- integrada por China, Rusia e India entre sus naciones principales y su pretensión de reconectar el capital ficticio en la gran burbuja financiera mundial a la economía real productiva, redes de comercio, inversiones en infraestructuras y aprovechamiento de la energía en curso y de cara a una transición energética, se podría dar paso a una transición suave hacia algún tipo de postcapitalismo que haga posibles otras economías alternativas sustentadas en la productividad del trabajo sobre la productividad del capital.

3.1 Críticas económicas heterodoxas
al capitalismo neoliberal

Frente a la visión competitiva básica, la economía convencional se ha visto obligada a reconocer diversas fallas en mercado y en el estado debido a las diversas realidades económicas (Stiglitz y Walsh, 2006): 

  • en el mercado, a. imperfecciones en la competencia (muchas empresas influyen en los precios, y sus formas extremas son la existencia de monopolios y oligopolios); b. la información es imperfecta (hogares y empresas carecen de información perfecta en los tres tipos de mercados: de trabajo, de bienes y de capital); c. mercados inexistentes; d. el cambio tecnológico; e. las externalidades y los bienes públicos; f. ajustes de todo tipo (todo cambia todo el tiempo); g. la distribución de la renta inaceptable; 
  • y en el Estado, la información imperfecta y cercanía con intereses de grupos y poderes fácticos.

Autonomización, individualización, maximización, racionalización, son principios sostenidos desde la teoría económica convencional. Para González Meyer (2018, pp. 185-186), todos nos convertimos en productores, trabajadores o consumidores, perdiendo nuestra capacidad de ser sujetos, tanto individuales como sociales:

“La TNC (teoría neoliberal capitalista) liberó al análisis económico de referencias a aspectos culturales, políticos y sociales en la explicación de cómo ocurre lo económico. Definió su análisis del campo económico desde la representación de individuos aislados que buscan maximizar los recursos de los cuales disponen, en un marco de competencia entre sí en que cada uno determina sus propios fines en forma aislada. Para ello, utilizan cálculos que plasman esa racionalidad maximizadora natural, lo que lleva a usar eficientemente medios en relación a fines y en que son claves los datos que aporta el mercado a través de los precios. Ello lo realizan en la calidad de tres categorías de “sujetos” que pueden adoptar: empresarios, trabajadores y consumidores. Sin embargo, estos son “sujetos” más cercanos a categorías o sujetos sin historia o trans históricos.”

Con una fuerte crítica, Franz Hinkelammert, economista y teólogo alemán radicado en Costa Rica desde hace décadas, afirma que la utopía liberal promueve una idea de “mercado milagroso”, una especie de “idolatría del mercado” sustentada en el pensamiento de Von Hayek y Milton Friedman. Desde esta perspectiva liberal, el mercado aparece como un instrumento de libertad, como condición para la extensión de la personalidad del individuo y la expansión de sus círculos de confianza.

Contra esta visión neoliberal del capitalismo, numerosos intelectuales de diversas ramas de las ciencias sociales realizan una crítica lúcida sobre sus excesos y barbaries (desde economistas y sociólogos, hasta antropólogos sociales y filósofos), sin dejar de reconocer los beneficios globales del capitalismo. Al mismo tiempo, capitalistas prácticos como Nick Hanauer (2018) sostienen que el “homo economicus” defendido simplistamente por la ortodoxia económica -perfectamente racional, maximizador de beneficios, radicalmente egoísta- no es la base ni el motor del capitalismo, sino la pro-socialidad para la cooperación humana, la confianza y la reciprocidad. De ahí que, para Hanauer (2018):

“El capitalismo es la tecnología social más grande jamás inventada para resolver problemas. Pero saber que el capitalismo funciona es diferente a saber por qué funciona. Y contrariamente a la ortodoxia económica, es la reciprocidad, no el egoísmo, lo que la guía, de hecho, como si fuera una mano invisible. Es la reciprocidad social la que genera los altos niveles de confianza necesarios para que grandes redes de personas cooperen a gran escala. Y solo a través de estas redes de especialistas altamente cooperativos puede surgir la complejidad que define nuestra economía moderna”.

De manera que Hanauer (2018) propone 4 búsquedas para alentar las acciones y el activismo alternativo: a. el capitalismo es un sistema auto-organizado pero no auto-regulado (la inversión e intervención gubernamental es necesaria); b. el auténtico capitalismo no es capitalismo repartidor de utilidades sino productor de buenos productos y servicios, buenos trabajos y utilidades justas, en equidad para todos y para construir comunidades más fuertes); c. el capitalismo es efectivo pero no eficiente (eleva nuestro nivel de vida agregado, pero también puede ser extraordinariamente derrochador, cruel y desigual); d. los verdaderos capitalistas son capitalistas éticos (cada acto económico es una opción explícitamente moral para promover la prosperidad, entendida no como dinero sino como acumulación de soluciones a los problemas humanos). Por tanto, para destruir el neoliberalismo, Hanauer propone matar al “hombre economicus”. Y para no liquidar al capitalismo, o por lo menos tener una caída abrupta y rápida, el empresario sugiere compartir la riqueza de manera más justa (Tomanky, 2018).

Por lo anterior, más allá de la supuesta perfección teórica del mercado en la economía convencional, los mercados actuales de las economías capitalistas -en su actual fase neoliberal- en su rapacidad adolecen de múltiples problemas. Los resultados están a la vista: las enormes desigualdades económicas y sociales, el poder de las corporaciones transnacionales por encima del poder de los propios Estados, la existencia de múltiples paraísos fiscales como mecanismos eficaces para la evasión fiscal y el lavado de dinero, el crecimiento del capital financiero y especulativo muy por arriba del capital productivo, la crisis ambiental y el cambio climático, la escalada del crimen organizado a nivel global (narcotráfico, trata de personas, mercado negro de armas), el peso económico de la industria militar con sus múltiples consecuencias,  la minería extractiva y el despojo de las comunidades originarias de sus territorios (tierras, bienes comunes y recursos naturales), la expulsión y migración forzada de poblaciones dentro de los países y a nivel internacional, la digitalización de la economía global en su conjunto, por mencionar algunas de los más relevantes. Se trata de una real multicrisis global, a la manera de Edgar Morin (2011), tanto civilizatoria (de acuerdo con Leonardo Boff, 2010) como del propio sistema-mundo capitalista (Immanuel Wallerstein, 2005). 

Otra de las críticas dentro del sistema proviene de Joseph Stiglitz. Luego de numerosas críticas y propuestas a la globalización dominante y de insistir en el riesgo y explosión de la burbuja hipotecaria y financiera del 2008, Stiglitz (2008) propone, frente al “fundamentalismo de mercado” una economía más equilibrada con un peso creciente de la economía social. En suma: una economía equilibrada, basada en un sistema económico plural, con un sector privado tradicional, un sector público eficaz y con un sector creciente de economía social. Para Stiglitz, las razones de éxito de la economía social se encuentran en sus propios valores, especialmente por su forma de gestión democrática y por su manera de relacionarse con las personas “menos tendiente a explotarlas”.


3.2 Las nuevas propuestas socioeconómicas
heterodoxas dentro del sistema-mundo capitalista

Otras propuestas dentro del sistema-mundo capitalista que intentan humanizarlo se refieren a las Cadenas Globales de Valor, la Responsabilidad Social Empresarial o Corporativa, la Economía del Bien Común, el Sistema B, las Organizaciones TEAL, la Economía Circular, la Economía Azul, el Ecosistema de Innovación Social y la Economía Colaborativa, entre las principales. 

En la Figura 3.1 hemos realizado un agrupamiento de esta diversidad de economías emergentes heterodoxas -por tanto, complementarias al sistema mediante la combinación de las dinámicas no excluyentes, sino dialógicas, de cooperación/competencia- conforme a los cuatro grandes campos que constituyen nuestro análisis o clasificación desde el inicio:

  • Campo de Valores / Antivalores: destaca el énfasis en los valores de la responsabilidad, el bienestar, la confianza mutua y la abundancia asumida mediados por la Responsabilidad Social Corporativa, la Economía Humana, la Economía del Bien Común, el Sistema B y las Organizaciones TEAL;
  • Campo de la Sustentabilidad / Insustentabilidad Ambiental: en este campo nos parece pertinente insertar a la Economía Circular, la Economía Azul y la Economía Dónut;
  • Campo de la Tecnología: creemos que es posible incorporar en este campo la propuesta de la Economía de Innovación Social Disruptiva y/o Frugal;
  • Campo de la Inclusión Social: destacamos aquí a la Economía Social de Mercado, a las Redes Globales de Valor y a la Economía Social.

Una mirada a cada una, con una descripción muy básica como en los casos del capítulo anterior, nos indica lo siguiente.

3.3 Economías emergentes heterodoxas
en el campo de Valores / Antivalores

Hemos ya resaltado que los valores que pretender promover de este tipo de economías son la responsabilidad, el bien común y el bienestar, así como la rectitud interna, es decir, la búsqueda de lucro y acumulación de capital combinada con decisiones y prácticas económicas responsables y rectas no sólo con accionistas y trabajadores sino de manera más amplia con los consumidores, la localidad, la sociedad, el estado y la naturaleza. La Responsabilidad Social Empresarial o Corporativa, la Economía Humana, la Economía del Bien Común, el Sistema B y las Organizaciones TEAL son sus principales componentes. 

Como veremos en la descripción siguiente, el parecido entre las diversas propuestas económicas es muy grande. En diversas medidas sostienen un compromiso más allá del lucro y la rentabilidad empresarial, aunque sus énfasis pueden variar ya sea por los valores que las inspiran, por su origen, por los actores que las promueven y por la forma de medir los impactos que producen.


Responsabilidad Social Empresarial o Corporativa

La empresa, de acuerdo con Perdiguero (2003), en particular las grandes corporaciones, se encuentran bajo la sombra de la sospecha, es decir, contienen una naturaleza ambivalente: por un lado, un extraordinario dinamismo en el desarrollo de la productividad y la creación de riqueza, pero, también, una enorme destrucción de capital social y ambiental asociado a un crecimiento económico sin control, con fuerte incremento de las desigualdades e irresponsabilidad, aunadas a la diseminación de la pobreza, la exclusión social y la corrupción. Esta cara negativa de las corporaciones se refleja en su espectacular caída de los valores de confianza (IPSOS, Encuesta Mundial de Valores, Gallup) y en su desprestigio social (ejecutivos sin escrúpulos), de manera que no se trata de casos aislados, sino de naturaleza sistémica.

El concepto de Responsabilidad Social surge en Estados Unidos hacia la década de los setenta a raíz de la guerra de Vietnam y otros conflictos como el Apartheid a finales de los cincuenta. A nivel europeo, la RSE se sitúa en la agenda de prioridades políticas de la Unión Europea tras la Cumbre de Lisboa de Consejos de Estado (2000). A partir de ahí, la Comisión de las Comunidades Europeas publica el Libro Verde sobre RSE (2001) tratando de dar respuesta al objetivo marcado de “… llegar a ser la economía del mundo más competitiva y dinámica … sentido corporativo de Responsabilidad Social de las Empresas, atendiendo a las mejores prácticas en formación continua, organización del trabajo, igualdad de oportunidades, integración social y desarrollo sostenible”.

Esta perspectiva atiende a la totalidad de las relaciones sociales de la empresa o corporación, es decir, con sus grupos de interés tanto de su entorno interno como externo, y tiene como principio de responsabilidad las siguientes seis dimensiones: la elaboración de productos y servicios de manera responsable, el respeto a los derechos humanos, las relaciones con los empleados, la creación y el mantenimiento del empleo, la protección del medio ambiente y una gestión económica eficaz (Perdiguero, 2003, p.179). Si bien algunas empresas están comprometidas con esta perspectiva ética, numerosos estudios advierten sobre las graves y constantes violaciones que las grandes corporaciones transnacionales realizan y la manera en que la RSE es utilizada de manera legitimadora por muchas de ellas (Stiglitz, 2002, 2005 y 2006, entre otros). [1]


Economía Humana

La Compañía de Jesús, a través del Grupo de Trabajo sobre Economía formado por el Secretariado para la Justicia Social y la Ecología (SJSE), publicó en 2016 un Informe especial titulado “Por una economía global justa. Construir sociedades sostenibles e inclusivas”, donde hace una llamada a la acción ante lo que señala como signos de los tiempos o principales retos actuales: el reto de la pobreza severa; la herida social de la desigualdad; los riesgos de la financiarización contemporánea; la injusticia de la violencia y la fragilidad desatendida de la casa común. Para ello propone una nueva visión orientada hacia en el bien común en este tiempo y sustentada en instituciones para el cambio -estados, sociedad civil y redes globales- así como diversas recomendaciones para mejorar la situación de los pobres. 

Justicia y bien común, así como inclusión y sostenibilidad ambiental, son los componentes centrales de esta propuesta impulsada por la Compañía de Jesús:


“La justicia distributiva es inversa a la justicia contributiva. Regula cómo debería distribuirse o hacerse accesible a los ciudadanos el bien común de la sociedad. La justicia distributiva se ocupa de la manera en que la sociedad habilita a sus miembros para que se beneficien de los bienes posibilitados por la vida común de los ciudadanos. Reclama la asignación de los recursos sociales de un modo tal que refleje las contribuciones que las personas han hecho al bien común a través de su trabajo y creatividad. Y lo que resulta muy importante en el actual contexto globalizado: reclama una distribución de la riqueza y los recursos del mundo tal que las necesidades básicas de toda persona sean cubiertas al menos hasta el nivel que exige la dignidad humana” (p. 24).

Y respecto del bien común, los jesuitas exigen como requisito que sea construido y distribuido justamente, de forma tal que los resultados positivos del crecimiento de la economía de un país beneficien a todos los miembros de la comunidad. 

La justicia económica, por tanto, es necesaria como fundamento para una economía humana. De ahí que una de las fuentes principales de este documento sea la doctrina social de la Iglesia, particularmente la encíclica Laudato Sí del Papa Francisco:

“Construir sociedades inclusivas y sostenibles sobresale como una de las principales exigencias de nuestra época: sociedades que permitan a todos participar en la riqueza acumulada durante generaciones, con especial interés por los más vulnerables; sociedades comprometidas con la protección del medio ambiente. Este es el reto que se aborda en el presente documento, reflexionar cómo la economía actual afecta a la inclusión y la sostenibilidad y explorar vías a través de las cuales la economía pueda responder mejor a las necesidades de los pobres y del medio ambiente dado que “No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental” (LS, n. 139, citado en el SJSE, 2016, p. 5)”.

El documento señala que la doble tarea de fomentar la justicia económica mundial y cuidar del medio ambiente es responsabilidad de muchos agentes distintos: estados nacionales, por órganos intergubernamentales –como las Naciones Unidas y sus equivalentes regionales–, empresas multinacionales e instituciones financieras y organizaciones no gubernamentales -a través de su incidencia en asuntos como la pobreza, la desigualdad y la protección del medio ambiente (p. 28).

  • Las Reformas propuestas en el plano nacional para fomentar la justicia y la participación son las siguientes:
  • fomento de políticas públicas que redistribuyan la riqueza,
  • cumplimiento de las leyes que protegen el medio ambiente y fomentan la buena gobernanza de los recursos naturales y minerales,
  • regulación más rigurosa de los mercados económicos y financieros,
  • políticas que reduzcan la cooptación de los estados por parte de elites y esfuerzos más intensos para combatir la corrupción,
  • creación de empleos decentes,
  • países avanzados cumplan el compromiso de compartir una pequeña parte (0,7%) de su PIB nacional,
  • fomentar la involucración de nuevos agentes de la sociedad civil.

Las Reformas en el plano internacional, por otra parte, consisten en:

  • más severa regulación internacional de los mercados financieros y económicos,
  • tratados comerciales más justos entre estados y multinacionales,
  • regular los paraísos fiscales y gravar a las multinacionales.

Economía del Bien Común (EBC)

Conocida así e impulsada por el economista austríaco Christian Felder en el contexto de la crisis financiera sistémica del 2008, la Economía del Bien Común (ECB) coloca a los seres humanos y a todos los seres vivos, así como el éxito de las relaciones entre ellos, en el centro del sistema económico. Transfiere los valores de hoy en día ya válidos de relación y constitución/organización al mercado, apremiando a los actores económicos que se comporten y organicen de forma humana, cooperativa, solidaria, ecológica y democrática. El principal instrumento de análisis propuesto es su Balance del Bien Común, con el que se pretende medir el éxito del negocio con un nuevo significado -no sólo el de rentabilidad de la empresa-, mediante indicadores de dignidad humana, solidaridad, sostenibilidad ecológica, justicia social y participación democrática y transparencia. 

La EBC pretende convertir los valores de la sociedad en valores de la economía y considera en su Balance a los diversos actores involucrados: proveedores, financiadores, empleados y propietarios, clientes-productos y servicios, ámbito social y criterios negativos. Apela a un sistema económico alternativo[2]. La EBC pretende convertirse en un movimiento global que aspire a una buena vida para todos los seres vivos y el planeta, apoyada por un sistema económico orientado al Bien Común, cuyos elementos son la dignidad humana, la solidaridad, la sostenibilidad ecológica, la justicia social, la participación democrática y transparencia. Se entiende como un proceso abierto en cuanto a sus resultados, participativo y de crecimiento local, aunque de efectos globales (Asociación Federal Española para el Fomento de la Economía del Bien Común AFEF/EBC, 2018).

Sistema B

Con el lema “Trabajamos por una economía donde el éxito se mida por el bienestar de las personas, de las sociedades y la naturaleza” y de muy reciente surgimiento[3], el Sistema B es una organización sin fines de lucro y un movimiento latinoamericano que pretende globalizarse para impulsar una nueva economía por medio de las Empresas B y su diálogo con otros actores sociopolíticos.[4] 

De acuerdo con sus documentos oficiales[5],  su misión de esta organización o movimiento consiste en “Construir ecosistemas favorables para Empresas B y otros actores económicos que utilizan la fuerza del mercado para dar solución a problemas sociales y ambientales y su visión en una economía donde el éxito se mida por el bienestar de las personas, de las sociedades y de la naturaleza. El Sistema B reivindica una cultura organizacional basada en la co-construcción, la pasión, la diversidad, la interdependencia, el cuidado y la innovación.

En suma, Sistema B quiere apostar por la construcción de una economía que incluya a todos y que pueda crear valor integral para el Mundo y la Tierra. De ahí que se pretenda acercar, convencer y articular en esta alternativa a todos los actores de la economía: empresas de todos los tamaños y sectores, grandes actores de mercado, academia (universidades y escuelas de negocios), sociedad civil, funcionarios públicos, medios de comunicación, fondos de inversión, y ciudades B. Mediante este involucramiento, la organización-movimiento busca crear las condiciones necesarias para el ecosistema de esta nueva economía.

Sistema B promueve una certificación para empresas mediante su medición del éxito y la rentabilidad basada en un modelo de triple impacto: la generación de valor económico, el bienestar social y el bienestar ambiental. Lo anterior se logra promoviendo formas de organización económica que puedan ser medidos desde el bienestar de las personas, las sociedades y la Tierra, de forma simultánea y con consideraciones de corto y largo plazo.

De ahí que, como indican sus documentos, Sistema B trabaja desarrollando e interconectando seis comunidades de actores de la economía: las Empresas B, grandes actores de mercado, actores de la política pública, líderes de opinión, inversionistas, y la academia, con educadores, investigadores y docentes[6].  

Los co-fundadores -María Emilia Correa, Gonzalo Muñoz, Pedro Tarak y Juan Pablo Larenas- entienden el modelo de avance de Sistema B como “una plataforma de convergencia de intereses y construcción de confianza, que invita a aprovechar la fuerza del mercado para resolver problemas sociales y ambientales con escala” (Sistema B, 2017, p. 3).

En pocas palabras, como afirman sus promotores: “la Empresa B aspira a ser la mejor empresa para el mundo y no solo del mundo”.

Organizaciones TEAL

En una sugerente investigación –“Reinventar las organizaciones”- Frederic Laloux (2015) realiza un análisis actual sobre los diversos estadios evolutivos de las organizaciones, entre las que incluye a las lucrativas -empresas- y las no lucrativas -organizaciones no gubernamentales. 

Mediante una caracterización basada en colores propuesta por el filósofo Ken Wilber, Laloux distingue una línea evolutiva que va desde los inicios de nuestra especie (Infrarrojo), hasta la revolución cognitiva (Magenta). Sin embargo, en lo que el autor denomina las sociedades desarrolladas, Laloux (2015, p. 62) encuentra las siguientes tendencias organizacionales:

  • el Rojo-Impulsivo, que representa a la economía que persiste en los márgenes de la legalidad como las mafias, las pandillas callejeras y las tribus urbanas, tiene como valores la autoridad de mando y la división del trabajo, y su metáfora-guía podría ser una manada de lobos; 
  • el Ámbar-Conformista, presente en las organizaciones con fuertes jerarquías estables y escalables como el ejército, la iglesia, las burocracias gobernantes o los sistemas de educación públicas, tiene como características organizativas la formalidad en sus funciones y los procesos;
  • el Naranja-Logro, sector dominante en empresas y negocios incluye a las multinacionales y las escuelas privadas concertadas y se basa en la racionalidad, innovación, la responsabilidad y la meritocracia. Una máquina podría ser su símbolo y representación;
  • el Verde-Pluralista, por su parte, incluye a las organizaciones impulsadas por la cultura y la sociedad civil. Sus valores principales son el empoderamiento, la cultura impulsada por valores y el modelo de grupos de interés y tiene como metáfora-guía a la familia.

Emergente entre ellas -y con base en diversas teorías[7]– Laloux (2015, pp. 73-75) distingue un nuevo avance organizacional evolutivo: las Organizaciones TEAL (color esmeralda o jade).  Esta emergencia TEAL-Evolutiva funda sus raíces éticas en la confianza mutua y la abundancia asumida  por medio de: la domesticación de los miedos y el ego,  la rectitud interna como brújula, la vida como un viaje de despliegue, la construcción sobre fortalezas y no sobre limitaciones y carencias, la sabiduría en vez de racionalidad – acceder a todos los dominios del conocimiento, incluyendo a las emociones, las intuiciones, los hechos y las paradojas (hacia un enfoque holístico del conocimiento)-, la lucha por la plenitud -interconectados en una totalidad mayor en plenitud con los demás, con la vida y la naturaleza.

Laloux añade algunos avances revolucionarios en las organizaciones Teal-Evolutivas:

  • Autogestión: las organizaciones de todos los tamaños cuentan con un sistema basado en las relaciones entre iguales, sin necesidad de jerarquías ni consenso;
  • Plenitud: recuperación de la integridad interior de las personas en las prácticas y labores de la organización; 
  • Propósito evolutivo: percepción sobre la organización con vida propia y abierta a lo que desea convertirse y el propósito que quiere servir (2015, pp. 90-91).

Desde empresas globales con 40,000 empleados hasta empresas medianas con 90 empleados y 20 perros, o incluso organizaciones civiles no lucrativas de servicios sociales con 4,000 empleados, forman parte de las doce organizaciones TEAL del estudio de Laloux. El autor se pregunta desde la introducción de su libro:

“Si resulta que es posible crear organizaciones que nos permitan expresar al máximo nuestro potencial humano, ¿cómo serían? ¿cómo les damos vida?” Estas son las preguntas medulares del libro (Laloux, 2015, p. 20)

Conviene decir que las organizaciones analizadas por Laloux[8], más allá de sus propósitos lucrativos o no lucrativos, de acumulación capitalista o no, poseen un gran potencial de cambio para alimentar las prácticas de otras economías alternativas. Autogestión, plenitud y propósito evolutivo pueden ser referentes evaluativos, pero especialmente de inspiración e impulso para ellas.

3.4 Economías emergentes heterodoxas
en el Campo de la Sustentabilidad / Insustentabilidad

En el capítulo anterior dimos cuenta que, desde la ortodoxia capitalista y desde este campo destaca la economía verde. Yendo más allá de esa propuesta insustentable, pero sin romper con la teoría desarrollista y del crecimiento económico, aunque con avances de acuerdo con sus características basadas en la sustentabilidad, hemos incluido en este campo como economías heterodoxas a la Economía Circular, la Economía Azul y, muy especialmente por su mirada sistémica y compleja, la Economía Dónut.

Economía Circular

Como alternativa a la “economía lineal de extraer-hacer-tirar”, y en el proceso de cambios del concepto de sustentabilidad, fue hacia la última década del siglo XX cuando los ingleses Pearce y Turner (1989) formularon literalmente el término “Economía Circular”, proponiendo en su estudio “Economics of natural resources and the environment” la posibilidad de un flujo económico cerrado que explicaba cómo sería posible su funcionamiento, es decir, la posibilidad de un sistema cerrado de las interacciones entre economía y medio ambiente.

Retomada e impulsada con el apoyo del Parlamento Europeo y el Consejo Europeo, esta iniciativa pretende crear un marco político destinado a apoyar el cambio a una economía eficiente en el uso de los recursos y de baja emisión de carbono que ayude a mejorar los resultados económicos al tiempo que se reduce el uso de los recursos; identificar y crear nuevas oportunidades de crecimiento económico e impulsar la innovación y la competitividad de la UE; garantizar la seguridad del suministro de recursos esenciales; luchar contra el cambio climático y limitar los impactos medioambientales del uso de los recursos. En suma, se trata de convertir a la UE en una economía circular -no lineal-, basada en el principio de “cerrar el ciclo de vida” de los productos, los servicios, los residuos, los materiales, el agua y la energía. Su propuesta se materializa en su Concepto Multi-R: Repensar, Rediseñar, Refabricar, Reparar, Redistribuir, Reducir, Reutilizar, Reciclar, Recuperar energía[9].  

Podemos resumir sus propuestas en las siguientes proposiciones: 

  • principio de responsabilidades comunes, pero diferenciadas; 
  • establecimiento de diversas respuestas para la solución de un único problema, según la cosmovisión de cada sociedad o comunidad (Ciencia Post-normal); 
  • integrar las cosmovisiones ancestrales; 
  • crear un nuevo régimen comercial internacional para cambiar los actuales patrones mundiales de acumulación que determinan que el Sur sea utilizado como proveedor de recursos y sumidero de deshechos del Norte (Fundación Economía Circular, 2017). 

Sin embargo, una mirada crítica a estas apuestas económicas que no cuestionan el crecimiento ilimitado, nos indica que la economía en el mundo no es circular, sino que sigue siendo entrópica[10],  como sostiene Joan Martínez Alier (2015) desde la ecología política y sus estudios de los conflictos ambientales:

“(…) bajo la ilusión de la economía circular, parecería que el crecimiento puede continuar de manera ilimitada, pues reciclaremos los residuos y los convertiremos en nuevos recursos. Por si fuera poco, si cada vez somos más eficientes en el uso de recursos, vamos a necesitar menos cantidad de los mismos. Pero ahí aparece una paradoja (la Paradoja de Jevons): la mayor eficiencia abarata el costo, y por tanto puede llevar a un mayor uso (…) (Además) En conjunto, lo que se recicla actualmente en el mundo no es más de 6 por ciento de los materiales extraídos. Estamos lejísimos de una economía circular”.

Por su parte, Jesús Ramos Martín, académico del Centro de Prospectiva Estratégica del Instituto de Altos Estudios Nacionales con sede en Ecuador, señala que el capitalismo continuamente inventa o se apropia de conceptos para justificar su necesidad de expansión continua y de acumulación creciente de capital, más aún frente a la crisis ambiental global:

“En mi opinión, la confusión acerca de los modelos de desarrollo basados en el conocimiento no es casual.  El capitalismo necesita de reinvenciones de conceptos de manera continua para poder justificar el crecimiento continuo en un mundo finito. Esto sucede en el ámbito ambiental, en donde hemos visto cómo del concepto de desarrollo sostenible se pasó después al de la economía verde y cómo recientemente se habla de economía circular, promocionada tanto por China como por la Unión Europea.  Esta creencia en un cierto optimismo tecnológico es muy conveniente para el statu quo, pues nos previene de cuestionarnos el modelo de desarrollo en el que estamos inmersos, en el que una crisis se define como la falta de crecimiento económico. En efecto, bajo la ilusión de la economía circular, parecería que el crecimiento puede continuar de manera ilimitada, pues estamos reciclando los residuos y convirtiéndolos en nuevos recursos.  Desgraciadamente, la realidad no se corresponde con esta lectura pues, a pesar de ser cada vez más eficientes en el uso de recursos para producir una unidad de PIB, cada vez consumimos más recursos naturales, llevándonos cerca de lo que se conoce como el pico de todas las cosas” (2015, pág. 9).

Desde su punto de vista, el crecimiento económico siempre buscará el mayor uso de recursos, lo cual va en contra de las reales y limitadas posibilidades del planeta. De ahí que Ramos nos recuerde lo que el economista ecológico Nicholas Georgescu-Roegen cuestionaba que el propósito del proceso económico era el disfrute de la vida y no una cifra de crecimiento del PIB.  De alguna manera, esta idea es la que hay detrás del “Sumak Kawsay” o Buen Vivir propuesto desde Ecuador (Ramos, 2015, pág. 9).

La Economía Azul

Propuesta e impulsada por Gunter Pauli (2010), economista y emprendedor belga quien se ha dedicado durante décadas al desarrollo teórico y la aplicación práctica de los conceptos de emisiones cero[11], la Economía Azul (el cielo es azul, el mar es azul y el universo es azul) se distancia y contrapone con la Economía Verde (vieja propuesta enfocada a las élites conservacionistas con alto poder adquisitivo, poco sostenible y sustentada en la escasez). La Economía Azul (nueva propuesta) busca servirse del conocimiento acumulado durante millones de años por la naturaleza para alcanzar cada vez mayores niveles de eficacia, respetando el medio y creando riqueza, y traducir esa lógica del ecosistema al mundo empresarial. 

La EA se ha propuesto un plan para crear 100 millones de empleos, en 10 años, a través de 100 de estas innovaciones basadas en la Biomímesis, que busca la solución de problemas a través de la observación y aplicación de soluciones provenientes de la naturaleza, es decir, imitar, como modelo económico, el concepto de la eficiencia y equilibrio de los ecosistemas. Algunos de sus principios son:  local (usa lo que tienes); eficiente (sustituye algo con nada); sistémico (imita la naturaleza); rentable (optimiza y genera flujos de caja múltiples); abundante (satisface todas las necesidades básicas); innovador (crear el cambio, aprovecha las oportunidades)[12]. Sus alternativas recientes apuntan hacia la formación de clústeres, dado que la clusterización de diferentes aplicaciones genera múltiples flujos de caja, haciendo los negocios resilientes (no intensivos en capital y con rápidos retornos).  

Este paradigma sostiene que los consumidores podrán recuperar su capacidad de decidir realmente y cambiar el actual modo de producción mundial que genera grandes cantidades de basura, desempleo y gobiernos en quiebra. Enfocado todavía a la creación de empresas privadas y sin tomar distancia de la competencia, desde su concepción holística, la EA puede establecer relaciones sólidas con la Economía Social y Solidaria.

Economía dónut (dona o rosquilla)

Cercana al paradigma del decrecimiento de Serge Latouche y su teoría[13] -disminuir de forma controlada y progresiva la producción, con el objetivo de equilibrar la relación entre los seres humanos y la naturaleza-, cercana asimismo a las teorías de sistemas y la complejidad, cercana a las economías no redistributivas y a la distribución diseñada, y cercana, también, a la economía circular y la bioeconomía[14], una nueva propuesta sumamente heterodoxa, provocativa y complexiva llamada la Economía Donut (dona o rosquilla), promovida por la economista inglesa Karen Raworth[15], ha empezado a emerger -llamando la atención de propios y extraños, es decir, de economistas heterodoxos y ortodoxos- a raíz de la policrisis en que estamos insertos sistémica y globalmente.[16]

Traducido al español como “Economía rosquilla. 7 maneras de pensar la economía del siglo XXI”[17], el famoso y reciente libro de la académica de Oxford Karen Raworth (2019), economista totalmente heterodoxa, realiza una severa crítica al crecimiento económico como el canon de la economía. Pero, más allá de su crítica, Raworth se anima a proponer una sugerente propuesta alternativa. Sin un andamiaje marxista o posmarxista, aunque manteniendo sus pies en el suelo de una sociedad inclusiva y digna y a la vez mirando al cielo, a través un aire limpio, y por ello a la naturaleza, la autora propone un esquema de análisis-diagnóstico de mínimos y máximos con su contrapartida, una propuesta alternativa.

Con base en esta crítica, y desde una herramienta de fines-medios, Raworth afirma que tenemos una economía que necesita crecer, nos haga prosperar o no. Frente a ello, necesitamos una economía que nos haga prosperar, nos haga crecer o no. Se trata de una inversión de los fines y los medios, es decir, una forma de poner “al buey delante de la carreta, y no al revés”. La cooperación para lograrlo es fundamental y Raworth encuentra signos esperanzadores de ello como las formas alternativas de organización económica emergentes -en contra del impulso extractivo del capitalismo- como en el diseño del código abierto, el cooperativismo de plataforma y los Creative Commons.

El diagnóstico de Raworth se presenta en la Figura 3.3. El esquema, tipo dónut -una metáfora socioeconómica sugerente-, encuentra en el centro una serie de graves deficiencias sociales (alimentos, salud, educación, renta y trabajo, así como paz y justicia, participación política, equidad social, igualdad de género, vivienda, redes, energía y agua). Podría pensarse, siguiendo nuestra metáfora de campos de fuerza, que ese centro significa un gran hoyo negro que no sólo atrae, sino que devora personas, poblaciones, comunidades y sociedades enteras junto con sus escasos recursos y energías y del que muy pocos son capaces de escapar (conviene recordar a Illya Prigogine (2017), quien señala que los hoyos negros son el mejor ejemplo de un campo gravitatorio intenso. De ahí que se requiera una base o fundamento social, que aseguren unos mínimos sociales en dichos aspectos. 

Por otra parte, en contrapartida a las deficiencias, encontramos una serie de excesos ambientales como el cambio climático, acidificación de los océanos, contaminación química, carga de nitrógeno y óxido, extracción de agua dulce, conversión de tierras, pérdida de biodiversidad, contaminación atmosférica y reducción de la capa de ozono, entre sus principales manifestaciones. Más allá de ese techo, siguiendo con nuestra metáfora de campos de fuerza, en lugar de atraer se convierte en una fuerza extractivista voraz y expulsora de personas y comunidades al dejar un campo yermo, incultivable, inhabitable y explotado, donde la vida de la especie y del planeta perece sin remedio.

Para romper con esos excesos, Raworth nos propone fijar un techo ecológico, es decir, donde existan unos máximos que nos permitan acabar con dichos excesos.

Esta propuesta, obviamente también tipo dónut, la presenta en la Figura 3.4. La economía siempre debe moverse en los anillos intermedios, teniendo una base o fundamento social y un techo ecológico donde es posible construir un espacio seguro y justo para la humanidad apoyada en una economía regenerativa y distributiva (no redistributiva, sino con una justa distribución de la riqueza desde su origen). Ello implica ir acabando con las deficiencias sociales y los excesos ecológicos. Ese campo circular habitable, un verdadero círculo de vida, permite incluir, atrayendo gravitatoriamente, al conjunto de la población del planeta.

La manera de lograrlo es descrita por la autora en su libro por medio de las siete maneras de pensar la economía, en una transición urgente de la economía convencional y sus graves errores -la obsesión por el equilibrio y sus graves consecuencias sociales en la pobreza y las desigualdades diversas- a un modelo económico de vanguardia apropiado para el Siglo XXI donde todo el mundo tenga acceso a los bienes básicos -comida, vivienda y salud- pero dentro de los límites de aprovechamiento de los medios y recursos disponibles en el planeta:

  1. Cambiar de objetivo: Del PIB a la Rosquilla.
  2. Ver el panorama general: Del mercado autosuficiente a la economía incardinada. 
  3. Cultivar la naturaleza humana: Del hombre económico racional a los humanos sociables aceptables.
  4. Aprender a dominar los sistemas: Del equilibrio mecánico a la complejidad dinámica.
  5. Diseñar para distribuir: De “el crecimiento lo elevará todo” a la distribución por diseño.
  6. Crear para regenerar: De “el crecimiento lo limpiará todo” a la regeneración por diseño.
  7. Ser agnóstico con respecto al crecimiento: De ser adicto al crecimiento a mostrarse agnóstico con respecto a él.  

Pero ¿cómo medir los avances en este modelo? Para Raworth, la respuesta está en la prosperidad alcanzada, mediante una medición no enfocada sólo a la renta per cápita, sino también al funcionamiento de los ecosistemas (Era de los Indicadores Vivientes). Ello significa que se monitoria no sólo el PIB sino también la riqueza humana, social, ecológica, cultural y física generadas.

3.5 Economías heterodoxas emergentes
en el campo de la Tecnología y la Innovación

En este campo de las innovaciones tecnológicas y sociales nos interesa destacar principalmente a la economía del Ecosistema de Innovación Social Disruptivo y/o Frugal. Como se verá, nuevamente y rebasando las fronteras de las prácticas económicas emergentes ortodoxas, surgen alternativas al neoliberalismo capitalista salvaje.

Economía de Innovación Social y Tecnológica: hacia un ecosistema disruptivo y/o frugal.

En el intersticio entre la economía convencional y otras alternativas socioeconómicas tenemos a la innovación social. Cercana a la Economía Naranja, aunque más cerca de una perspectiva socio-empresarial, socio-civil o socio-pública, se encuentra esta nueva tendencia. La promoción de iniciativas y el estudio de la innovación ha cobrado mucha fuerza durante los últimos en universidades, empresas, gobiernos y la sociedad en general. Ello ha venido animando a diversos sectores sociales y ciudadanos a innovar.

El término de innovación social no es monolítico sino una especie de híbrido, dando da pie a numerosas interpretaciones. El término parece incluir desde:

“Nuevas estrategias, conceptos, ideas y organizaciones, que satisfacen necesidades sociales de todo tipo, desde las condiciones de empleo y la educación hasta el desarrollo comunitario y la salud, ampliando y fortaleciendo la sociedad civil.

También puede referirse a procesos de innovación social, como el crowdsourcing, crowdfunding o métodos y técnicas de código abierto, así como innovaciones que tienen un fin social (como el microcrédito o la educación a distancia)”. (de la Mata, s/f, p. 7).

La Comisión Europea retoma la definición de Murray, Caulier-Grice & Mulgan, 2010) de su El libro Verde de la innovación social. En ella los autores sostienen que se trata de “innovaciones que son sociales tanto en sus objetivos como en sus medios”. “Son nuevas ideas (productos, servicios, modelos) que satisfacen necesidades sociales (con más efectividad que otras alternativas) y a la vez crean nuevas relaciones o colaboraciones”.  

Los actores más importantes de las innovaciones sociales son el sector privado o empresarial, el sector público y las universidades, así como también diversos actores de la sociedad civil como las organizaciones civiles, sociales y ciudadanas.

La innovación social disruptiva, por su parte, es un fenómeno emergente no sólo de carácter económico, en el que grupos de personas se ponen de acuerdo para dar respuesta a desafíos comunes desde la tecnología: ciudadanización y participación política, solución a problemas de salud/enfermedad, promoción de iniciativas sociales organizadas, impulso de prácticas culturales novedosas, procuración de fondos para causas sociales, entre tantos más. 

Desde la dimensión económica, particularmente impulsadas por el sector empresarial, las innovaciones sociales son aquéllas de carácter lucrativo que realizan cambios innovadores a productos, insumos, procesos o prácticas tecnológicas que se insertan en el subsistema dominante de libre mercado con la intención de responder a demandas sociales, estatales o de respeto a la naturaleza. 

Al parecer, el concepto de innovación disruptiva fue utilizado por primera vez por Clayton M. Christensen, académico norteamericano y consultor de empresas, cuando presentó en 1995 su artículo Disruptive Thecnologies: Cathing the wave”, pero fue el austriaco Joseph Schumpeter quien utilizó el concepto de “destrucción creativa” para describir sus teorías sobre el modo en que el emprendimiento sirve de estímulo al sistema capitalista, en una especie de antesala a la “innovación disruptiva”[18]. Christensen, junto con Joseph Bower, han abonado a este concepto.

Más allá de la simple innovación, la innovación social disruptiva se apoya en plataformas tecnológicas basadas en internet y las redes sociales, que permiten poner en contacto a las personas que comparten los mismos objetivos. Por su parte, la Innovación Social Frugal se refiere a las innovaciones que suponen un uso bajo de recursos, el diseño de productos robustos y de bajo precio y cierto respeto a la naturaleza[19]. Los formatos de innovación social son varios y están basados en el intercambio, el uso compartido de recursos, la transmisión de conocimiento y la confianza avalada por la reputación colectiva. 

La innovación social se está consolidando porque surge a partir de cambios en los valores de los usuarios, en la demanda de servicios y en el modo como se consumen (ya hemos señalado a corporaciones transnacionales como Airbnb, Uber o Goteo como la punta del iceberg empresarial transnacional de la innovación social ortodoxa o no disruptiva). Frente a esta tendencia hegemónica de la innovación social privada surgen otras formas disruptivas que buscan recuperar la innovación social como alternativas construidas desde abajo. Sin pretender ser antistémica, la innovación social disruptiva se contrapone al estatus quo y a sus grupos de interés y presión. En suma, se trata de iniciativas impulsadas por líderes políticos, sociales o ciudadanos buscando responder mejor, es decir, de forma innovadora y creativa, con propuestas no conocidas, a diversas problemáticas económicas y sociales.

3.6 Economías heterodoxas emergentes
en el campo de la Inclusión/ Exclusión

Este campo atiende a la revisión de aquellas economías emergentes que, sin pretensión de romper con el sistema capitalista de acumulación y el lucro, buscan alcanzar niveles más amplios de eficacia económica mediante la cooperación e inclusión social. Se trata de propuestas no recientes sino revisionistas de las prácticas sistémicas capitalistas. En este marco conviene destacar a la Economías Social de Mercado y a las Cadenas de Globales de Valor.

Economía social de mercado

La Economía Social De Mercado (ESM), capitalismo social o capitalismo del Rin es un modelo de economía y sociedad con la meta de crear una economía que desde la base de la competencia combina la libre iniciativa con un progreso social asegurado por la capacidad económica. Surgida en Alemania desde una perspectiva democracristiana por Ludwig Erhard -Ministro de Economía en el gobierno de Konrad Adenauer de 1949 a 1963-, de acuerdo con Marcelo F. Resiko y según la definición de Alfred Müller-Armack, el núcleo de la Economía Social de Mercado es, por tanto, la “combinación del principio de la libertad de mercado con el principio de la equidad social”. El marco referencial es el concepto de la libertad del hombre complementada por la justicia social. El sistema de la Economía Social de Mercado surge del intento consciente de sintetizar todas las ventajas del sistema económico de mercado: fomento de la iniciativa individual, productividad, eficiencia, tendencia a la autorregulación, con los aportes fundamentales de la tradición social cristiana de solidaridad y cooperación, que se basan necesariamente en la equidad y la justicia en una sociedad dada. 

En este sentido propone un marco teórico y de política económico-institucional que busca combinar la libertad de acción individual dentro de un orden de responsabilidad personal y social. Los representantes de esta concepción trabajan en una síntesis de la tradición político-económica liberal (derechos individuales, republicanismo, mercado) con el pensamiento social-cristiano (justicia social, solidaridad). Se puede afirmar que, en este contexto, la Economía Social de Mercado fue desarrollada como una alternativa liberal frente a la economía planificada y como una alternativa social a la economía de mercado al estilo clásico. 

Al grupo de intelectuales y políticos que dieron origen a la ESM se los considera asociados a una corriente de pensamiento denominada ordoliberalismo. Esta denominación, en principio, tiene su origen en la combinación del liberalismo con el concepto de orden.

Cadenas Globales de Valor

Desde la dimensión territorial, una dinámica de las últimas décadas en el marco del desarrollo – o desarrollismo- es la propuesta de integración de las Cadenas Globales de Valor (CGV) que pueden definirse como la secuencia de actividades que firmas y trabajadores realizan desde el diseño de un producto hasta su uso final (Gereffi y Fernández Stark, 2011). El resultado ha sido el surgimiento de diferentes patrones de estructuración geográfica y gobernanza, que tienen en común el hecho de que los insumos (partes y piezas) y servicios -o sea cada etapa o tarea requerida en la producción final de un bien- se lleven a cabo en donde los recursos y las habilidades necesarias para su realización están disponibles a precio y calidad competitiva (Carneiro, 2015: 7).

Según Santarcángelo et al (2017, p. 119), el paradigma de las CGV ha sido una de las contribuciones más importantes, tanto en términos conceptuales como empíricos, a la literatura del desarrollo económico en los últimos treinta años. Como señalan los autores referidos, una de las claves para sostener un proceso de desarrollo de largo plazo consiste en establecer y sostener las condiciones para un crecimiento acelerado con solvencia externa. 

Más que la mera participación en las CGV (las que, por otra parte distan mucho de ser un escenario único y homogéneo o que suponga una única modalidad de inserción), en las economías periféricas tales condiciones requieren mejorar la relación entre la elasticidad-producto de las exportaciones e importaciones, tanto sea cambiando la composición de la canasta exportable como sustituyendo eventualmente importaciones en sectores estratégicos, e incrementar las capacidades productivas, tecnológicas e innovadoras del aparato productivo doméstico. 

Un estudio reciente realizado por la Organización Mundial del Comercio (OMC), la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), advierte que las Cadenas Globales de Valor permiten ofrecer nuevas perspectivas de crecimiento, desarrollo y empleo[20]. 

En cualquier caso, la alternativa no es “mucha o poca inserción en las CGV” y el desafío sigue siendo evitar aquellas formas de inserción internacional que impulsen un crecimiento empobrecedor y excluyente” (Santarcángelo et al, 2017, p. 124). En pocas palabras, la propuesta más novedosa de las CGV consiste en la posibilidad de construir cadenas globales sostenibles social, económica y ambientalmente. En otras palabras, sin romper dejar de ser sistémica, la propuesta de las CGV representa un matiz a la ortodoxia capitalista dominante en la agregación de valor -la cual ha apostado a la desconcentración de la producción y las relocalizaciones territoriales en diversas regiones del mundo hasta su integración en el producto final sin considerar los costos sociales y ambientales que se derivan de este modelo- y por ello las consideramos como una alternativa heterodoxa al capitalismo salvaje.

3. 7 Un análisis comparativo de las economías emergentes heterodoxas

En este esfuerzo de clasificación de las propuestas económicas capitalistas heterodoxas con base en cuatro grandes campos -Responsabilidad corporativa, Sustentabilidad ambiental, Inclusión social y uso intensivo de Tecnologías digitales (ver Figura 1) es necesario advertir que resultan complementarias a sistema capitalista buscando humanizarlo: hacia un capitalismo no salvaje o con rostro humano. 

Se trata de meros énfasis clasificatorios, dado que en muchos sentidos las diversas economías se intersectan de distintas maneras, pero teniendo como matriz común la generación de riqueza, la acumulación privada de capital y el crecimiento económico en un intento de paliar sus graves consecuencias sociales y ambientales. 

Por ejemplo, si bien la economía del bien común pretende la acción basada más en la cooperación que en la competencia, del bien común por encima del afán de lucro y la necesidad de ampliar sus horizontes hacia su relación con el medio ambiente y la comunidad, no resulta fácil ubicarla fuera de los límites de la empresa privada. De ahí que su parecido o semejanza con la Responsabilidad Social Corporativa sea muy grande.

El Cuadro 3.1 hemos realizado un esfuerzo comparativo sintético entre las diversas economías heterodoxas emergentes. Conviene advertir, de nuevo, que las fronteras entre los campos son porosas, en la medida que las diversas economías heterodoxas se relacionan entre sí o cada una invade los otros campos.

 

[1] En el caso de México, se pueden mencionar de las “empresas RSE” que buscan su legitimación por medio del modelo del Centro Mexicano para la Filantropía (CEMEFI) y la iniciativa ALIARSE por México. Empresas como BIMBO, CEMEX e incluso PEMEX buscan lavar sus culpas laborales o ambientales mediante su legitimación-certificación de Empresa Socialmente Responsable.

[2] De acuerdo con su propia información, la EBC tiene ya en todo el mundo 150 grupos locales, 30 de ellos en Alemania. Asimismo, se han fundado 19 asociaciones en lugares que abarcan desde Austria hasta Chile y se está creando la asociación internacional. Además, más de 2000 empresas EBC y casi 400 han elaborado el Balance del Bien Común, así como tres bancos.

[3] Nace en Chile en 2011 y hoy en día se encuentra presente en 10 países de América Latina.  Hacia principios de 2019 contaba con 2778 empresas B en el mundo, 2655 multiplicadores en América Latina, 2670 empresas sujetas a certificación y medición en América Latina, 460 Empresas B en América Latina, 1200 Académicos B en América Latina (datos al 01 de marzo de 2019 obtenidos de su página web: http://sistemab.org/). Actualmente hay más de 400 empresas latinoamericanas que forman parte de este movimiento. Con 2 años en México, cuenta con 32 empresas B y una con sello pendiente, Acha Mar, una cooperativa de pescadores en Baja California

[4] Sistema B recibe acompañamiento institucional y financiero de organismos multilaterales, el BID/FOMIN y CAF; agencias gubernamentales nacionales, CORFO de Chile y IDRC de Canadá; fundaciones, BMW, Porticus, Partners for a New Economy, Instituto Arapyaú;  empresas, Sodimac, ZOMA Capital, Promotora Social México, ICE, Vistage, Parque del Recuerdo, Citibanamex, AIEP, Mall Plaza;  filántropos individuales y cientos de aliados de la sociedad civil, del empresariado y de los gobiernos (Sistema B, 2017, p. 4).

[5] Se puede consultar su página web en: http://sistemab.org/

[6] Academia B es una iniciativa de Sistema B que busca generar vínculos entre la Academia, las Empresas B, y el movimiento por una nueva economía para generar nuevo conocimiento e instancias de desarrollo de capacidades. Busca fomentar la producción de la literatura académica, programas de formación, herramientas de divulgación e información general que permita generar conocimiento y aprendizaje permanente sobre las “Empresas B” y sobre el “Movimiento por una Nueva Economía en América Latina”. Sistema B pone a disposición de Academia B su capacidad de articulación y la infraestructura virtual y presencial.

[7] Teoría de las necesidades (Abraham Maslow), cosmovisiones (Jean Gebser), capacidades cognitivas (Jean Piaget), los valores (Clare Graves), desarrollo moral (Laurence Kohlberg y Carol Gilligan), autoidentidad (Jane Loevinger), espiritualidad (James Fowler) y liderazgo (Susanne Cook-Greuter, Robert Kegan, William Torbert).

[8] Nos referimos a: AES (sector energético, global), BSO/Origin (Consultora en Tecnologías de la Información, global), Buurtzorg (sector salud, Holanda), ESBZ (escuela, Alemania), FAVI (metalurgia, Francia), Heiligenfeld (hospitales de salud mental, Alemania), Holocracy (modelo de funcionamiento organizativo, Finlandia), Morning Star (procesado de alimentos, Estados Unidos), Patagonia (textiles, Estados Unidos), RHD (servicios sociales, Estados Unidos), Sounds Tree (medios, sabiduría espiritual, Estados Unidos), Sun Hydraulics (componentes hidráulicos, global).

[9] Paradójicamente, la Economía circular tiene un enorme parecido a la propuesta del decrecimiento de Serge Latouche, quien también tiene un modelo sustentado en las 8R, un sistema de soluciones bajo el prefijo “re-”, que denota repetición o retroceso: Revaluar, Reconceptualizar, Reestructurar, Relocalizar, Redistribuir, Reducir, Reutilizar y reciclar. Sin embargo, la Economía Circular, si bien recupera algunas de la R´s de Latouche, se encuentra en contraposición con el decrecimiento, ya que apuesta por un crecimiento ilimitado sustentado en el Modelo Multi-R.

[10] La entropía es el caos y desorden que existe en la naturaleza, en el universo, en un sistema. Existe un deterioro general y una tendencia universal inexorable al desorden y al caos.

[11] A través de la Fundación ZERI, Pauli se ha dedicado desde su creación a diseñar modelos de negocio innovadores que responden a las necesidades básicas de todos, pero que operan bajo los principios de competitividad de los mercados. En vez de buscar simplemente hallazgos tecnológicos, ZERI identifica modelos de negocio que recortan costes, incrementan los ingresos, generan capital social y crean puestos de trabajo. La economía tradicional considera esto imposible. La red ZERI ha demostrado a través de casi 200 casos a lo largo de los últimos años que puede hacerse.

[12] Por citar sólo algunos ejemplos de las empresas creadas bajo este paradigma, están el cultivo de hongos comestibles de alta calidad con desechos de café, detergentes biodegradables producidos con restos de cáscaras de naranja o la transformación de gasolineras en estaciones de recarga para vehículos eléctricos.

[13] Esta teoría tiene como uno de sus grandes referentes teóricos al matemático y economista Georgescu-Roen y sus estudios sobre bioeconomía -su libro “The Entropy law and the Economic Process” es lectura obligada para los decrecentistas. Latouche propone, con base en dicho autor, ir más allá de abandonar el objetivo del crecimiento por el crecimiento, y hablar de acrecimiento, tal como hablamos de ateísmo. De ahí su famoso Modelo 8 R: Revaluar, Reconceptualizar, Reestructurar, Relocalizar, Redistribuir, Reducir, Reutilizar y Reciclar.

[14] La economista abreva además del pensamiento y los estudios sobre la cooperación social de Sam Bowles y Herb Gintis, de los valores universales de Shalom Schwartz, de las motivaciones intrínsecas y extrínsecas propuesta por Tom Crompton y Tim Kasser, así como de la auto-organización social más allá de los mercados a través de los comunes de Elinor Ostrom.

[15] En los dos últimos decenios, Karen Raworth ha trabajado como investigadora sénior en Oxfam, ha sido coautora del Informe de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y ha colaborado con el Instituto de Desarrollo de Ultramar en las aldeas de Zanzíbar.

[16] George Manbiot, articulista del diario británico The Guardian y crítico del capitalismo neoliberal, considera a la autora como una economista de gran estatura intelectual: “I see her as the John Maynard Keynes of the 21st century: by reframing the economy, she allows us to change our view of who we are, where we stand, and what we want to be (se puede consultar su artículo “Finally, a brakethtough alternativa to growth economics .the douhgnut” en:
https://www.theguardian.com/commentisfree/2017/apr/12/doughnut-growth-economics-book-economic-model

[17] Su libro fue publicado en inglés en 2018 con el título  “Doughnut economics: Seven ways to think like the 21st-century economist”.

[18] Se reconocen dos tipos de innovación: a. la incremental, que genera pequeñas modificaciones acumulativas a productos, servicios o procesos, y b. la radical o disruptiva, cuyos productos o procesos consisten en cambios “revolucionarios” respecto a los existentes, generando puntos de inflexión.

[19] Un ejemplo típico de la esta innovación frugal es el famoso auto compacto Tata Nano, diseñado especialmente por el grupo empresarial indio Tata para proveer de una auto económico a las grandes mayorías, escasas de recursos, de la población india.

[20] Nos referimos al informe “Implication of Global Value Chains for Trade, Investment, Development and Jobs”.

La ortodoxia económica de la economía-sociedad de mercado y la economía-sociedad de consumo

Dos caras de la misma moneda

“(Los sapiens…) Hemos domeñado nuestro entorno, aumentado la producción de alimentos, construido ciudades, establecido imperios y creado extensas redes comerciales. Pero ¿hemos reducido la cantidad de sufrimiento en el mundo? 

“La ética capitalista y la ética consumista son dos caras de la misma moneda, una mezcla de dos mandamientos. El supremo mandamiento de los ricos es “¡Invierte! El supremo mandamiento del resto de la gente es ¡Compra! 

Yubal Noah Harari

“Cuando todos se vuelven locos, lo racional es volverse loco también” 

Charles Kindleberger

 

¿Qué es el mercado? ¿existen diversos mercados en la historia? ¿cómo se define al mercado o los mercados en el sistema-mundo capitalista? ¿qué logros y problemas generan los mercados en la economía del capital? Pero, también, ¿Qué es el consumo? ¿cómo se expresa en esta etapa del desarrollo del capitalismo (del consumo de masas al consumo de élites)? ¿qué vínculos existen entre economía, desarrollo y modernidad? 

Estas son algunas tan solo algunas preguntas que nos hacemos para intentar comprender la complejidad de lo social y las relaciones económicas en su expresión mercantil.[1] En el presente apartado trataremos de dar respuesta a estas preguntas desde la perspectiva ortodoxa de la economía.

2.1 Los mercados capitalistas:
 ortodoxia y fundamentalismo

Los intercambios de productos han existido a lo largo de la toda la historia de la humanidad. Sin embargo, han tenido una diversidad de expresiones. Durante la revolución cognitiva de nuestra especie sapiens, prácticamente el intercambio de bienes entre recolectores-cazadores se circunscribía a sus propios grupos o colectivos. Luego, con la revolución agrícola y la fundación de pequeñas comunidades sedentarias, el intercambio de bienes y servicios quedaba prácticamente encerrado en ellas, salvo algunos pocos productos no producidos en su interior y obtenibles en las comunidades locales más próximas. Es con la revolución científica y tecnológica, que posibilita el surgimiento del capitalismo y los primeros imperios de carácter global, que los mercados se expanden a las ciudades y se abren a productos del mundo entero para crear la primera red comercial global (Noah, 2017). Hoy, en un contexto globalizado, los intercambios han evolucionado a tal punto que productores y consumidores no tienen contacto directo. 

Pero veamos cómo la teoría económica convencional explica las economías reales. De acuerdo con Joseph Stiglitz -quien fuera economista en jefe del Banco Mundial y premio Nobel de Economía 2001-, en su libro de estudio básico de economía, la teoría económica convencional reconoce una gran diversidad de mercados, tanto para los hogares (racionales) como para las empresas (maximizadoras de beneficios). Dichos mercados podrían agruparse básicamente en tres tipos: de bienes, de trabajo y de capital (Stiglitz y Walsh, 2006, p. 149-166). Estos mercados se encuentran todo el tiempo interrelacionados (las perturbaciones en alguno afectan al resto) y alcanzan el equilibrio general cuando todos los mercados se encuentran en equilibrio, es decir, cuando los mercados se vacían, de manera que la demanda de cada bien es igual a su oferta, la demanda de cada trabajo es igual a su oferta y la demanda de capital es igual a su oferta. Ello significa que no existen incentivos para que varíen los precios de los bienes, los salarios (trabajo) y las tasas de interés (capital).

En este modelo competitivo básico, el Estado sobra, es prescindible. Ello acontece, supuestamente, porque los mercados son eficientes por sí mismos. Sin embargo, detrás de este dogma de los mercados eficientes se encuentra Adam Smith y su apuesta por la mano invisible del mercado, donde los individuos egoístas, en la búsqueda de su propio provecho (privado), logran el interés general (público). Esta afirmación de la doctrina económica capitalista ha sido fundadora, ya no sólo en el orden teórico y prescriptivo, de una ética, de un dogma. 

Ya desde mediados del siglo XX, Karl Polanyi (2018) cuestionaba el dogma de la sociedad de mercado, sustentadas en la libertad de empresa y la propiedad privada. En su célebre libro, “La Gran Transformación”, Polanyi distingue entre los mercados, un fenómeno casi universal, pero de importancia social marginal, y el sistema mercantil, es decir, la integración de todos los mercados en una única economía nacional o internacional -Polanyi fue un pensador que influyó en Wallerstein (2005) y sus estudios del sistema-mundo capitalista-. Bajo un sistema mercantil se entiende que los complejos mecanismos económicos funcionan sin la intervención consciente de las personas. Así, las motivaciones económicas principales serían el deseo de consumo, por un lado, y el deseo de ganancia, por otro, sin ningún otro requisito legal que la protección de la propiedad y el cumplimiento contractual.

Con base en este dogma se ubica su afirmación central: entender el crecimiento económico como el bien supremo, dado que la justicia, la libertad y la felicidad dependen todas del crecimiento económico (Noah, 2017, p. 346). Dicho de otra manera, en el credo capitalista, el máximo mandamiento es que los beneficios de la producción deben ser reinvertidos en aumentar la producción. 

De manera que, como bien afirman Franz Hinkelammert y Henry Mora (2012, p.402):

“Estos fundamentalistas (del mercado) sacan una conclusión inaudita: el mundo es complejo, por consiguiente, las soluciones pueden y deben ser esencialmente simples (simplismo). El mundo es complejo y por tanto únicamente los simplismos son aceptables. Esta reducción de todos los problemas se inició con los neoliberales. Hayek la hace muy explícita: 

Una sociedad libre requiere de ciertas reglas morales que en última instancia se reducen a la manutención de vidas: no a la manutención de todas las vidas porque podría ser necesario sacrificar vidas individuales para reservar un número mayor de otras vidas. Por lo tanto, las únicas reglas morales son las que llevan al cálculo de vidas: la propiedad y el contrato. (Hayek, Friedrich von. Entrevista con El Mercurio, Santiago de Chile, 19-04-1981). 

Siendo complejo el mundo, el simplismo de “la propiedad y el contrato” es la respuesta.

De ahí que, en la economía ortodoxa y fundamentalista, la competencia se convierta en el valor práctico del capitalismo y su economía de mercado: libertad para competir, competir para ser libres. Libertad de mercado, en suma, como el principal y óptimo asignador de recursos. Y, apoyando esta máxima económica, la teoría evolucionista clásica de la biología contribuye al éxito ético del capital: sólo mediante la competencia saldrán adelante los más aptos, dejando en el campo de batalla (el mercado) a los ineptos e inadaptados.


2.2 De la economía de mercado a la sociedad de mercado y consumo: el consumo de masas y el consumo de élites

Karl Polanyi (2017), en su libro “La Gran Transformación”, hace una severa crítica a la economía de mercado. En realidad, la economía de mercado, sostiene Polanyi, es un sistema económico regido, regulado y orientado únicamente por los mercados, en el que la tarea de asegurar el orden en la producción y la distribución es confiada a ese mecanismo autorregulador (p. 129). Sin embargo, para Polanyi los supuestos de Adam Smith eran erróneos, dado que sus proposiciones sobre el hombre originario o primitivo y su psicología económica fundada en su propio interés individual y su predilección por las ocupaciones lucrativas eran falsas (pág. 105).

De ahí el obstáculo moral que impone: la planeación económica y la regulación son considerados como negación, límite, candados a la libertad, donde la libre empresa y la propiedad privada son las expresiones de esa libertad y ninguna sociedad que se construya sobre otros fundamentos merece ser llamada libre. De ahí que, según Polanyi, la plenitud de la libertad para aquellos que no necesitan incrementar sus ingresos, ocio y seguridad, y conceder una simple ración de libertad para el pueblo. (pág. 312).

La mercantilización de la sociedad se lleva al extremo de la tierra y el trabajo -retomando Polanyi a los componentes de la economía clásica, además del capital- dado que las mercancías son objetos producidos para la venta en el mercado y, en ese sentido, la tierra y el trabajo no son producidos para la venta ni pueden serlo. Por ello, no pueden considerarse mercancías en sentido estricto. Se trata de mercancías ficticias, dado que ninguna economía de mercado funciona sin su mercantilización. 

Así, de una sociedad de mercado, dando otra vuelta a la tuerca, nos encontramos con la sociedad de consumo. No es tan sólo una sociedad que enmarca sus relaciones sociales en base a la mercantilización de casi todo, la vida misma, sino que el consumo se convierte en el motor que permite girar la rueda, o peor aún, en la energía y la droga que estimula a la economía de mercado-la sociedad de mercado, dos caras de la misma moneda.

Yuval Noah Harari (2014, pp. 381-384), historiador de la humanidad, nos indica que el consumismo es una especie de nueva religión, una ideología, incluso una ética:

“El consumismo considera que el creciente consumo de productos y servicios es positivo. Anima a la gente a permitirse placeres, a viciarse e incluso matarse lentamente mediante consumo excesivo. La frugalidad es una enfermedad que hay que curar” (Noah, 2014, p. 382).

Y esto es posible porque la economía capitalista moderna está obligada a aumentar constantemente la producción si aspira a sobrevivir, nos dice Noah, como un tiburón obligado a nadar continuamente para no ahogarse.

Para Gilles Lipovetsky (2007) resulta claro que es preciso menos consumo, si este se entiende como un imaginario multiplicador de la satisfacción. Lo paradójico, sostiene el autor en su libro “La felicidad paradójica”, es que al mismo tiempo requerimos más consumo, ese consumo digno y necesario que hace posible la vida de las mayorías depauperadas: 

“(…) Pero por otro lado también necesitamos más consumo: para que retroceda la pobreza, pero también para ayudar a la tercera edad, para mejorar las condiciones de la salud pública, para utilizar mejor el tiempo y los servicios, abrirse al mundo, saborear experiencias nuevas. (…) El tiempo de las revoluciones políticas ha concluido; ante nosotros tenemos el de la reestabilización de la cultura consumista y el de la reinvención permanente del consumo y los estilos de vida” (2007, p. 126).

De  ahí que el filósofo y sociólogo del consumo nos lance una frase lapidaria, provocativa al extremo y a  la vez fríamente realista:

“Que nadie se llame a engaño: ni las protestas ecologistas ni las nuevas modalidades de consumo más sobrio bastarán para destronar la creciente hegemonía de la esfera comercial, para hacer descarrilar el TGV consumista, para contener el alud de nuevos productos con un ciclo de vida cada vez más breve” (Lipovetsky, 2007, p.16).

Por su parte, el premio nobel de economía John Storey (2017), desde los estudios culturales y las teorías del consumo, se pregunta sobre el excesivo consumo en las sociedades capitalistas (consumismo en la sociedad de consumo) y encuentra tres respuestas: la teoría marxista de la alienación, el modelo de la emulación social y la teoría de la ética romántica consumista (más allá del hedonismo y como idealización del consumo en tanto experiencia de vida).

Desde la perspectiva marxista, se trata de un modelo de acumulación de capital que, en su expresión neoliberal[2] actual se construye una exaltación del lucro, de la iniciativa individual, de las bondades del sector privado de la economía, de la conveniencia de introducir principios empresariales en la explotación del sector primario, de la apertura de las economías al libre mercado y de la inconveniencia de la regulación de los mercados por parte del Estado (Storey, 2017, p. 176).

Además del concepto de acumulación de capital, entre las criticas marxistas y neomarxistas al capitalismo y sus graves consecuencias destacan conceptos clave como el de “acumulación por despojo” (David Harvey), “acumulación militarizada o por represión” (Michael Robinson), colonialidad-descolonialidad (Boaventura de Sousa Santos, Enrique Dussel, Edgardo Lander, Aníbal Quijano y Walter Mignolo, entre otros). John Holloway propone la necesidad de “agrietar el capitalismo” mediante múltiples maneras, entre las que se encuentran alternativas socioeconómicas desde abajo y en las comunidades. Raúl Zibechi sostiene que es posible construir alternativas y resistencias desde los márgenes societales.[3] Desde los análisis marxistas-neomarxistas y descoloniales, la vinculación entre economía-modernidad-imperios-colonialidad se convierte en una necesidad teórica para explicar el capitalismo actual con sus graves consecuencias, crisis y desigualdades. 

Y este acercamiento al consumo nos lleva necesariamente hacia la diferenciación que realizan tanto la economía clásica y el marxismo entre el valor de uso y el valor de cambio (la teoría del valor): 


“En una sociedad capitalista, todas las mercancías que compramos tienen un valor de uso y un valor de cambio. La diferencia entre ambas formas del valor es significativa, y en la medida en que a menudo se enfrentan una con otra constituye una contradicción que puede dar lugar ocasionalmente a una crisis. Los valores de uso son infinitamente variados (incluso para el mismo artículo), mientras que el valor de cambio (en condiciones normales) es uniforme y cualitativamente idéntico (un dólar es un dólar, e incluso cuando es un euro tiene un tipo de cambio conocido con el dólar” (Harvey, 2014, pág. 31).

Cuando el sistema capitalista, en proceso creciente de acumulación, va haciendo una opción relevante por el valor de cambio en detrimento del valor de uso o consumo, la contradicción inherente y fundamental se vuelve crítica. Las crisis de vivienda e hipotecarias en diversos momentos históricos, incluyendo el crack inmobiliario de 2008 acontecido en Estados Unidos, Irlanda y España (aunque no sólo), son indicativas de esta tendencia capitalista[4]:

“Obviamente, he elegido este caso de la vivienda porque es un ejemplo perfecto de cómo la diferencia en el mercado entre el valor de uso y el valor de cambio de una mercancía puede convertirse en una oposición y un antagonismo, intensificándose hasta dar lugar a una contradicción absoluta y a una crisis en todo el sistema financiero y económico” (Harvey, 2014, pág. 38).

Pero esto mismo ha venido ocurriendo en otros derechos sociales fundamentales como la educación y la salud.

Siguiendo con la perspectiva del análisis marxista, Raquel Gutiérrez (2016), desde sus reflexiones sobre “lo común” y la necesaria producción-reproducción social de la vida, retomando a Bolívar Echeverría, sostiene que:


“(…) en la modernidad capitalista, la organización económica que posibilita la producción y reproducción de la vida social “abandona” la finalidad primaria a la que ésta debería de responder; es decir, la de garantizar la reproducción misma del sujeto social, para asumir una segunda finalidad que hace que ella se transforme en una suerte de subjetividad ajena a la colectividad social, pero capaz de dirigirla y conformarla. Esta finalidad es la del proceso de valorización del valor” (Gutiérrez et al, 2016, pág. 382).

De manera que, siguiendo a la autora mexicana, el proceso de separación o escisión entre productores y medios de producción genera una estructuración de relaciones sociales donde los individuos, sujetos centrales, son supuestamente libres rompiendo con ellos los entramados comunitarios y una mercantilización no sólo de todo lo social, sino incluso de la naturaleza: individualismo, unidimensionalidad del mercado y tiempo abstracto son sus consecuencias y efectos al mismo tiempo (Gutiérrez et al, 2016, pág. 383-384).


2.3 Las nuevas economías capitalistas
en el contexto neoliberal

Desde un abordaje filosófico, para Byung-Chul Han (2016), una tendencia más grave aún de la fase capitalista actual es donde el trabajador se autoexplota, es decir, se explota a sí mismo mediante la ideología del emprendedor, del trabajador autoempleado, del trabajo asalariado flexible y pseudo autónomo.

De manera que, dialogando con Hardt y Negri, el filósofo y ensayista no encuentra que la violencia que surge del imperio global sea interpretada como poder de explotación del otro, dado que lo que acontece en realidad es que el imperio global no es ninguna clase dominante que explote a la multitud, pues hoy cada uno se explota a sí mismo -la propia explotación-, y se figura que vive en libertad. De ahí la desaparición acelerada de los lazos comunitarios y societales, la desintegración del tejido social y de la acción común:


“Los sujetos neoliberales de la economía no constituyen ningún nosotros capaz de acción común. La creciente tendencia al egoísmo y la atomización de la sociedad hace que se encojan de forma radical los espacios para la acción común, e impide con ello la formación de un poder contrario, que pudiera cuestionar realmente el orden capitalista. El socio deja el espacio al solo. Lo que caracteriza la actual constitución social no es la multitud, sino más bien la soledad (non multitudo, sed solitudo). Esa constitución está inmersa en una decadencia general de lo común y lo comunitario. Desaparece la solidaridad. La privatización se impone hasta el alma. La erosión de lo comunitario hace cada vez más imposible la acción común” (pág. 32).

Conviene recoger aquí (Cuadro 2.1), brevemente, algunas de las notas constitutivas del capitalista actual, con sus dinámicas y tendencias[5]:

De ahí que, en este contexto de la fase neoliberal capitalista y salvaje, surgen economías emergentes ortodoxas que hemos agrupado en torno a los cuatro campos analíticos (ver Figura 2.1):

Campo de Valores/Antivalores: se trata de la Economía Oscura que incluye las economías distópicas como la financiera especulativa, la militar, la economía del crimen organizado y los paraísos fiscales, el anarcocapitalismo;

Campo de la Sustentabilidad/Crisis ambiental: o Campo de la Economía Verde con la Economía de Servicios Ambientales y de Bonos de Carbono;

Campo de la Tecnología y la Innovación: es el Campo de la Economía Naranja con los grandes corporativos tecnológicos, la Pseudo-Bioeconomía, la Economía Colaborativa Privada e Innovaciones Sociales de Libre

Campo de la Inclusión/Exclusión social: cuya expresión es la Economía Rosa y, su mejor representante, la Economía en la Base de la Pirámide.

Algunos teóricos de las organizaciones empresariales privadas (Castiñeira, 2019) señalan que la década del 2020-2030 -década disruptiva- estará marcada por una nueva economía con cuatro dimensiones de naturaleza disruptiva: la economía, la tecnología, la geopolítica y el medioambiente. La disrupción, en sentido amplio, Castiñeira la entiende como una revolución imprevista y acelerada con riesgos y oportunidades y sus cambios serán exponenciales, y no lineales e incrementales, de manera que en los entornos geopolíticos y empresariales se habla ya de entornos VUCA (volátiles, inciertos, complejos y ambiguos) en los cuales las turbulencias y la inestabilidad se acentúan y la predicción es sustituida por la reacción. Asimismo, la necesaria transformación energética hacia energías renovables disponibles en todo el mundo generará mayor seguridad e independencia energéticas. Y junto a lo anterior, dentro de una década, China superará a los Estados Unidos como líder mundial de la Inteligencia Artificial, generando un duopolio tecnológico o dos grandes tecnobloques cuya megacibersoberanía generará nuevas tensiones en Europa, América Latina y África ante su carencia absoluta de soberanía digital. 

Veamos a continuación una descripción breve de cada una. Empecemos desde las economías menos agresivas, para terminar este capítulo con las economías distópicas.


2.3.1 Economía Rosa

El término es nuestro y pretende reflejar la aparente inocencia o inocuidad de una propuesta socioeconómica sustentada principalmente por el enfoque teórico-práctico de la “Economía en La Base de la Pirámide”. Desde nuestro punto de vista se trata de una perspectiva capitalista colonial y perversa, dado que:


“(…) Si hiciéramos el ejercicio de segmentar a toda la humanidad en una pirámide socioeconómica, nos encontraríamos que el grueso de la población se encuentra en la base; es decir, entre cuatro y cinco mil millones de personas viven con menos de dos dólares al día. Para unos, el hecho es dramático y demanda filantropía, sin embargo, para otros, el hecho es una clara oportunidad de mercado”. 

Esta estrategia que impulsa a las grandes corporaciones a “mirar hacia abajo”, tiene entre sus bases teórico-conceptuales a C.K. Prahalad[6] y su libro “La riqueza en la base de la pirámide” (2006), donde analiza el potencial de consumo y desarrollo de las zonas más desfavorecidas del planeta. Y lo hace mediante el estudio de la experiencia obtenida por diversas empresas dedicadas a una variada gama de industrias: consumo masivo, construcción, alimentos, agricultura, salud, servicios financieros y muchas otras. El autor sugiere que, pese a que se trata de un mercado todavía inexplorado por las compañías en el ámbito local e internacional, el potencial de consumo de esa parte de la población mundial será clave en el desarrollo de estrategias de negocio en el futuro.[7]

Uno de sus principales promotores en América Latina es el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), quien en su estudio “Un mercado creciente de US $750 mil millones. Descubriendo oportunidades en la base de la pirámide en América Latina y el Caribe” (2015, p. 1), afirma que: “Hace casi una década que el Banco Interamericano de Desarrollo comenzó a financiar modelos de negocios rentables que ofrecen bienes y servicios de alta calidad a las personas que se encuentran en la base de la pirámide económica en América Latina y el Caribe.” El BID estimaba que en 2010 el tamaño total del mercado de la Base de la Pirámide de América Latina y el Caribe era de US $759.000 millones[8] y representaba alrededor del 10% de la economía de la región (BID, 2015, p. 3), un mercado compuesto por hogares con ingresos de hasta US$10 diarios per cápita que representaba alrededor del 70% de la población de la región, o sea, 405 millones de personas. Segmentando el mercado latinoamericano de los pobres y vulnerables, el BID destaca que los rubros mayores, en orden descendente, serían: Comida US $209,000 millones, Vivienda US$184 mil millones, Transporte US $82,000 millones, Servicios alimentarios US $44,000 millones, Vestimenta US $42,000 millones, Otros US $40,000 millones, Energía US $38,000 millones y Salud US $31,000 millones[9].

En suma, para el BID, los pobres son vistos como mercado potencial, como consumidores, como negocio, y no como ciudadanos con derechos reconocidos. 


2.3.2 Economía Naranja

Desde la nueva revolución de la tecnología y la información -cuyas tendencias internas principales apuntan a la inteligencia artificial[10], la minería de datos[11] y el internet de las cosas[12]-, denominada la “Cuarta Revolución Industrial” por el Foro Económico Mundial en el 2016, emerge desde la economía real y convencional, la Economía Creativa o Economía Naranja.

Ya Zygmunt Bauman nos advertía sobre la transición civilizatoria de la modernidad y la sociedad sólidas a la modernidad y sociedad líquidas en que estamos insertos. Algunos podríamos pensar que ya no sólo líquida, sino gaseosa (virtualidad) además: es posible afirmar que en nuestro mundo conviven ya, de manera simultánea, una sociedad cada vez menos sólida con las cada vez más dominantes líquida y gaseosa. Bauman posiblemente se basa en el análisis del marxista y judío norteamericano Marshall Berman (1989) y su libro “Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad”, donde Berman realiza un análisis sobre la crítica marxista al capitalismo de su época y esa perspicacia de Karl Marx sobre la inmaterialidad, evanescencia o virtualidad de los procesos económicos capitalistas que expone en su Manifiesto Comunista. Pues de eso se trata, en toda su radicalidad, la Economía Digital (y naranja).

Pues bien, este tipo de Economía Naranja integra, entre otras economías emergentes, a la Economía de Innovación tecnológica, la Bioeconomía y la Economía Colaborativa privada. Conocida también como Economía Digital, se compone por las dos grandes vertientes de la tecnología: la biotecnología y la infotecnología. 

En América Latina es impulsada también por el Banco Interamericano de Desarrollo y, de acuerdo con Buitrago y Duque (2013), la Economía Naranja representa una riqueza enorme basada en el talento, la propiedad intelectual, la conectividad y la herencia cultural de nuestra región. Según los autores referidos, esta economía integra varios factores: a. creatividad, artes y cultura como materia prima; b. relación con los derechos de propiedad intelectual (en particular con el derecho de autor) y c. función directa en una cadena de valor creativa. El color naranja se suele asociar con la cultura, la creatividad y la identidad. Google, Amazon, Paypal y Skypeso, pero también Waze y Facebook, son algunos ejemplos de este tipo de economía en su vertiente digital (economía digital)[13]. 

De acuerdo con la Economía Naranja, las exportaciones de bienes y servicios creativos en 2011 alcanzaron los $646 mil millones de dólares y serían la quinta mercancía más vendida del planeta[14]. 

Apoyándose en esta vertiente de las nuevas tecnologías se desprenden las economías colaborativas, como veremos más adelante. Caben también aquí múltiples prácticas tecnológicas innovadoras en diversos campos de la economía dominante: entre ellas podemos distinguir las Fintech (Financial Technology), es decir, las nuevas tecnologías financieras privadas basadas en TIC´s (Tecnologías de Información y Comunicación)[15]. 

En este sentido, es posible destacar aquí al dataísmo, entendido como la maximización de los flujos de información que se conectan cada vez a más medios diversos, produciendo y consumiendo más y más información. Los algoritmos son el gran dispositivo que hace girar esta enorme rueda. Pero el mismo Harari va más lejos, cuando sostiene que “Cuando Google, Facebook y otros algoritmos se conviertan en oráculos omniscientes, bien podrían evolucionar para convertirse en representantes y finalmente en soberanos” (2018b, p. 373). 

Y este capitalismo oscuro o “capitalismo de vigilancia”, bautizado así por la economista Soshana Zuboff (2019), opera en ese sentido[16]. Para Zuboff, la tecnología digital no equivale al capitalismo de la vigilancia, pero el capitalismo de vigilancia requiere de la tecnología digital. En una entrevista concedida a BBC News (Blasco, 2019), la autora señala que el capitalismo de la vigilancia reclama experiencias humanas privadas -que residen en nuestros cuerpos, en nuestras casas, en nuestras ciudades, en nuestra vida diaria- para convertirlas en datos de comportamiento e integrarlas al mercado. Así, inventado en el contexto de la publicidad en línea personalizada, el capitalismo de la vigilancia se propagó rápidamente a Facebook y a otras empresas tecnológicas y, finalmente, a la economía “normal”, integrándose en industrias desde seguros hasta salud, finanzas o educación (incluso la automotriz Ford planea utilizarla). Urgido de regulación efectiva, la economista asegura que el capitalismo de la vigilancia es un sistema global que amenaza a la naturaleza humana y cuyo precio podría ser renunciar a nuestra propia libertad. 

Y sus consecuencias futuras en el empleo no son para nada halagüeñas. Como señala el historiador Yuval Novah Harari (2018b, p. 357), citando a Carl B. Frey y Michael A. Osborne con su informe de 2013 –“The future of Employment- el 47 por ciento de los puestos de trabajo de los Estados Unidos para el año 2033 corren el riesgo de ser suplantados por algoritmos[17]. De manera que en el este siglo XXI podemos asistir a la creación de una nueva y masiva clase no trabajadora: una clase inútil desempleada e inempeable. Pero no sólo eso, sino que los trabajadores de las plataformas digitales se encuentran altamente precarizados, convertidos en una suerte de jornaleros digitales como señala el estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2019). La precariedad laboral refiere a la condición vulnerable de un trabajador derivada de las condiciones propias de su empleo ya que dichas plataformas operan bajo un modelo en el que los trabajadores fungen sólo como contratistas independientes y las firmas no están constituidas como patrones. Ello significa que se encuentran fuera de toda prestación y seguridad laborales.

Cuarta Revolución industrial, economía naranja, innovación tecnológica, tecnologías de la información, inteligencia artificial, conforman un continuum que permite conocer todo sobre la vida de las personas con el riesgo de que su capacidad de toma de decisiones personales y colectivas se vean amenazadas, vulneradas y colapsadas. Desde la perspectiva axiológica y ética, más allá de la económica, cabe preguntarse: quién es y será en el futuro el verdadero soberano, ¿el ciudadano, el Estado, el algoritmo? La fusión de la biotecnología y la infotecnología nos enfrenta a los mayores desafíos que la humanidad ha conocido, en palabras de Harari (2018ª). El dataísmo, basado en la mega información y los algoritmos, se convierten en una nueva religión que va más allá del humanismo. 


Bioeconomía

Otra expresión de este tipo de economía naranja vinculada a la tecnología es la “bioeconomía” -que en realidad es una pseudo bioeconomía al apropiarse y distorsionar semánticamente el término de la auténtica bioeconomía- la cual pretende impulsar la ingeniería transgénica como una forma de producción alimenticia eficaz. Caben aquí las iniciativas o emprendimientos de producción de alimentos genéticamente modificados. La empresa internacional Monsanto -adquirida en 2018 por Bayer, la transnacional farmacéutica y agroquímica, en una transacción de más de US $66,000 millones- constituye el ejemplo más acabado del uso de la tecnología transgénica. 

Monsanto es una de las empresas con peor imagen corporativa en el mundo y objeto de múltiples manifestaciones, resistencias y protestas en todos los rincones del planeta. Se trata del mayor productor mundial de semillas transgénicas (sobre todo de maíz y soja) y por la venta de herbicidas como el Roundup. No es casual su rechazo por campesinos, ecologistas y científicos dadas sus terribles implicaciones ético-científicas, ambientales, políticas, económicas, culturales y sociales (daños severos a la naturaleza y a la salud de las personas, dependencia alimentaria de los productores y en el uso de semillas, entre otras). Su expulsión de países como Francia y Alemania y otros doce países europeos en 2014 -con excepción de España, Portugal y República Checa- no es gratuita, sino evidencia de los graves problemas que genera su tecnología tanto en los campos de cultivo como en la salud de las personas. 

Uno de los críticos más relevantes a nivel global por su lucha contra los agroquímicos y transgénicos es el movimiento social internacional la “Vía Campesina”, la cual agrupa a más de doscientos millones campesinos de todo el mundo, especialmente del Sur Global, a través de 182 organizaciones presentes en 81 países. Desde la investigación y la academia, el Grupo ETC ha sido un audaz crítico de la perversión de la cadena alimentaria industrial frente a los aportes de la agricultura familiar y campesina en todo el mundo y afirman que los campesinos alimentan al menos al 70 % de la población mundial (ETC Group, 2009), mientras que la cadena industrial aporta tan sólo el 30%.

Economía colaborativa privada

Dentro de la emergencia de la innovación social se encuentra la economía colaborativa, aunque se puede entender como una rama de ella o más allá de ella.  Se centra en el intercambio de bienes y servicios usando la tecnología como fórmula para poner en contacto a las personas y avalar su reputación. Se puede afirmar que de estas formas básicas de la solidaridad y la colaboración (movilidad, turismo, finanzas) emergieron las grandes experiencias empresariales y transnacionales como UBER y Airbnb, distorsionando las prácticas colaborativas de base, desde abajo. Dichas corporaciones transnacionales privadas se han beneficiado exponencialmente de este tipo de economía[18], dado que no invierten su capital en los activos fijos base del negocio -no son de su propiedad sino de sus contratados, como automóviles para transporte de pasajeros, en el caso de Uber, o casas en renta, en el caso de Airbnb-, y el grueso de los trabajadores son los propios dueños de los medios de producción o del servicio prestado. Con ello, estas empresas evitan la contratación de personal como empleadores, bajo la figura de autoempleo y, con ello, todo tipo de obligaciones laborales, con excepción de su personal administrativo.

2.3.3 Economía Verde

Propuesta desde el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la Economía Verde está basada en la acumulación y el crecimiento económico, lo que resulta contradictorio con los objetivos que el mismo pretende alcanzar. Se define como “un sistema de actividades económicas relacionadas con la producción, distribución y consumo de bienes y servicios que resulta en mejoras del bienestar humano en el largo plazo, sin, al mismo tiempo, exponer a las generaciones futuras a riesgos ambientales y escasez ecológicas significativas”. Por tanto, es una continuidad del Informe Brundtland que definió el desarrollo sostenible como “el desarrollo que satisface las necesidades presentes sin comprometer la capacidad de satisfacer las necesidades de las generaciones futuras”. La Organización de las Naciones Unidas ha estado trabajando sobre este concepto de desarrollo sostenible durante las dos últimas décadas. Sus impactos, con el pago de servicios ambientales por las empresas contaminantes del primer al tercer mundo (bonos de carbono), no logran mitigar la crisis ambiental que provocan. 

Sin embargo, como lo señala James W. Moore (2016) en su libro “Anthropocene or Capitilocene? Nature, History, and the Crisis of Capitalism”, lo que vivimos es la era del Capitaloceno y no en la era del Antropoceno[19]. Sus estudios revelan que la coacción forzada del trabajo humano y no humano, con su imperativo del beneficio a cualquier precio (la acumulación ilimitada del capital) es lo que provoca la ruptura del equilibrio del ecosistema planetario.

Ello significa que los ambientalistas y científicos ambientales han incurrido en el grave error de culpar a toda la especie humana de ser los causantes de este desastre ambiental y climático actual cuando en realidad lo ha sido el capitalismo y sus actores dominantes. Víctor Toledo (2019) es muy claro en ello:

“No es pues la humanidad sino una pequeñísima parte de ella la principal causante. El cambio climático no debe entonces atribuirse al mero hecho de que el planeta esté poblado por 7 mil millones, sino al reducido número de personas (uno por ciento) que controlan los medios de producción y deciden cómo se ha de usar la energía”.

Los siguientes datos aportados por Toledo (2019) en el mismo texto dan cuenta de ello:

en 2015, la mitad de las emisiones totales de CO2 fueron responsabilidad de 10 por ciento de la población con más riqueza, mientras la mitad de la población mundial sólo generó 10 por ciento de las emisiones;

las emisiones de carbono de uno por ciento más rico son 30 veces mayores que las de 50 por ciento más pobre; 

Los agentes más contaminantes en la historia son las corporaciones petroleras, gaseras y cementeras (entre 1751 y 2010, tan sólo 90 corporaciones emitieron 63 por ciento del total de gases de efecto invernadero).

De ahí que la Economía Verde, bajo el paraguas de la ONU y su Programa para el medio ambiente, esté sirviendo económica e ideológicamente a los intereses de las grandes corporaciones y su mercantilización de la naturaleza. El concepto de capital natural es sólo una manifestación científica, conservadora e interesada, de esta vertiente. 


2.3.4 Economía Oscura

Utilizamos este concepto de manera libre para integrar un acumulado de diversas expresiones económicas empíricas, e incluso algunas de ellas filosóficas, que se concretan en prácticas extremas del capitalismo como son el militarismo y el mercenariato, el crimen organizado (narcotráfico, trata de personas y de especies de fauna y flora, sicariato y grupos paramilitares, etc.), los paraísos fiscales y la especulación financiera sin controles, las monedas virtuales (con black chain) y las apuestas anarcocapitalistas[20], entre otras economías oscuras. 

El anarcocapitalismo es una corriente filosófica que tiene como referente teórico al economista e historiador estadunidense Murrat Rothbard (2006), discípulo del economista austriaco Ludwig von Mises, quien realizó una síntesis filosófica entre libre mercado, derechos humanos y ausencia del Estado. Por su parte, David Friedman (1973) defiende el anarcocapitalismo desde la perspectiva utilitarista, ya que según sus argumentos produciría mejores resultados que cualquier alternativa de orden social y económico. Sin embargo, de acuerdo con Noam Chomsky (1996), el anarcocapitalismo es un sistema doctrinal que daría lugar a formas de tiranía y opresión y que, llevadas a la práctica, destruirían rápidamente cualquier sociedad. Simplemente, sostiene Chomsky, la idea de libre contrato entre el potentado económico y su famélica contraparte es una broma cruel. 

Bajo un control descentralizado, sin regulación y al margen del estado, las criptomonedas o monedas encriptadas, digitales o virtuales (como Bitcoin, Ethereum, Ripple, Dogecoin y demás)[21] tienen un espacio creciente en este tipo de economía y sus mercados oscuros a través de la realización de transacciones financieras, el control y creación de unidades adicionales y la verificación de transferencia de activos. Si bien este tipo de monedas surgen como una respuesta antisistémica a los mercados financieros del capitalismo, en la práctica se han convertido en un “hoyo negro” donde se refugian especuladores de todo tipo y como un espacio de intercambio y compraventa de productos ilegales en el dark web (la red oscura), ya que no es necesario demostrar o revelar la identidad. Hoy, diversos bancos centrales están buscando su regulación para evitar riesgos mayores. Además de ello, su afectación al medio ambiente es creciente, dado que las computadoras que trabajan los algoritmos del blockchain consumen una gran cantidad de energía que se estima es 58.3 Tera Watt/hora anualmente, por tanto, similar al consumo total de Kuwait.[22] Además de ello, las fluctuaciones financieras son recurrentes, creando enormes burbujas de valor y turbulencias financieras que llevan a su desplome o estallamiento.  

No caben aquí las monedas sociales, locales o comunitarias dado que, en contrapartida a las criptomonedas, son monedas que se basan en la solidaridad, la ayuda mutua y fuertes relaciones de confianza entre los participantes. Se les considera complementarias a las monedas oficiales porque no intentan sustituirlas sino tan solo apoyar sistemas altruistas e informales que fomentan la inclusión financiera de personas que no pueden acceder a servicios financieros tradicionales. Su finalidad, en suma, es estimular el desarrollo local, social y humano. Estas monedas pertenecen al campo de las prácticas de la economía solidaria.


2.4 Una visión comparativa de los cuatro campos-tipos de economías ortodoxas
emergentes

En el Cuadro 2.2 se pueden observar, de forma resumida, las principales economías componentes de cada campo, sus respectivos sustentos conceptuales, sus características principales y las organizaciones o instituciones promotoras de cada una. 

 

[1] Para numerosos estudiosos del sistema-mundo capitalista, incluido Immanuel Wallerstein, pero no solo, encuentran que en su desarrollo de cinco siglos este sistema ha pasado por tres grandes etapas: la mercantil, la industrial y la de consumo, esta última en la que nos encontramos desde inicios del siglo XX.

[2] En su basamento, el modelo neoliberal sostenido por el Consenso de Washington, se impulsan por los menos cinco procesos centrales de políticas públicas a nivel global, con diversas aplicaciones diferenciadas dependiendo de territorios y temporalidades: la privatización de empresas estatales; la desregularización o liberación comercial, monetaria y financiera; la estabilización de precios; la flexibilización laboral y de procesos económicos; y la descentralización estatal.

[3] Y la manifestación más cercana a esta visión economicista -tanto ortodoxa como heterodoxa- es el concepto de desarrollo con sus diversas vertientes teóricas (integral, endógeno, local, sustentable, etc.), todas las cuales confluyen -incluso las más aventuradas y críticas- en una visión universal, homogénea y estándar sobre lo que debería ser el destino de los pueblos y naciones. “Desarrollismo” ha sido el término peyorativo utilizado para este tipo de visión. Con todos sus matices, la variable del crecimiento económico se constituye en la dominante de esta perspectiva desarrollista, más allá de la equidad social y la sustentabilidad ambiental que complementan la propuesta del desarrollo sustentable. Junto con este concepto y práctica económica, el concepto de modernidad (desde la perspectiva civilizatoria y sociocultural) viene a constituir otro de los goznes sustantivos que complementan este continuum economista-desarrollista-modernista.

[4] Como apunta el mismo David Harvey, “En el reciente crac del mercado inmobiliario en Estados Unidos, alrededor de cuatro millones de personas perdieron sus hogares por los desahucios. Para ellos, la búsqueda de valor de cambio destruyó el acceso a la vivienda como valor de uso” (2014, pág. 37).

[5] Conviene ver en el capítulo 2 el Cuadro 1.2 y su comparativo entre subsistemas.

[6] Se trata de un autor reconocido y prolífico, entre sus libros destaca el bestseller mundial Compitiendo para el Futuro”, escrito junto con Gary Hamel, el libro de negocios más vendido en 1994. También coescribió “Misión Multinacional: equilibrando demandas locales con la visión global” y “El Futuro de la Competencia: co-crear el valor único con los clientes”. Especialista en estrategia corporativa, C. K. Prahalad fue consultor para algunas de las empresas más importantes del mundo. Ejerció como profesor de administración empresarial en la Universidad de Michigan y fue miembro de la Junta Directiva de NCR Corp. Hindustan Lever Ltd.  y del Instituto Mundial de Recursos.

[7] Uno de los casos mexicanos más cercanos a esta perspectiva es el “Proyecto de Piso Firme” impulsado por cementeras privadas como CEMEX, Cruz Azul y Apasco, pero también el Programa de autoconstrucción “Yo Construyo” de CEMEX. Todos ellos tienen como sustento la Economía en la Base de la Pirámide. Dichos programas han contado con el aval y promoción del Banco Interamericano de Desarrollo y el gobierno mexicano.

[8] De ese gran total, US$585 mil millones o el 77% corresponden a población vulnerable, mientras que US$174 mil millones o el 23% representa el sector de pobreza.

[9] Los rubros menores serían: de Agua se pueden vender en educación US$29 mil millones, servicios financieros US 11,000 millones, TIC US$25 mil millones, recreación US$14 mil millones y agua US$10 mil millones.

[10] Inteligencia llevada a cabo por máquinas, donde las máquinas son capaces de desarrollar procesos cognitivos como aprender o resolver problemas mediante sistemas utilizados en diversos campos como economía, medicina, milicia y aplicaciones de software, juegos de estrategia y videojuegos.

[11] La Big Data, o minería de datos, es capaz de concentrar, administrar y generar simulaciones con altísimos volúmenes de información y se está convirtiendo en una gran herramienta de control y manipulación de la población mundial. Carlos Maldonado (2019) hace referencia a los casos de China y Estados Unidos y sus avances en torno al llamado “crédito social”, que consistente en otorgarles o quitarles beneficios sociales a los ciudadanos en función de la lectura de los rostros, el cruce con bases de datos, de deuda económica o registros penales. Como sostiene, F. Pascuale (2016), investigador de Harvard, la inteligencia económica, política, de seguridad y otras pasa por y se funda en el manejo de grandes bases de datos. Quién no ha experimentado la perversión de algoritmos secretos utilizados cuando damos un like o realizamos una búsqueda en internet: hemos sido cooptados por la información compartida que es capaz de perseguirnos sin reposo para convertirnos en consumidores voraces: desde los libros que anhelamos, la música que nos gusta, los zapatos que nos interesan, los vuelos y hospedajes posibles, entre mil cosas más.

[12] Es un concepto que se refiere a una interconexión digital de objetos cotidianos con internet.​

[13] Otras muchos negocios con tecnologías innovadoras abarcan diversos mercados desplazando crecientemente a los tradicionales como SPOTYFY (a las disqueras), Netflix (a los videoclubs y cines), Booking, Expedia o BestDay, entre otros (a las agencias de turismo), Google (a las páginas amarillas), Wize (a los mapas impresos y GPS), WhatsApp (a la telefonía fija y celular), las Redes sociales (Facebook, Instagram y muchos más a los medios masivos tradicionales de comunicación), OLX (a los avisos clasificados), y un largo etcétera.

[14] Habría que añadir que el pago de impuestos de estas compañías no es del todo en el marco de la justicia fiscal. Por ejemplo, de acuerdo con el Instituto en Impuestos y Política Económica (Institute on Taxation and Economic Policy) -una organización de la sociedad civil y no lucrativa con sede en los Estados Unidos que realiza estudios y análisis rigurosos sobre tributación y políticas económicas en los ámbitos federal, estatal y local- la empresa Amazon durante 2017 y 2018 pagó cero impuestos federales a pesar de haber doblado sus utilidades: tan sólo en 2018 ganó cerca de US $11,200 millones (ver ITEP, 2019). Se puede consultar la información en: “Amazon in Its Prime: Doubles Profits, Pays $0 in Federal Income Taxes”,  https://itep.org/amazon-in-its-prime-doubles-profits-pays-0-in-federal-income-taxes/

[15] Se reconocen tres tipos de fintech: proveedoras, disruptoras y challengers (entidades bancarias virtuales, sin sucursales). Se calcula que en México operan 281 empresas fintech, de las cuales más del 50% son competencia directa de las instituciones bancarias y usan herramientas tecnológicas para otorgar servicios más rápidos y baratos. Unas proveen servicios a las instituciones bancarias, otras experimentan con tecnología innovadora -como el blockchain-. Las challengers, las más agresivas, ofrecen actividades como préstamos, pagos o transferencias y usan herramientas tecnológicas para otorgar servicios más rápidos, sencillos y baratos al cliente (ver Expansión, 2018).

[16] Shoshana Zuboff es profesora emérita de la Harvard Business School.

[17] Desde vendedores, agentes de seguros, árbitros deportivos, cajeros, chefs, camareros, archiveros, procuradores, guías de viajes, panaderos, conductores de autobús, obreros de la construcción, y un largo etcétera.

[18] De acuerdo con un reportaje de la revista Forbes México, Uber es una de las empresas privadas de tecnología más valiosas en el mundo. En abril de 2015, tenía un valor cercano a 50,000 mdd. (Luna, 2015).

[19] Como explica Víctor Toledo (2019), el Antropoceno quedó definido como una nueva era geológica en la que la acción humana (la civilización moderna e industrial) se ha convertido en una nueva fuerza capaz de alterar los mayores procesos y ciclos del planeta.

[20] Al anarcocapitalismo es el extremo más radical de la economía de mercado. Se le conoce también como anarquismo de libre mercado, anarquismo libertario, anarquismo de propiedad privada o anarcoliberalismo. Se trata de una filosofía política que promueve la anarquía entendida como la eliminación del Estado, y donde la protección de la propiedad privada y la libertad de mercado se sustentan en la soberanía del individuo. En una sociedad anarcocapitalista todos los servicios sociales, tribunales y otros deberán prestarse por instituciones o empresas privadas y cooperativas mediante la libre competencia en mercados abiertos y con el concurso del financiamiento privado y no de la recaudación de impuestos.

[21] De acuerdo con CoinMarketCap existen más de 1,400 monedas virtuales vigentes en el mundo actualmente. Su fluctuación es exponencial: por ejemplo, en febrero de 2018, en tan solo 24 horas, las criptomonedas perdieron 112,000 millones de dólares, cayendo a un valor de mercado de 405,241 millones, pero dos meses después, en abril, ya había recuperado el 60%.

[22] En México, por ejemplo, Agustín Carstens se ha referido al bitcoin como “una combinación de una burbuja, especulativa, un esquema Ponzi y un desastre para el medio ambiente” (Rubli, 2018).

De la ortodoxia económica a las emergencias económicas alternativas

Configurando un mapa de las nuevas economías y sus mercados

“Llegamos así a una conclusión en apariencia paradójica, pero para nada inesperada. La estrategia neoliberal de acumulación de capital, llamada globalización, es incompatible con el carácter global del mundo de hoy. Su triunfo definitivo implicaría el suicidio colectivo de la humanidad.”

Franz Hinkelammert y Henry Mora

 

El sistema capitalista no es monolítico, como nos lo quieren hacer creer los estudios clásicos de la economía. Existen, de hecho, diversos capitalismos[1] en la composición del sistema-mundo capitalista -ya Immanuel Wallerstein (2005) ha hecho un amplio análisis de esta perspectiva teórica fusionando diversas corrientes como el marxismo, la teoría de la Dependencia, los estudios históricos de larga duración y la complejidad de lo social. Dependiendo de la mirada y los lentes que utilicemos, podemos distinguir desde el capitalismo industrial hasta el capitalismo financiero, pasando por una amplia gama de manifestaciones. Tampoco los mercados capitalistas se comportan de manera homogénea, uniforme y lineal. 

No es posible profundizar en este texto en un análisis del sistema-mundo capitalista, sino tan solo situar nuestro interés de generación de conocimiento en las “Alternativas Solidarias Al Mercado” que van emergiendo[2] -lo que emerge a partir de las interacciones o de los componentes del sistema y de su relación con el entorno (Luengo, 2011)- en este paisaje socioeconómico. Sin embargo, frente a la incertidumbre y perplejidad generadas por ese “abigarrado y enredado universo” de nuevas economías -tanto desde la perspectiva teórica como empírica- fuimos exigidos a distinguirlas: de la disyunción inherente a lógicas interpretativas simples, a la necesidad de relacionarlas lógicamente mediante la conjunción para lograr una comprehensión mayor en un esfuerzo analítico aclarador3 , empezando por nosotros mismos. 

Para ello, hemos dispuesto un análisis aproximativo mediante la relación metafórica macro y micro[3].

Se trata de una relación dialógica[4] donde los polos no sólo no se anulan, sino que establecen una conexión recíproca y complementaria entre elementos antagónicos, es decir, entre ambos polos contradictorios. Dicho en otras palabras, lo macro y lo micro se requieren mutuamente en su existencia, sin la cual ninguno podría existir por cuenta propia. Autonomía e interrelación son sus grandes características.

En este sentido, algunos ejemplos que pueden ilustrar lo anterior podrían ser las relaciones de codeterminación entre la sociedad y el individuo, entre el bosque y el árbol, y a nivel científico, entre la macro física y la microfísica cuántica, o metodológicamente, entre el estudio de grandes tendencias sociales y el estudio de caso. Las codeterminaciones entre lo macro y lo micro son múltiples y diversas, ya sea en la realidad empírica o en el amplio campo de las ciencias y sus teorías dominantes.

De ahí que nuestro presente documento se propone recoger ambas perspectivas del análisis desde las emergencias recientes de tipo socioeconómico: lo macro, visto como las grandes tendencias o corrientes emergentes prácticas y teóricas que inciden en la esfera sistémica y lo micro, entendido como una propuesta analítica de caracterización de aquellas experiencias emergentes que nos permiten conocer el fenómeno mediante la realización exploratoria como estudios de caso.

En términos prácticos, distinguimos tres grandes subsistemas interactuando en el sistema socioeconómico global abierto (ver Figura 1.1): 

  • el Centro del sistema, donde impera el capitalismo neoliberal como práctica y la ortodoxia económica como pensamiento, y donde orbitan las nuevas economías dominantes o hegemónicas;
  • la Semiperiferia del sistema, un campo de fuerza emergente pero complementario al campo dominante, surgen las nuevas economías que buscan la transformación humanizadora del capitalismo y donde la necesidad de construir un pensamiento socioeconómico heterodoxo se impone;
  • Finalmente, como un campo de fuerza alternativo, en la Periferia del sistema surgen las alternativas socioeconómicas como emergencias disruptivas, transicionales o antisistémicas. 

Desde el pensamiento filosófico, el español Eugenio Trías (2006) nos propone un planteamiento similar y complementario a la sociología de Wallerstein. Normal o convencionalmente, sostiene Trías, creemos que el poder total se encuentra en el corazón del sistema, en su Centro, y por esa razón desestimamos los límites del mismo, sus márgenes, su periferia. Sin embargo, sostiene el filósofo, el Límite se recrea como poder (potencia y creación-recreación), pero no desde un poder del centro, sino para tener un desplazamiento hacia la periferia, hasta convertirse ésta en el centro de la apuesta filosófica. 

Así, la filosofía del Límite lo concibe como margen y periferia del mundo, puerta de acceso y salida del laberinto del mundo, cuyo obstáculo es siempre la estructura de dominación reproducida permanentemente como conjunción de servidumbre y dominio. Poder del centro que se reproduce como estructura de dominación, perpetuo obstáculo y reto a la verdad y libertad a que tiene derecho todo habitante de la frontera del mundo donde funda su comunidad más allá de relativismos y localismos. Y, desde este locus fundamental, filosófico y epistemológico, es decir, desde la periferia y las fronteras del sistema, el limes radical es desde donde se fundan los cambios. De manera paradójica, y dialógica también, el Limes se convierte en el centro de la trasformación del sistema y en la apuesta antisistémica como frontera abierta a otros mundos y posibilidades. 

En este sentido, el sistema capitalista actúa como un sistema abierto: inscrito en una dinámica general de continua transformación que permite su sobrevivencia, ello a pesar de la existencia de actores, dinámicas y procesos que pretenden hacerlo un sistema cerrado, como el pensamiento único o el regreso a la ortodoxia más banal. Incluso dentro de la ortodoxia dominante se generan emergencias, y no se diga desde las emergencias heterogéneas y las alternativas al sistema. Pero, además, se trata de un sistema complejo:


“La complejidad comienza desde que hay sistema, es decir, interrelaciones entre elementos diversos en una unidad que se vuelve unidad compleja (una y múltiple). La complejidad sistémica se manifiesta particularmente en el hecho de que el todo posee cualidades y propiedades que no se podrían encontrar a nivel de las partes tomadas aisladamente e, inversamente, en el hecho de que las partes poseen cualidades y propiedades que desaparecen bajo el efecto de los constreñimientos organizacionales del sistema” 

(Luengo, 2012, pp. 92-93).

Ahora bien, los subsistemas que sugerimos interactúan dentro sistema a través de procesos donde se impactan-influyen mutuamente (fuerzas): 

  • Atracción- repulsión
  • Expansión-contracción
  • Explosión-implosión
  • Conservación-transformación
  • Concentración-dispersión
  • Homogeneización-diversificación
  • Inclusión-exclusión

La forma como se expresan estas fuerzas podemos traducirlas en los siguientes procesos: mercantilización / desmercantilización, estatización / desestatización, socialización / des-socialización, significación / des-significación, sustentabilización / des-sustentabilización, localización / globalización, entre otros. Entendida como un entramado de procesos recursivos (el efecto genera una nueva causa), la economía genera un proceso de mayor mercantilización cuando al mismo tiempo se encuentra absorbiendo dinámicas de des-socialización o de desestatatización (ver Figura 1.2) 

Por supuesto, la recursividad se da también en dinámicas inversas (en la Figura 1.2 se muestra la recursividad de estos procesos). Edgar Morin, desde el pensamiento complejo y su advertencia sobre la necesidad de un cambio civilizatorio, nos advierte también sobre la existencia de otros procesos actuales no dicotómicos, sino dialógicos que deben llevarnos a una nueva Vía para la humanidad: globalización / desglobalización, crecimiento / decrecimiento, conservación / transformación, desarrollo / involución. De manera que la aplicación de los principios de la complejidad nos resulta necesario no sólo como una forma de análisis de los problemas sociales sino también para la construcción de sus urgentes alternativas (Morin, 2004).

Ahora bien, cada subsistema contiene nuevas economías -o por lo menos economías transformadas y actualizadas-, que se encuentran integradas en “campos de fuerza”. Hawking y Mlodinow (2010, pp. 104-105), en su famoso libro “El gran diseño”, nos explican en qué consisten:


“En la actualidad creemos que todas las
fuerzas son transmitidas por campos, de manera que es un concepto importante en la física moderna” (…) Por ejemplo, el campo electromagnético y su relación íntima y misteriosa entre la electricidad, el magnetismo y la luz”
(el resaltado es nuestro).

Hoy, reconocen los autores, las fuerzas conocidas de la naturaleza pueden ser divididas en cuatro clases (2010, pp. 119-120):

  • Gravedad, una fuerza de largo alcance y actúa de forma atractiva sobre todos los objetos del universo; 
  • Electromagnetismo, que es una fuerza de largo alcance y
    mucho más intensa que la gravedad, pero sólo actúa sobre partículas con carga eléctrica y es repulsiva entre cargas del mismo signo y atractiva entre cargas de signo opuesto; 
  • Fuerza nuclear débil, la cual produce la radioactividad, y 
  • Fuerza nuclear fuerte, que mantiene unidos los protones y neutrones y su integridad.

Como bien afirma Illya Prigogine (2017), el mejor ejemplo de un campo gravitatorio intenso son los hoyos negros, los cuales atraen irremisiblemente la materia.

De forma análoga, podemos suponer que las nuevas economías orbitan en torno a cada subsistema referido (Centro, Semiperiferia y Periferia del sistema):  se trata de pequeñas constelaciones económicas. Los campos de fuerza son múltiples y siempre entrelazados con interacciones diversas, pero en esta propuesta nos interesa concentrarnos en cuatro fundamentales: 

  • de los valores/antivalores (como marco axiológico), 
  • de la sustentabilidad/insustentabilidad ambiental, 
  • de la inclusión-exclusión social y 
  • de la innovación/conservación tecnológica.

Estos cuatro campos actúan con fuerzas atractivas o repulsivas, integradoras o desintegradoras, concentradoras o desconcentradoras, etc., por medio de las diversas formas y procesos, como las referidas líneas atrás. Son muchas las dinámicas que ejemplifican lo anterior, pero algunos ejemplos puedan ayudar a comprender estos procesos son las fuerzas de atracción-repulsión. Un primer caso, y muy actual, es la manera como las economías colaborativas privadas -insertas en la economía digital- se han aprovechado de las experiencias colaborativas solidarias de la gente común, desde el hospedaje colaborativo -reconvertido en megaempresas privadas tipo Airbnb- hasta el transporte colaborativo -Uber, Cabify y otras empresas son algunos ejemplos de esta atracción- o el trabajo colaborativo -Wikipedia es un buen ejemplo positivo de ello-. Acontece también que las alternativas emergentes pueden aprovechar, o lo están haciendo ya, las innovaciones tecnológicas provenientes del sector público o privado: casos como el mismo Wikipedia, el software libre o las aplicaciones telefónicas, así como múltiples herramientas y dispositivos tecnológicos. Otro ejemplo de atracción negativa es el de las monedas virtuales o digitales. Surgidas desde una opción anarquista frente al dinero oficial y las instituciones financieras y públicas, se han desviado hacia la especulación rabiosa, el lavado de dinero o la realización de transacciones criminales, en una perspectiva distópica o anarcocapitalista. Otro ejemplo de atracción y repulsión lo representa la bioeconomía. Concebida originalmente como una economía para la vida y, por tanto, alternativa y emergente, el concepto y sus prácticas fueron “secuestrados” -en un proceso de atracción privatizadora- por los diversos actores económicos privados como empresas productoras de semillas genéticamente modificadas hasta industrias farmacéuticas y de medicamentos, entre otros. Bancos de semillas y germoplasma con sus códigos genéticos, apropiación privada de plantas medicinales y del conocimiento ancestral sobre sus usos, son algunos ejemplos de ello. Por su parte, la bioeconomía auténtica toma distancia de estas empresas, las cuestiona, confronta y resiste, en un esfuerzo de repulsión de sus prácticas depredadoras.

Las posibilidades de que la periferia y sus emergencias económicas puedan convertirse en una simbiosis bio-psico-socio-ambiental -como nos propone Félix Wattari (1996) -y por tanto más allá de la posibilidad de convertirse en un nuevo centro del sistema actual, supone la conformación de un nuevo sistema. Para ello se requiere la articulación de las alternativas, una suerte de “sistemización” de ellas a la manera de Edgar Morin, donde el archipiélago de alternativas socioeconómicas se convierta en un continente nuevo o, dicho de otra forma metafórica, donde las alternativas que orbitan en la periferia del viejo sistema capitalista fugan hacia la constitución de un nuevo sistema planetario.

Por otra parte, hemos visto que la relación entre lo micro y macrosocial resulta de gran importancia en el análisis, explicación y comprensión de la sociedad. Bien podemos estudiar un fenómeno micro -por ejemplo, una cooperativa indígena o un tianguis solidario- pero su integración al conjunto de las economías solidarias puede resultarnos lejano. Como señalan Hawking y Mlodinow (2010, p. 78), establecer puentes entre lo micro (en su caso la microfísica o física cuántica) y lo macro (las leyes newtonianas) sigue siendo el gran reto de la física:


“(…) en la ciencia hay muchos ejemplos en que un conjunto grande parece comportarse característicamente de una manera muy diferente al de sus compañeros individuales (…) lo que sabemos es que los componentes de todos los objetos pertenecen las leyes de la física cuántica, y que las leyes newtonianas conforman una buena aproximación para describir el comportamiento de los objetos macroscópicos constituidos por dichos componentes cuánticos (…) la física cuántica es un nuevo modelo de la realidad”.

Desde la teoría del caos y sus leyes, en suma, desde la complejidad, Ilya Prigogine (2017, pág. 111), da un paso adelante: existen objetos que obedecen a las leyes clásicas deterministas o reversibles, como el movimiento planetario de dos cuerpos, pero son la excepción; la mayoría de los objetos a los que se aplica el segundo principio de la ley de la termodinámica constituyen la inmensa mayoría.  De manera que el universo forma un todo y la flecha del tiempo presente en la actualidad tiene un origen cosmológico. Irreversibilidad y complejidad tienen estrechos vínculos. Ya sean la química, la vida o el cerebro, es decir, a mayor complejidad, la flecha del tiempo y su papel constructivo se hace más evidente.

Esta relación compleja también resulta clave para Pablo González Casanova (2004) desde la perspectiva sociológica: es necesario contextualizar no solo los casos micro, sean locales o regionales, sino establecer las relaciones que permean su existencia haciendo referencia a sus contextos macro nacionales y globales.

Y este es el reto para nosotros. Como bien sostiene Fritjof Capra (1998) en su libro “La trama de la vida”, a lo que estamos llamados es a una comprensión del mundo, en este caso del mundo social, mediante un nuevo paradigma: la ecología profunda. De ahí que “la percepción desde la ecología profunda reconoce la interdependencia fundamental entre todos los fenómenos y el hecho de que, como individuos y como sociedades, estamos todos inmersos en (y finalmente dependientes de) los procesos cíclicos de la naturaleza”. Individuo y sociedad, micro y macro, partes y todo, no sólo están conectados, sino que son interdependientes al formar parte del gran entramado de la vida y de la naturaleza:

 “Cuanto más estudiamos los principales problemas de nuestro tiempo, más nos percatamos de que no pueden ser entendidos aisladamente. Se trata de problemas sistémicos, lo que significa que están interconectados y son interdependientes. Por ejemplo, sólo se podrá estabilizar la población del globo cuando la pobreza se reduzca planetariamente” (Capra, 2010, p. 26).

Kapra conjuga -sumergido en ese proceso de conjunción para comprender la vida y los problemas que la atañen- diversas ciencias y epistemologías: desde la filosofía oriental hasta la Ecología profunda, pasando por el pensamiento sistémico, la complejidad y las matemáticas, la naturaleza de la vida y la sociología. De manera que arma, entrelaza, entrama, teje, una propuesta de comprensión de la vida y sus sistemas: “La trama de la vida”.

Para ello hace acopio de diversos instrumentos conceptuales recogidos de manera paciente y atenta de diversos interlocutores como la teoría de los sistemas dinámicos, la teoría de la complejidad, la dinámica no-lineal o la dinámica de redes, etc. Los atractores caóticos, los fractales, las estructuras disipativas, la autoorganización y las redes autopoiésicas son algunos de sus conceptos clave. Y entre ellos destaca la emergencia, donde surge lo nuevo, como hemos visto atrás.

Volviendo a nuestro fenómeno de estudio, en la Tabla 1.2 hemos realizado una recuperación de las diversas nuevas economías referidas a sus respectivos subsistemas orbitales y los campos de fuerza. Desde el pensamiento complejo, la recursividad como principio juega aquí un papel fundamental cuando las emergencias actúan como productoras del producto en un circuito generador/regenerador, es decir, donde los productos y los efectos son, ellos mismos, productores y causales de lo que producen (Luengo, 2012, p. 99). De ahí sus posibilidades transformativas.

Se trata de un esfuerzo clarificador de tipo macro de esta multiplicidad de propuestas, de manera que podamos ubicarlas en torno a una especie de mapa integrador. 

Por otra parte, en la Tabla 1.3 se recogen algunos de los factores y variables que pensamos están incidiendo en las emergencias económicas de los diversos subsistemas: de la centralidad del mercado en la ortodoxia capitalista a la centralidad de la vida en la “alter bioeconomía sistémica”, pasando por la recuperación de la dinámica estadocéntrica en la heterodoxia capitalista y la centralidad sociocéntrica en las alternativas socioeconómicas. Nuevamente insistimos que las fronteras entre los distintos subsistemas son porosas y que se trata de tendencias predominantes, lo cual supone que pueden coexistir expresiones comunes de los factores-variables en cada subsistema.  Cabe destacar las distintas centralidades en cada uno. Este análisis tiene una mayor descripción en los capítulos siguientes.

 

[1] Jaime Preciado Coronado (2011), especialista mexicano en estudios de geopolítica crítica, distinguía las siguientes grandes tendencias: los Modelos Neoliberales Ortodoxos (Liberal Ortodoxo, Industrial Renano y el modelo de Regulación Gerencial), los Modelos Para-neoliberales (las Economías en Transición y el modelo de Semi-periferia Reestructurada) y los Modelos No Neoliberales (las Economías en Disputa y el modelo de Socialismo con Mercado).

[2] “La emergencia constituye uno de los elementos renovadores de las formas de organización de la materia, la vida, la cultura. El concepto de emergencia combina dos ideas: la de novedad cualitativa y la de su aparición en el transcurso de un proceso. Lo que emerge, su surgimiento, tiene lugar en un objeto (complejo); por ello se dice que todo emerge a partir de las interacciones o de los componentes del sistema y de su relación con el entorno” (Luengo, 2012, p. 92).

[3] “La metáfora, por tanto, más que la unión de dos dominios dados, es una invitación a observar una cosa en términos de otra. La metáfora propicia una focalización de la atención sobre determinadas propiedades del objeto metaforizado; destaca aspectos del mismo que podrían no haberse considerado antes; le da una forma nueva; lo hace aparecer con un talante distinto al que regularmente posee; lo convierte, en suma, en un objeto parcial o totalmente diferente” (Gutiérrez, 2019, p. 13).

[4] La dialógica “Es la unidad compleja entre distintas lógicas, entidades o instancias complementarias, concurrentes y antagónicas, que se alimentan entre sí, se complementan, pero también se oponen y combaten en un constante devenir, generador de procesos de transformación (…) En la dialógica, los antagonismos permanecen y son constitutivos de entidades o fenómenos complejos” (Luengo, 2012, p. 92).

Introducción

“Ha nacido una nueva modernidad: coincide con la «civilización del deseo» que se construyó durante la segunda mitad del siglo XX. Esta revolución es inseparable de las últimas orientaciones del capitalismo dedicado a la estimulación perpetua de la demanda, a la comercialización y la multiplicación infinita de las necesidades: el capitalismo de consumo ha ocupado el lugar de las economías de producción. En el curso de unos decenios, la sociedad opulenta ha trastocado los estilos de vida y las costumbres, ha puesto en marcha una nueva jerarquía de objetivos y una nueva forma de relacionarse con las cosas y con el tiempo, con uno mismo y con los demás”. 

 

Con estas palabras, Gilles Lipovetisky (2007, p. 7) nos introduce a la esfera del consumo como erróneo sinónimo de la felicidad en su famoso libro “La felicidad paradójica. Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo”. Un poco más adelante, en la misma presentación, nos advierte sobre el consumismo moderno: “la propia revolución del consumo ha sido revolucionada. Se ha puesto en marcha una nueva fase del capitalismo de consumo y es la sociedad de hiperconsumo” (2007, p. 8).

Esa es la paradoja de la felicidad, pensarnos como “consumidores sin límites” o “hiperconsumidores” en un mundo también hipermercantilizado, donde todo se encuentra a la venta, incluida la vida de las diversas especies incluido el homo sapiens. Y esta mercantilización extrema no es tan solo económica, sino que involucra también las dimensiones social, política, ambiental y cultural, poniendo de rodillas al planeta mismo y la viabilidad de su existencia como la conocemos. En suma, hablamos de una mercantilización de la vida misma.

En esta misma lógica reflexiva, para Byung-Chul Han (2016) el consumidor no es ciudadano. Compra lo que le gusta siguiendo sus inclinaciones individuales. La responsabilidad por la comunidad caracteriza al ciudadano. Pero el consumidor no tiene esa responsabilidad. Y eso se amplía el campo de la política, dado que dejamos de ser sujetos activos para pasar a ser simples consumidores en los mercados electorales (marketing, encuestas, electores como consumidores). En otras palabras, el capitalismo se ha convertido en una religión y un verdadero ídolo, y sus mercados y consumos en nuevas idolatrías[1].

No obstante, en contraposición a esta tendencia hipermercantil y consumista del norte global existen amplias franjas de la población del sur global que apenas sobrevive con niveles críticos de subconsumo[2]. Ello supone amplias desigualdades que van en los rangos del hiperconsumo para unos cuantos hasta el subconsumo para las grandes mayorías de la población del planeta.

Más que en la era geológica del Antropoceno, estamos viviendo en el Capitaloceno. En sus estudios sobre el origen, historia y crisis del capitalismo, Jason W. Moore (2016) afirma que la “era del capitalismo” ha llevado al planeta a sus límites. Y ello significa que no todos somos responsables del cambio y la crisis climática actual, al menos no al mismo grado: el 1% de la población ha causado el 50% de las consecuencias climáticas, mientras que el 50% lo ha hecho con apenas el 10%. De manera que el grado de responsabilidad importa.

En el mismo sentido, en el contexto de la fase neoliberal y globalizadora del capitalismo, Franz Hinkelammert y Henry Mora (2012), en su libro “Economía para la vida”, hacen una crítica radical a la economía capitalista y sus afanes por un “mercado total” o “mercado-mundo” con las graves consecuencias sociales y ambientales que genera, es decir, poniendo en riesgo o destruyendo de hecho la vida misma en el planeta:

“El carácter compulsivo de la competencia capitalista del mercado total (globalizado, totalizado) lleva tendencialmente a una situación en la cual ya no se puede vivir sino es participando en el proceso de destrucción de toda la vida en el planeta. Mercado y capital, que en su totalización arrasan con el planeta –con los seres humanos y con la naturaleza- aparecen ahora como la fuente de la vida. No se puede vivir sin ellos, aunque vivir con ellos signifique participar en la destrucción de las verdaderas fuentes de la producción de la riqueza, el ser humano y la naturaleza. Este es un paso más de la conversión de la vida humana en capital humano y de la naturaleza en capital natural.”

En palabras de Gilles Deleuze y Félix Guattari: “nos hemos convertido en máquinas deseantes, con lo cual el capitalismo esquizofrénico nos ha terminado convirtiendo a nosotros mismos en sujetos esquizofrénicos” (citados por Maldonado, s/f, p. 83). 

O como Víctor M. Toledo -biólogo social mexicano y experto en ecología política, conflictos ambientales y patrimonio biocultural- nos advierte sobre la necesidad de llevar el análisis hacia la nueva contradicción fundamental, ya no entre capital y el trabajo sino entre las prácticas políticas para la vida y las políticas de muerte con su tendencia hacia el colapso civilizatorio:

“Hoy cada vez es más necesario y adecuado hablar de ´políticas para la vida´ y ´políticas para la muerte´ (…) La depredación ecológica y la explotación del trabajo humano continúa conforme el capital corporativo doblega gobiernos de todo tipo para ponerlos a su servicio, dando lugar a lo que hemos denominado los ´hoyos negros de la modernidad´ (…) El conjunto de estas políticas para la muerte conducen a un colapso civilizatorio, como se analiza y discute con más intensidad y frecuencia en innumerables círculos (think tanks) del mundo”.

Por ello, sin que todo esté perdido y en un juego de tensiones competencia-cooperación, frente a este tsunami capitalista y neoliberal, nuevas apuestas se construyen buscando reencontrar el camino de una auténtica felicidad, bienestar o buen vivir: aquella que no sienta sus reales en el consumo desmedido y en la múltiple explotación de las personas, convertidas en individuos desciudadanizados y despojados de su subjetividad. De manera que el proceso capitalista neoliberal, caracterizado por el continuum general de producción-distribución-consumo y sus procesos complementarios[3], asume al mismo tiempo el de la transformación de los mercados bajo diversas formas y disfraces.  

Frente a lo anterior, surgen otros consumos emergentes todavía marginales, entre ellos el consumo ético, el consumo consciente, el consumo saludable, el consumo responsable, el consumo social y el consumo solidario.

De ahí que, ofreciendo su corazón desde los limes-fronteras-periferias del sistema, han venido surgiendo cada vez con mayor vigor diversas alternativas económicas -otras economías- que buscan dignificar la vida humana y del planeta en su conjunto, para llevarlas al centro, al corazón mismo de la sociedad, para transformarla. Entre ellas, conceptualmente -desde diversos enfoques científicos como la antropología económica, la economía política y crítica, la socioeconomía, la economía ecológica- se destacan: a. dentro del sistema-mundo capitalista que intentan humanizarlo, la Economía Social de Mercado, las Cadenas Globales de Valor, la Responsabilidad Social Empresarial o Corporativa, la Economía del Bien Común, la Economía Azul, la Economía Circular, el Ecosistema de Innovación Social y la Economía Colaborativa, las organizaciones TEAL-Evolutivas, la Economía Humanista y la Economía Dónut, entre las principales; b. pero también, más allá del marco del sistema del capital, otras concepciones socioeconómicas están siendo abordadas para intentar dar cuenta de innumerables experiencias alternativas, como las Economías orientales (budistas), la Economía Justa o con Justicia, las Economías Colaborativas Alternativas y el Cooperativismo de Plataforma, las Economías Propias o Comunitarias, las Economías Sociales y Solidarias (ECOSOL) y los Sistemas Tecnológicos Sociales (combinación de Tecnologías Abiertas y ECOSOL).

Más allá del fin de la historia, del pensamiento único y de los mercados capitalistas dominantes, la pluralidad de mercados existe -superando esos límites hiperconsumistas- y de ello dan cuenta las alternativas socioeconómicas. Dada la complejidad de la realidad social y sus diversas tendencias, pensamos que el pensamiento complejo de Edgar Morín y sus principios nos pueden ayudar a orientar la construcción de nuestro conocimiento, vinculando pensamiento-emociones-acción como un proceso articulado. En esta propuesta analítica, los aportes de la física moderna -tanto macro como micro- contribuyen también para este acercamiento: Fritjof Capra, Stephen Hawking e Illia Prigogine son algunos de nuestros referentes teóricos. Los estudios descoloniales y la ecología de saberes[4]  nos invitan a no quedar sujetos a las epistemologías y conocimientos científicos occidentales dominantes, sino abrir las ciencias, los conocimientos y saberes a los aportes que surgen desde otras perspectivas: el sur global, los pueblos originarios y campesinos, el saber popular, en suma, los saberes (razones-sentires-acciones) de los sujetos que experimentan las “alternativas solidarias al mercado”.

Las páginas siguientes buscan aclararnos este paisaje multiforme y colorido -un verdadero caleidoscopio- que enmarca la propuesta de investigación de la Unidad Académica Básica de Economía Solidaria y trabajo del CIFOVIS y cuyo enfoque se centra en las “Alternativas Solidarias Al Mercado”, particularmente en nuestro estado de Jalisco. Como acontece en la ecología de la acción[5], este principio del pensamiento complejo, la idea original de acercarnos a un estado de la cuestión sobre las alternativas al mercado desde las economías solidarias se fue transformando gradualmente y en la práctica en la deriva que se presenta. En otras palabras, la realidad nos fue obligando a ampliar o extender cada vez más nuestro esfuerzo, incorporando continuamente las economías emergentes en un entramado comprehensivo que nos ayudara a situar mejor dichas alternativas al mercado.

De manera esquemática, el documento está dividido en 2 partes. La primera y más extensa, da cuenta de las tendencias macro -mirada macroscópica- de las emergencias socioeconómicas recientes (capítulos 2-4). La segunda (capítulo 5), más breve y orientada desde la perspectiva micro para el estudio y análisis de casos -mirada microscópica-, busca aportar elementos sobre las alternativas al mercado y propone una serie de categorías analíticas con el fin de hacer visible lo invisible. El capítulo primero, por otra parte, establece el mapa de ruta que nos permita abordar las emergencias para la descripción de las tendencias macro. Finalmente, las reflexiones abiertas constituyen un esfuerzo para preguntarnos si la simbiosis de las alternativas socioeconómicas transformativas y sus mercados es posible y de qué manera.

 

[1] En términos de la sociología de las religiones, el teólogo y sacerdote católico jesuita Víctor Codina, en una recuperación de Lluís Duch, monje benedictino, afirma que “el capitalismo se ha convertido en la religión de hoy, la plenitud escatológica depende de la cartera y del consumo… Lo que se ha producido en Occidente es una estatización de la naturaleza y del cuerpo humano, y una mitificación de la técnica, la economía, los mass media, con tendencias idolátricas. La idolatría no es nunca un fenómeno del pasado (Codina, 2018).

[2] Cuando hablamos del Norte y Sur globales no nos estamos refiriendo a su ubicación geográfica en el planeta, sino a la existencia de realidades de riqueza-inclusión o de pobreza-exclusión en cualquier región del mundo. En este sentido, en la Unión Europea o los Estados Unidos conviven tanto el norte como el sur globales y, viceversa en otros continentes, donde nuestra América Latina no es la excepción.

[3] Nos referimos a las finanzas (ahorro y crédito), la inversión, la carga tributaria o fiscal, su relación con el medio ambiente, etc.

[4] Entre los autores descoloniales más representativos se encuentran Walter Mignolo, Enrique Dussel, Edgardo Lander y Aníbal Quijano. Desde la ecología de saberes y las epistemologías del sur, Boaventura de Sousa Santos es un referente obligado.

[5] Como señala Enrique Luengo (2011, p. 93) en su diccionario sobre complejidad, “Por el hecho de las múltiples interacciones y retroacciones en el medio donde se desarrolla, la acción, una vez desencadenada, escapa a menudo al control del actor, provoca efectos inesperados y, en ocasiones, incluso contrarios a los que esperaba. Primer principio: la acción depende no sólo de las interacciones del actor, sino también de las condiciones propias del medio en el que se desarrolla; segundo principio: los efectos a largo término de la acción son impredictibles. Una acción, por tanto, no se define sólo en relación a sus intenciones, sino, sobre todo, en relación a su deriva (Morin, Edgar, El método VI: ética, p. 230; Morin, Edgar, Ciencia con conciencia, p. 285)”.

 

Presentación

Cuando una idea se plantea como imposible pareciera ser el mejor momento para iniciar un cambio posible. 

Retomo la idea con la que Guillermo Díaz cierra este excelente recorrido por las diferentes opciones al mercado para hacer la presentación de este número de COMPLEXUS, en el que se puede leer la trayectoria, el vastísimo sustento teórico y la enorme experiencia que los académicos de la UAB de Economía Solidaria y Trabajo Digno del CIFOVIS han venido realizando a través de muchos años –y a pesar de tantos imposibles–, bajo una excelente coordinación y un impecable trabajo de equipo. 

La narrativa y la estructura de este número son realmente un disfrute y una invitación al conocimiento y al reconocimiento. En la primera parte se hace un recorrido por las grandes teorías y conceptos de la economía que, a manera de “personajes”, van siendo nombrados. Siempre en compañía de sus cualidades, del sustento conceptual que les da solidez, de los autores que los trabajan, de las escuelas a las que pertenecen, y de los valores que los distinguen, hasta sistematizarlos con una clara representación gráfica. Todo lo cual permite al lector identificar, diferenciar y adentrarse en las posibilidades y alternativas al mercado, con el claro objetivo de que nadie argumente no tener suficiente información para construirse una posición crítica.

La segunda parte no solo es evidencia del diálogo teórico mediante las experiencias locales, –que por sí mismas son un aporte al estado de la cuestión– sino que además refleja el resultado de tantos años de trabajo, expresados en distintos procesos formativos horizontales, proyectos de investigación en redes y vinculaciones que se han consolidado en proyectos alternativos para la vida.

Ante un texto como el que se presenta, que repasa a los grandes teóricos, que reconoce a las diferentes vertientes del pensamiento, que de manera objetiva plantea las principales características y contrastes de las propuestas económicas, y que aterriza en casos de mercados alternativos en nuestro contexto local, nadie puede ser indiferente en la construcción de una postura ante el panorama del capitalismo global y el deliberado y desaforado consumo en el que estamos insertos; por ello no será suficiente con asumir una postura política, sino que también será necesario construir una postura de consumo. 

Invito a la reflexión crítica que este COMPLEXUS provoca, para ser parte de una sociedad del mercado y del consumo más colaborativa, cooperativa y justa.

Sarah Obregón Davis